domingo, 29 de junio de 2014

EL LABERINTO OSCURO DE A.Z.C.A. / (Asociación Mixta de Compensación de la Manzana A de la Zona Comercial de la Avenida del Generalísimo)

Madrid, último tercio de los '60s. Acabo de ingresar al estudio de los arquitectos catalanes don Antonio Perpiñá Sebría y don Luis Iglesias Martí. Me han contratado como ayudante mientras convalido asignaturas para rematar la carrera. Acabo también de casarme, recibo quince días de vacaciones para cumplir con la luna de miel junto a mi reciente esposa madrileña. No hace más de un mes que me han contratado, y me asombra esta confianza laboral y económica con que me regalan.
En 1965 llegaba a Madrid con una beca del Instituto Argentino de Estudios Técnicos en el Extranjero (I.A.E.S.T.E), destinada en realidad a hacer prácticas pre titulación en la Empresa de Construcciones San Martín. Luego, dicha beca se alargó otro año para hacer lo mismo en Roma, Italia, en el enorme estudio ítalo americano del grupo Mc Gaufhy, Marshall y Mac Millan de Boston, con el encargo de reconstruir un hospital derribado por un reciente terremoto en la ciudad de Barce, Libia. Y ya, rápida y fácilmente, estaba de vuelta en Madrid, con empleo, casado, y dispuesto a integrarme en mi nueva "arquitectura" personal.
A finales de esos '60s me enviaron a formar parte del equipo técnico para el desarrollo del proyecto, ganador de un concurso internacional, el del Centro AZCA de Madrid. Estudio técnico formado por un grupo variopinto de personas, jóvenes arquitectos, aspirantes a serlo, delineantes, administrativos, etc. Todo concluiría con la presentación de una magna exposición en los salones de la EXCO situada en Nuevos Ministerios, y dependiente de Obras Públicas, Urbanismo y Vivienda.
La propuesta inicial de Antonio Perpiñá, arquitecto recibido en Cataluña en 1945, con una ya larga y meritoria carrera y ganador del mencionado concurso, estaba aún fresca y necesitaba de una primera cochura, aunque las bases programáticas y la localización de volúmenes, así como la estructuración urbanística estaban perfectamente determinados, con un orden matemático y espacial ordenador típico en las obras urbanas del mencionado arquitecto, que no por nada era hijo del afamado geógrafo de igual apellido.
Ahora, la alcaldesa Ana Botella parece decidida a volver a reordenar bajos, espacios, decoraciones e informaciones de centro ciudad secundario de espacio único, como fue pensado y diseñado, pero tratando de solucionar los problemas que el lento desarrollo, la mala gestión administrativa, y la voluntad limitada de los promotores terminaron por llevarlo a ese caos de comportamientos, diurno y peor nocturno ("Túneles, zonas oscuras y recovecos"), como un mal ejemplo de ciudad oscura y peligrosa, ampliando medidas de protección ambiental y limitación de algunos usos terciarios especialmente complicados, hasta llegar a acusar al ámbito dominado por ellos como de "Inseguridad subjetiva" con trascendencia "endémica".
El diseño máximo nunca fue abordado por el Plan Especial que le dio origen, se permitieron usos sin un adecuado diseño específico sobre cada una de las parcelas de reparto de la titularidad del suelo asignadas, salvo las de volumen, usos, y cierta coordinación de continuidad genérica para organizar la correspondencia espacial de esas más de 20 has. de superficie. Se generaron así muchas zonas, pasajes, enlaces y escaleras que acabaron siendo sólo de inter comunicación, sin usos controlados y controladores, oscuras, continuas, sobre todo en el frente de la calle Orense.
Es evidente que al menos este corredor bajo nivel e intermedio, longitudinal, entre la calle dicha y los grandes espacios interiores, hubiera necesitado de un Plan Especial o de Detalle, coordinador y de obligado diseño y usos concretos, para erradicar tal posibilidad.  Pero en aquellas épocas esto se dejaba al azar de cada proyecto específico, confiando en el antiguo "orden público".
Sí, hacia falta esta prometida reforma cosida con especiales medidas sobre usos y sus controles, pero lleva ya cinco años de demora, y más desde que se conocen todos los desmanes y peligros por los que uno se aventura si va por ahí, tarde y embriagado por algo, o alguien.
Terminamos los trabajos de ajuste, montamos la exposición que fue visitada por numeroso público, futuros inversores, propietarios de suelo, técnicos y personas en general. Todo ello fue apoyado por un estudio de movilidad e impacto realizado por un conocido y respetado especialista que nunca pudo ser cumplido, satisfecho, ni justificado. Ese magno espacio de multi diversidad insertado en medio de otro ha generado múltiples conflictos, en parte solucionados por ciertos cambios de uso originales (El Proyectado Palacio de la Ópera de Madrid se quedo en torre de oficinas de 50 plantas), y el acertado sistema de sótanos de servicios, aparcamientos múltiples conectados verticalmente, y calles de distribución y enlace de tráfico y cruce interior/exterior.
El arquitecto Antonio Perlina insistió en repetir el esquema en otros varios proyectos de ordenación de grandes manzanas, como por ejemplo la del antiguo Estadio Metropolitano del club Atlético de Madrid, al final de la avenida de Reina Victoria, Cuatro Caminos, donde los problemas no aparecieron evitando permitir zonas interiores de consumo y servicios, aunque sí están en la periferia, sobre todo vinculadas a la actividad universitaria y de empresas.
Yo seguí trabajando con ellos hasta finales de 1974, y siempre les estaré agradecido por sus enseñanzas técnicas y creativas, tanto en arquitectura como en urbanismo, así como por su estupenda calidad en el trato personal.

