martes, 21 de agosto de 2007

ÁCAROS, ARÁCNIDOS, y BICHIS-CETTE SOIREÉ


(*)Traducido como "Bichos para esta velada", es homenaje homofónico a la Vichyssoise,
prodigiosa salsa francesa que se pronuncia biçisuás, y viene a ser una espesa sopa hecha
a base de puerros, cebollas, patatas, caldo de pollo y crema, que se sirve generalmente fría.
Pues bien, la sopa ecosistémica de polvo, pelusa y cabellos muertos donde los ácaros
se hacen fuertes, crecen, se reproducen, mueren dramàticamente, o se transmutan en otros,
mantiene un aspecto similar pero sin caldo. Es pues, salvando las distancias,
un entorno darwiniano, un ambiente primigenio en el sentido atribuido al supuesto
gran caldo donde se inicia la vida orgánica de este planeta.

Como cada vez que llegamos a nuestra casa deL barrio de Las Palomas, Covarrubias, ellos están allí, esperándonos, si bien rígidos, entumecidos, o simplemente difuntos. La soledad de una casa cerrada no depara mucha comida voladora, y menos trepadora. La casa parece entonces un museo de vida insectil detenida, vaya a saberse cuando. Si... ¿Qué han hecho mientras tanto, hasta ese preciso momento en que se quedaron paralizados por el frío o la inanición, sin nada que llevarse al espantoso aparato deglutiente? Esperar, esconderse, acechar, darse un garbeo, de vez en vez, por el sistema aéreo de trampas invisibles, y sorprender, ya casi sin fuerzas, a una última y desfallecida mosca, una agotada hormiga, o un escuálido cortapichas confundido. La postrera víctima antes de detenerse para siempre, como una muñequita bailarina sin cuerda, en medio del espacio solitario y enrarecido de la habitación, en el interior sofocado de un colchón, en la comisura de un cojín, o dentro del mullido relleno del sofá. Se refugian para estar calentitos, para trascender al oscuro frío o la soledad, para supervivir en suma, o simplemente para estar a cobijo, alertas y preparados, en duermevela, alertargados como osos hibernantes pero con la recóndita voluntad de sorprendernos en nuestra primera sentada.
-¡Ah, por fin un sillón. Cuánto tráfico en la carretera, estoy agotado! Decimos nosotros recién llegados, mientras ellos aprovechan para detectarnos y al menos darse ánimos: -¡Ya están aquí; atentos,¡todo revive! Murmullo agitado que seguramente salta de cojín en cojín, de rendija en rendija, y se extiende por el aire renovado de la casa, iniciando otra vez el repetido combate entre el hombre y su entorno salvaje. Bueno, al menos con el micro salvaje. Ya sabemos que desde la diminuta mota de polvo que flota por la casa nos acechan espectrales monstruos microscópicos que luchan por su supervivencia, se defienden de la nuestra, y aguardan la paulatina transformación de la materia para crecer, reproducirse y renacer en otro. Y que por las oscuras grietas del fraccionado cieloraso, entre los rincones algorítmicos de los muebles, o en la semipenumbra húmeda de los aparatos sanitarios, se agazapan cientos de patas y cuerpecillos aparentemente frágiles dispuestas a volver a corretear por las alturas o bajuras interiores, y dar el mordisco preciso en el preciso instante. ¡Son ellos...!
La inspección de la casa, el observatorio de insectos y acompañantes, es el primer acto de la renovada toma de posesión del hombre sobre su propiedad inmobiliaria abandonada temporalmente. Es, como si dijéramos en un suponer: -¡Hasta ahora habéis estado vosotros, pero de aquí en adelante, ya veréis...! Es el grito de guerra, el vía libre para la destrucción denodada del insecto casero que a pesar de todo pudo haber sobrevivido a la soledad y al frío. La persecución y caza, el ajusticiamiento del bicho perviviente no es tan fácil. Puede haberse hecho fuerte, esconderse, encontrar el mejor lugar, mantenerse calentito, no mostrarse sin ton ni son, aventar sospechas, como carterista maduro en el Metro. Esa primera noche es terrible y larga, plena de sorpresas y de sustos, tan estremecedora como si tratásemos con algún posible invasor humano oculto. Antes que nada hay que comprobar si esos aparentes cadáveres colgados por rincones y techos, acechantes tras muebles y aparatos, lo son realmente. Siempre hay alguno que sale escapando, pero su lentitud, entre adormilado y entumecido, lo pierde. Otros se desarman solos y caen en trocitos, o en polvo, y van a integrarse a la pelusilla que vaga en grupúsculos por la casa al menor golpe de aire. Quién sabe si allí acaban devorados por sus compinches invisibles, agradecidos por aquél maná caído del cielo, si reviven milagrosamente, o si acaban sirviendo como criatura de algún Dr. Frankenstein de turno. Pero otros...