 Norberto Spagnuolo di Nunzio 

Diplomado en Ordenación del Territorio (ETSICCP)

Diseñador Urbano

Inner Architect (ETSAM/COD-DIM)

lunes, 17 de marzo de 2014

TEATRO TRIBUEÑE, y su "CASA DE BERNARDA (al) ALBA"

Como "Drama de mujeres en los pueblos de España", subtitula esta obra el propio Federico G. Lorca. El montaje que se presenta, sin embargo, parece transcurrir en una gran ciudad, quizás Sevilla, o mejor Granada, donde las bandas musicales callejeras, más propias de la primavera de Semana Santa que del verano que dice el autor, están paseando y repasando la calle con música de fondo, y quizás en demasía. A veces, tal acompañamiento encaja o viste una escena, pero en su mayoría sobra, distrae, porque otorga al drama que se cuece entre cuatro paredes otro aire más "joiso", o distraído. Todo esto confiere al montaje un aire felliniano entre marchitas dramatizadas y desgracias caricaturescas, lo que unido a ese decorado básico y permanente de santos cuasi desnudos colgados del espacio, completa el aire contradictorio entre represión y voluptuosidad contenida. Esos santos que también recuerdan la religiosidad rusa basada en "padrecitos" colgados en las paredes antes de la revolución.

Por ejemplo, uno de ellos aparece con disimulado rótulo debajo que, aunque no muy legible, sintetiza: "San Michael, y su espada vengadora", lo que evidentemente suena a otras intenciones. Son detalles que quizás adviertan, simbolicen, el espíritu de deseo que flota en la casa que, si embargo, decae en la expresividad y exhibición de las muchachas protagonistas, poco aliviadas de ropa y de expresión en gestos de referencia. 

Flota en el aire de la imaginería utilizada, tanto en el programa de mano como en el escenario, y en la composición formal del momento cumbre de algunas escenas, un aire entre renacentista y barroco que evidentemente ha servido de inspiración visual y carga atmosférica, en esas tonalidades oscuras con reflejos dorados. Baste con observar el programa, o esa exigua decoración del escenario a base de retratos de santos semidesnudos colgados con sus cuerpos en posiciones típicas del barroco o finales del renacimiento, muchos al estilo de El Greco, pero también del primerizo cubismo de Picasso, o las bañistas de Matisse. O remitirnos a las vestimentas que lucen la mayoría de las protagonistas, de buen diseño y confección, rescatadas de los modelos utilizados por las familias acomodadas del medio rural, hacia mediados y finales del siglo XIX. ¿Se subraya así la "antigüedad cultural y vivencial" de las habitantes de "la casa".

La idea de Lorca de que: "Estos tres actos tienen la intención de un documental fotográfico", parece quedar respetada y confirmada en las palabras de la dirección expuestas en el programa de mano. El autor crea ésta, su última obra, poco antes de su asesinato en 1936, dentro del grupo del llamado por él Teatro de Mujeres, en lo que podríamos incluir, por orden: "Bodas de Sangre", "Yerma", "Doña Rosita, la soltera, o el lenguaje de las flores", y ésta última que nos ocupa.

Al mismo tiempo, mientras Lorca recuerda y toma partido por la oculta vida de la mujer en un país machista, España vive el período de la 2ª República con terrible final en el alzamiento que da origen a la Guerra Civil. En ese corto período de tiempo que va del 14 de abril de 1931, y antecedentes, al 18 de julio de 1936, las mujeres españolas, básicamente urbanas, van a levantar la bandera de sus derechos como personas libres y van a luchas por llevarlas a la práctica, incluyendo el voto, la liberación sexual, el trabajo productivo, la actividad cultural, etc.

En la obra eso esta presente, de alguna manera, en los intentos rupturistas de todas la mujeres que acompañan y sufren a la Bernarda, pero que permanecen aún lastrados por la sola dedicación ansiada "al hombre", como única posibilidad escapatoria frente a la dictadura de la matriarca. Curioso es observar que Lorca define una amplia escala de edades entre sus protagonistas, como para hacer ver las variedades potenciales de la rebelión o el sometimiento. Aún así, los deseos de liberación subsisten hasta en las más longevas, como es el caso de Poncia, estupendamente encarnada por Chelo Vivares, con sus continuas contradicciones y protestas frente a la pétrea Bernarda.

La verdad es que la representación a la que nosotros, mi mujer y yo, asistimos el pasado domingo, nos dejó un poco fríos, ligeramente cansados, cosa que atribuimos al propio cansancio de las actrices luego de una sostenida acción representadora durante los inmediatos días anteriores. Y quizás porque el propio montaje juega, o cae, seducido por la dispersión, además sobrealimentada por músicas externas, folklore local, y "cuadros escénicos" cargados de referencias plásticas históricas.

La compañía Teatro Tribueñe lleva no demasiados años de sedimentación, aunque sí fructíferos, preocupada por representar el repertorio básico de los autores españoles más representativos del 98 y 27, como si quisiera insistir en las culpas históricas del pueblo y sus líderes. Aún no han querido o podido abordar un repertorio más contemporáneo, como si la Guerra Civil hubiera marcado un territorio difícil y necesario donde bucear en los comportamientos que la ocasionaron.

Por cierto, extraña un poco que, tanto en el propio programa de mano como en declaraciones similares aparecidas en diversos medios, la dirección del grupo insista en nombrar, elogiosamente, a "nuestras actrices", como encajando entre líneas, sin desearlo, que ellas no son suyas en su trabajo, que existe un hálito conductor de suprema instancia.

En definitiva, un buen espectáculo con esas contradicciones, pero sólidamente representado a pesar de ello.
 

Norberto Spagnuolo di Nunzio
(publicado en www.arteqdarte.blogspot.com)

 

domingo, 23 de febrero de 2014

“LA TRABAJADORA”: Último e interesante libro escrito por alguien que se parece a Elvira Navarro.

“Lo que hay en mi novela es un personaje basado en mí, pero no soy yo. Ni lo que he contado es exacto”

Elvira / Elisa traza un recorrido atemporal sobre un territorio desmadejado de su vida, en el borde desarticulado de la gran ciudad donde vive y comparte momentos y situaciones con necesarios personajes similares. Los mapas para guiarse en ese espacio doblemente lánguido no sirven. Los medicamentos ni los medicándoos tampoco. Sólo el transcurrir del tiempo deja posible la esperanza. Pero el tiempo no pasa, por pura repetición.
Los mapas aleatorios de Susana son ese reflejo, una metáfora. Elisa y Susana son aparentemente diferentes, pero en el fondo se comparten, como Dr. Jeckill y Mr. Hide. Por eso se quieren, por eso se enfrentan o se rechazan, y también se imitan. Ambas, como todos nosotros en iguales tiempos, buscan, esperan y padecen el desafecto laboral y otras circunstancias.
Recuerdo al personaje narrador de “La ciudad feliz”, anterior libro de la escritora, muchacha post adolescente que transita de su barrio a otro buscando transgredir las fronteras, encontrando a un ser asocial para comprenderlo y apoyarlo. Y “La Trabajadora” parece seguir deambulando por ese camino, por ese descubrimiento de espacios urbanos y personajes apartados, periféricos, de vidas complejas y destartaladas.
No me creo demasiado la forma de hablar de Susana cuando la historia comienza con su relato testimoniado por Elisa/Elvira. No caza con su descripción cultural que vamos poco a poco conociendo. Tampoco caza con su tamaño, sus ansias devoradoras, ni sus necesidades eróticas. Suena más a otra escritora hablando de lo suyo, como si fuera el alter ego de la narradora, quizás ese Dr. Jeckill. Las dos hablan muy parecido, con la diferencia en Susana de sus prisas ansiosas y locuras ordenadas. Elisa/Elvira lo confiesa en página 95: “Me obsesioné por dejar clara la manera en que estaba construido. Tuve miedo de la cercanía de mi voz, que había puesto entre paréntesis, con la del personaje de Susana al releerlo, especulé que no era fruto de una incapacidad, sino de una evidencia”
Tampoco suena a enano guerrero el que responde al aviso. ¿Qué sucede, son acaso todos ellos educados en la UNI, de buena o media familia? Por eso pienso que la Elisa es la más natural de todos ellos, verdadera como personaje, verdadera como narradora. Nos enteramos al final del libro, cuando se va confesando en finales con el psico que la atiende.
La narradora/escritora nos despista con algunos errores geográficos, calles que no existen –al menos en mis guías madrileñas-. O, por ejemplo, desde la supuesta buhardilla que ocupaba Susana cuando buscaba el amor oscuro, antes de alquilarse en lo de Elisa, no se ven los paisajes que se describen. En casi similar lugar y buhardilla residió, pocos años, una amiga exilada argentina. Ni ella, ni mi mujer, ni yo, éramos capaces de ver nada más allá de los techos vecinos.
 
Las dos buscan algo que suceda, aunque sucedan pequeñeces, así que parece que ambas no consiguen que acontezca algo más interesante, y así la narración, al principio, se mueve sobre la monotonía intemporal, repetida.
Lo más destacable de esta historia es, sin embargo, la forma en la que está descrita, dibujando la ambigüedad vital de la inquilina, su inquietud, sus necesarias costumbres y dependencias, que terminan por transmitirse a la propia casera.
Todo se enlaza en la sucesión de diversos temas que imprimen la vida de estas dos muchachas: El trabajo, los gastos necesarios para mantenerse, la vida de esa inquilina, la autocrítica de la protagonista/narradora. Todo suena a normal, pero siempre atado por la pulcritud ortográfica y la excelente redacción del texto. Se denota a través de ello inquietud, aceleración, disgusto vital. Gran parte del relato que hace la narradora/protagonista son las propias vivencias de la autora. Su valentía en los recorridos nocturnos –ex cárcel de Carabanchel, y los desconocidos rincones del barrio-, lo que, insistimos, nos recuerda a aquella muchacha adolescente de ”La Ciudad Feliz”, incluidas las estrategias de algunos ensayistas para utilizar falsas referencias y cimentar teorías imposibles, aparte de que las descripciones geográficas sean excelentes. A veces, pareciera que la escritora mezclase datos madrileños con los de otros lugares por ella conocidos, así como de localizaciones residenciales populares:”Proyectos fracasados de vivienda social en unos reglamentarios kilómetros de la línea de costa”.
La calle, para Elvira Navarro, sigue siendo una metáfora, igual que en “La Ciudad Feliz”, un lugar donde se pueda vivir y completar/entender a los otros. De allí o hacia allí, deriva su antigua costumbre de recorrer la ciudad, y estar así mejor fuera que dentro de casa.
Es probable que Elvira Navarro nos quiera argumenta que ha corregido tantos libros a cambio de poco, que ahora sigue corrigiendo afanosamente los textos de sus alumnos, o de otros libros por encargo, pero realmente parece desear que los libros los corrijan sus propios autores, y que esa sacrificada profesión desaparezca.
 
Norberto Spagnuolo di Nunzio
Alumno de Elvira Navarro / febrero de 2014
 
EPÍLOGO: Si yo fuera productor o director de cine no dudaría en tratar de conseguir los derechos de esta novela para hacer una buena película española. No sé si a la autora se le habrá ocurrido, y por eso ha plantado la confesión de Susana y la despistada escucha de Elisa al principio. Esa sola escena se lo merece. Claro que después  habría que saber contar el resto al mismo nivel, porque hay otras tantas de igual calidad. Pero el arranque, es el arranque.

www.arteqdarte.blogspot.com
 


miércoles, 16 de octubre de 2013

A EDUARDO MIGNOGNA, SIETE AÑOS DESPUÉS DE....

....su muerte, acaecida el 6 de octubre de 2006 en plena capacidad creadora, a punto de rodar la que sería su última película "LA SEÑAL", realizada en ausencia por su amigo, actor y colaborador Ricardo Darín con el apoyo de la viuda del escritor, Doña Graciela Aguirre.
Eduardo Mignogna era, fue, casi siempre, un tipo divertido, herencia de sus padres, y de la familia tronco de origen italiano procedente de la provincia centroitaliana de L'Aquila, región de los Abruzzos, país de Campobsaso, hace pocos años sacudida por un terrible terremoto cuyas heridas aún no han acabado de cicatrizar, y que, entre otras cosas, destruyó parcialmente la histórica fortaleza fundada por el duque de Alba, de donde se supone, deduce, que partió el apellido genérico de mi propia raíz paterna.
Por ahí andaba pues nuestro parentezco, consolidado luego en los ambientes inmigrantes de Buenos Aires, donde ya se sabe las familias se reunían, acudían a bailes, se conocían, y terminaban por anudar nuevas relaciones, matrimonios  incluídos.
Eduardo Mignogna fue un tipo muy seductor, quizás por ese carácter alegre heredado principalmente de sus padres, siempre cariñosos, divertidos, ocurrentes. Además era un tipo atractivo, bien formado, tarea que completó haciendo deportes en el mismo club donde yo asistía desde los cuatro años amparado en la figura de mi padre y junto a mi hermana mayor. Eduardo terminó por entrar en el equipo de infantiles de baloncesto junto conmigo, participando ambos durante años, hasta llegar a jugar como suplentes en el equipo de primera división, muy famoso y celebrado por aquél entonces, tanto que en el campeonato del mundo de baloncesto, celebrado en Buenos Aires, el equipo argentino estaba básicamente integrado por los jugadores del primer equipo de nuestro club, y llegó a ser el ganador del campeonato.
Eduardo era además un tipo vehemente sin exagerar en sus apasionamientos, recurriendo siempre a su capacidad de convencimiento, a su simpatía, y a su firmes maneras de sostener sus ideas y razonamientos, siempre muy claros y coherentes. Eso fue también gran parte de su calidad y condiciones de escritor de historias siempre sociales, y al principio además muy políticas, pero manteniendo el aire de su calidad humana en relación a los personajes que creaba.
Cuando andábamos por los iniciales veinte años, nos dimos a pergeñar de común acuerdo el viaje que nos traería a Europa, y particularmente, merced a una beca de prácticas en arquitectura que me otorgó un instituto privado argentino, sin saber ambos que tal viaje cambiaría para siempre nuestros dos destinos, y nos abriría de par en par las puertas de un mayor conocimiento sobre el mundo, la historia, y las gentes.
El ha sido siempre para mí un modelo que nunca pude imitar, salvo momentos pasajeros, dado que mi carácter siempre fue mucho más nebuloso aunque no trágico, más bien melancólico, pensativo, concentrado.
Han pasado siete años, y sigo deseando que estos recuerdos y su estar entre nosotros nunca me abandonen.

Norberto Spagnuolo di Nunzio

jueves, 3 de octubre de 2013

LA MIRADA DÚPLICE / Reflexiones machadianas


            ¿Verdad o fé, cúal nos hará libres? Parafraseando a Machado, una de las dos cuestiones nos helará el corazón. La cundalini, en tanto doble serpiente reptante, porta o conduce las dos energías enroscadas sobre la columna, la femenina y la masculina, el Yin y el Yan. ¿Somos dúplices, o simplemente duales? El rostro único partido, diverso, que se descubre en las fotos, en el espejo,  nos advierte de esta ambivalencia. ¿Y la mirada?

            Un divulgador de enseñanzas y saberes orientalistas habla de que también cada ojo mira, ve, con distintas motivaciones o necesidades, es decir con dos sentidos. El racional a través del ojo derecho, masculino, mirada fría y analítica, calculadora, prospectiva. El intuitivo por el ojo izquierdo, femenino, el del amor y lo sensible. ¿Pero no somos así para cada reacción? Es decir, ¿no estamos partidos, o conjuntados, en esas mitades duales que nos habitan en forma de cromosomas, células femeninas, las de mamá, y masculinas, las de papá, y que unas dominan a las otras o estan en mayor proporción por selección o definición natural de sexo? Dos necesidades, dos expresiones, dos configuraciones, dos formas de relacionarnos con el entorno y los otros, que deben coincidir, sumarse, complementarse, pero que normalmente se enfrentan, se oponen, y una domina a la otra. El amor y la razón.

            Dice el divulgador, nuestro sabio si quereis, que hay que usar, voluntariamente, la forma del amor, o al menos comenzar por ella. El sabio divulgador cree recordar, dice que dejó dicho Antonio Machado: "El ojo que tú ves / no es ojo porque te vea, / es ojo porque tú lo ves"

            Pero lo que de verdad dijo don Antonio, en sus conocidos Proverbios y Cantares, viene a  comenzar por: "Ojos que a la luz se abrieron / un día para, después, / ciegos tornar a la tierra / hartos de mirar sin ver". Y sigue una larga elaboración del concepto, de la idea, que el poeta va poco a poco ajustando en sucesivos trabajos. Por ejemplo, entre los dedicados a Ortega y Gasset (I), continuá el mensaje con: "El ojo que ves no es / ojo porque tú lo veas; / es ojo porque te ve". Aclarando, en los mismos Proverbios y Cantares (XXXVI): "No es el Yo fundamental / eso que busca el poeta / sino el Tú esencial". Para explayarse, en el XXXIX, con el tema de la mirada: "Busca en tu prójimo espejo; / pero no para afeitarte, / ni para tenirte el pelo" . Finalmente comprobamos que para Machado, en el Proverbio y Cantar XL: "Los ojos por qué suspiras, / sábelo bien, / los ojos en que te miras, / son ojos porque te ven". En Proverbios y Cantares LXXXV, aplica don Antonio un sabio consejo al respecto de todo lo que aquí apuntamos: " ¿Tú verdad? No, la Verdad, / y ven conmigo a buscarla, / la tuya guárdatela."

            De todo ello, de ese complejo y largo trabajar en la idea de la mirada, del ver y conmprender, del ver y entender, del ver y expresar, inferimos la posible confusión, mezcla de proverbios y cantares machadianos, no sólo del sabio divulgador, sino de casi todos nosotros en el recuerdo de estos versos y coplas que se hacen difícil de fijar en la memoria por su cambiante o variada expresión.

 

 

 

 

Levitando y apoyada en el coxis (variaciones higienistas)


      En Valdetorres, Maestrazgo alto, Teruel -triángulo del champurrado dicen los que aquí habitan- tengo sueños profundos y largos. Se repiten. Se refieren a necesidades de conseguir lo que quiero, de satisfacer el ego. Eso es lo que importa, triunfar en definitiva. Los sueños generan en mí una necesidad casi angustiosa de hacer el trabajo que me gusta, de que las cosas salgan bien, de proponer metas y objetivos, de dar rienda suelta a los sentidos. O sea, ensoñaciones del subconsciente que siempre se revela contra la cruda realidad, o contra la realidad que nos impone el consciente domesticado.

      La atención del pequeño hotel donde estamos es familiar. Julio me había explicado que el edificio era un antiguo palacete de algún noble o cortesano adinerado. Fachada de piedra con adornadas cornisas, grandes huecos y un exagerado escudo sobre el enorme portal, como para decir "aquí estamos nosotros, los tal y tal de cual". Las habitaciones son cómodas y dan a la pequeña plaza donde se sitúa el ayuntamiento. Desde ahí arrancan unas escaleras que se pierden hacia la parte alta del pueblo, aupado sobre una colina que domina el valle y volcado hacia el río que los separa. Hace calor. En el comedor te sirven comidas de menú popular con algunos platos regionales, pero justo el día que anuncian "ternasco" nos tenemos que ir. Las chicas que sirven son las hijas de los dueños, adolescentes con ganas de mirar por las ventanas y salir corriendo por la noche hacia el baile del primer pueblo. Ahora conversan con los mozos trabajadores que vienen a por el menú del día en pandilla. Ellas a ellos les piden que las lleven a bailar, o que por lo menos las saquen de allí, en coche, en moto, como sea y se ponen melosas. Además están los abuelos que también ayudan cuando las chicas desaparecen.

      Valdetorres es el aperitivo rupestre de nuestras vacaciones higienistas. Cosa de irse preparando, soltar las entendederas, relajarse. Termina bajando la empinada y prolongada cuesta que conduce a la orilla del mar, sin dejar de pasar por la increíble y mágica Morella. Ahora, ya en la primera noche de Los Madroños -Desierto de las Palmas, Oropesa del Mar- decido que lo de mi subconsciente alborotado debe ser culpa de esa larga negación de la satisfacción que me persigue últimamente en todos los aspectos, sobre todo trabajo y su rentabilidad moral, y las pulsiones sensibles, e intuyo que debo hacer más esfuerzos para que todo vaya saliendo según lo quiere él, mi subcon, y que tengo que conseguir todo lo que me proponga, no se vaya a cabrear y me vuelva tiriti. Como decía Julián, el dulce, amable y postrado santón de Riezu: quiero cosas, pero no hago lo posible ni tomo las decisiones suficientes para que se manifiesten.

      Pienso ahora que todo se debe a la pulsión inicial que me inculcó mi padre, ganar, ganar y ganar, y además follar; la ambivalencia entre la necesidad de ello y el paralelo temor a ello. Si las cosas se realizan hay que asumirlas, liderarlas, incluso volverse un poco cabrón para conseguir que se manifiesten o sigan funcionando.

      Estamos entre un desconcierto de edificios soltados en un espacio confuso y aparentemente desestructurado, como una aldea indígena en medio de la selva subtropical, o un pobladito de la pampa argentina. Las construcciones tienen ese aire de tapera o rancho a punto de ser arrasado por el malón de indios vengativos, salvajes  y furiosos, porque todo parece a medio hacer, sin terminar, con restos y abandono de cosas por doquier, chatarras, juegos de niños que fueron y a ellos entretuvieron, cultivos huertanos y mescolanza generalizada. Física edilicia de arquitectura vernácula o ecológica en busca del paraíso, con autoconstrucción desde la nada, sin mucho conocimiento, pocos o elementales recursos, p, y empiezas a ser más transparente que la luz de la luna llena. Por eso, en  noches como esas, todos descubren tus más recónditos secretos como si estuvieras tomando el sol con el cuero al aire, y después, en alguna postura de estiramiento y respiración, el alma se te dispara para arriba, mezclándose con el aire cargado de deshechos vitales abandonados y de sudores compartidos atravesados por suspiros quejumbrosos.

      Es entonces cuando alguien, quizás el más descargado que casi siempre resulta ser una mujer, comienza a despegarse de la tierra, a levitar tímidamente, aunque necesite aún apoyar el coxis sobre el suelo, como si se se tratara de la vuelta ancestral al primer apoyo. Le pregunto cómo lo hace, qué es lo que siente, pero ella se encoge de hombros y se sonríe. -No sé, no pienso en nada, sólo trato de ser feliz... Después nos explican que ése es un ejercicio de requilorio corporal, que andamos por la vida cotidiana con el cuerpo más desestructurado que una quiniela de tres resultados y así no hay subconsciente que descanse.

      Me lo creo, por eso me esfuerzo en repetir el ejercicio cuatro veces al día, pero  soy incapaz de levantar siquiera el culo o las pantorrillas del suelo. Al menos y mientras tanto, mi subconsciente ha dejado de pincharme con tanta parafernalia triunfadora. Como mucho ha comenzado a conformarse con satisfacer una visión que lo asalta ahora por las noches, terminar pegado al techo de la habitación, tal cómo sucedía en la película "Mary Poppins", cuando todos comienzan a reírse con las gracias y cuentos del viejo tío con  bigotes, y no pueden dejar de hacerlo.

      La risa te libera, ya lo dijo Humberto Eco recordando a los sabios de la antigüedad.
 

Verano 1998/1999

Norberto Spagnuolo
 

 

domingo, 29 de septiembre de 2013

"POR LOS OJOS DE RAQUEL MELLER": VISTOS POR LOS MÍOS.

En el Reina Victoria, Madrid, se ha estrenado en teatro comercial "Por los Ojos de Raquel Meller", obra que lleva algunos años en cartel en el teatro alternativo cuyo equipo le dió forma. En particular, es creación del múltiple HUGO PËREZ, factotum directivo del grupo junto a la Sra. Irina KOUBERSKAYA.
Hugo Pérez ha seleccionado canciones, diseñado o localizado el vestuario, definido el maquillaje y la expresividad, escrito y coordinado el argumento, y dirigido a los actores. El TEATRO TRIBUEÑE, amparado por la Fundación Argos, se creo hace unos pocos años, instalándose en el barrio de Manuel Becerra, junto al maravilloso parque de "La Fuente del Berro". El grupo de teatro, con sus dos directores al frente, comenzó siendo un apéndice del grupo de trabajo en la disciplina de Yoga Integral, comandado por el profesor Eduardo Carrera, activo impulsor de disciplinas y conocimientos varios sobre la historia, anhelos, y trabajos del hombre para avanzar en su desarrollo espiritual y emotivo. Todo esta carga positiva ha sido trasladada a los integrantes del teatro como base inicial de su formación, entendimiento y práctica de la experiencia teatral. Algunos miembros ya ejercían como profesionales, o de forma amateur, la disciplina teatral y/o actoral. Otros se han ido incorporando merced a ese paso previo en la práctica del Yoga, o por sus particulares dotes.
La obra "POR LOS OJOS DE RAQUEL MEYER" aporta mucho a la melancolía por la historia de la canción española, esa que competía con el tango para contar anhelos y desvelos de amores, unos femeninos, otros masculinos. Interesantes ambos por esa sociología de distintos desarraigos y soledades.
Vayan a verla, es buena y con calidad escénica e interpretativa digna de competir con el teatro más profesional. Pero no se crean todo lo que la propaganda comercial pueda contar al respecto de este nuevo montaje, como fábula más crecida, mejor decorada, más excelsamente vestida.
El tema es que la obra se mantuvo hasta ahora en los estrictos parámetros de un teatro alternativo, el del grupo Tribueñe en su propia Sala de la Fundación Argos. Dicho grupo incluye como raíz una larga práctica en el Yoga Integral, y en la última etapa, basada en experiencias amateurs anteriores, la introducción de ese pequeño y muy digno teatro alternativo con su propia sala y un grupo de actores inicialmente más amateurs que profesionales, aunque a estas alturas, luego decasi 8 años años de praxis teatral y taller de enseñanza, se pueda hablar de un grupo profesionalizado con experiencia y re-formación continua.
Sucede que al pasar por vez primera a montar una función comercial, "Por los ojos de Raquel Meller", aun con algunos años de hacerlo en el propio teatro Tribueñe con gran éxito minoritario, y sacarla luego a pasear por el país y el extranjero, recibir premios y críticas elogiosas, hacerlo ahora en una sala comercial con una trayectoria histórica variable, bajo la dirección/producción de un profesional clásico del Teatro comercial, como Juanjo Seoane, que se ha movido entre un teatro de calidad y repercusión cultural y un teatro comercial de cierta calidad, pueda que las características que cimentaron la fama alternativa de la obra puedan verse transformadas en una operación de mayor comercialidad, con pérdida de alguno de los valores derivados de un producto artesanal, minoritario de calidad. Es lógico. Un ejemplo muy claro al respecto lo encarna el complejo teatral de "La Abadía", que forma actores, directores y demás, les impulsa a llevar a cabo un montaje propio, y luego los catapulta a una carrera más comercial, si la ocasión lo acepta.
El paso a un teatro comercial puede ser para el grupo un empujón que merece la pena abordar, pero también el caer en algunas de las cesiones de carácter a que suelen dar lugar estos procesos por su propia envergadura y objetivos. Los resultados y ajustes del nuevo montaje nos darán las pistas para entenderlo.
Y otra referencia: No vayan a creer que aquí los homenajeados de éste estupendo producto son todos los que lo hacen, invención, producción, dirección y actores. Estos últimos no aparecen casi nunca en las alabanzas o reportajes de prensa nada más que en forma lateralizada. Lo cierto es que los actores aportan y mucho, sobre todo porque absorven las enseñanzas, trasladan las instrucciones, buscan construír un grupo homogéneo, asumen sinceramente que son parte de un todo, pero saben quizás que no la primera. Es decir, quizás la metáfora de la praxis yóguica sobre el aprendizaje se haya colado en su estructura corporativa: interés, aprendizaje, voluntad, aceptación, esfuerzo, contención.
Y, coincidentemente, habría que agregar que el propio Hugo Pérez, ante el estreno en dicha sala comercial con un montaje adaptado, ha declarado lo que puede leerse en el último número de EL PAÏS del viernes 20 de septiembre, "La semana de Madrid". Que no hay que tomarse lo que se cuenta en la obra al pié de la letra respecto a la vida de Raquel Meller, sino que: "más bien ofrece unos ambientes, un aliento femenino, un deambular poético por los hechos. A veces se da una pirueta, otras un trago amargo, los más una intuición acertada o un desengaño"  .
Copio esto, que puede derivarse de esa entrada de la obra en el circuito comercial, porque en la presentación inicial en la Sala Tribueñe, años ha, se comentaba por varios interlocutores y participantes, que la obra era una clara referencia a la vida, gestos, comportamientos y momentos de la vida de la artista. Claro que el mismo título de "Por los ojos de Raquel Meller" puede interpretarse como evocación del contexto referencial, el nicho ecológico existente, en relación a la propia cantante y su obra.
 
Norberto Spagnuolo / Publicado en Facebook
septiembre de 201