Aquella noche éramos tres humanos cansados del viaje y antecedentes, pero dispuestos a eliminar a todos los monstruos pervivientes antes de retirarnos a dormir, y hacerlo con la angustiosa idea, muchas veces convertida en sueño, de que por debajo de la cama, o agazapado en el colchón, hay algún superviviente. Mi primo, el cineasta, era el más preocupado o interesado, aunque ignorase el alcance de aquella ceremonia previa, así como el tamaño y peligro de las alimañas que pudiesen pulular por la casa. El residía, reside, en Buenos Aires, y aunque ya conociera el país, el pueblo de Covarrubias, y la propia casa de Las Palomas por sus iniciales estancias, y posteriores exilios, era lógico que fuera ajeno a la situación, o al concreto procedimiento para ponerle remedio: ¡Acabar con el Bicho!, antes de que el Bicho se vengara de un picotazo, y que la sutil inyección de su ponzoña de microorganismo a la defensiva nos dejara ronchas en brazos, manos y piernas. Siempre ha sido un exagerado, le gusta redundar en los asuntos, ampliarlos, darles relieve. Cuestión de profesionalidad que permanece latente en la vida cotidiana, no por nada ha sido poeta, escritor, y publicista antes de dedicarse al cine y la televisión. Generalmente se toma estas cosas a broma, con grandilocuencia crítica, pero era evidente que en el fondo se le erizaba la piel, como a mí, como a Beatriz, mi mujer, o como a cualquiera de vosotros, tan sólo con oír o saber que aquellas bestiecillas nos espiaban desde la oscuridad.
Gran parte de la velada se nos fue en desinfectar las camas y colchones, repasar los techos y esquinas, los muebles y sus escondrijos habituales, escobillón y fregona en ristre, gorro de baño o ducha, gafas de nadar, máscara filtrante sobre boca y nariz. Nos habíamos dispersado por las habitaciones cual escuadrón bien organizado, y cada tanto podíamos escuchar el sordo golpe, o el suave raspado, de tales artefactos sobre la blanca superficie al temple, señal evidente de que uno de nosotros acababa de rematar a algún pequeño intruso sobreviviente de la hibernada.
De pronto se oyó un pequeño grito de mi mujer, seguido de una corta carrera y una aparente llamada de socorro: -¡Aquí, en el aseo! Algo debería estar ocurriendo, pues no era habitual en Beatriz tal comportamiento. Mi primo y yo acudimos rápidamente, y pudimos observar a mi mujer que, con expresión de temor, señalaba con el brazo derecho, mano y dedo índice correspondiente, todos perfectamente extendidos, hacia la parte trasera y cóncava del pedestal sobre el que apoya el lavabo. -¡Hay una araña así!, dijo ejemplificando con el espacio recortado entre los dedos pulgar e índice de su mano izquierda, mientras mantenía la otra señalando en la dirección del hallazgo. -¿Estás segura?, preguntamos Eduardo y yo al unísono, como no dando crédito a una existencia tan principal, y ciertamente preocupados porque se avecinaba la necesaria caza y destrucción de un ejemplar de ferocidad y costumbres desconocidas.
Hacía rato que habíamos entrado en el día siguiente, y aquello amenazaba con mantenernos en vela largo tiempo, quizás hasta la madrugada o su mañana. Mi primo dispuso, como buen director que era, que primero era pertrecharse con las armas más acordes: linterna, escobillón, palo, y periódico o revista enrollado. También decidió que previamente debíamos escanciar unos buenos tragos de pacharán navarro antes de acometer la difícil tarea, y así entonar el cuerpo de cazador, es decir el nuestro, como suele suceder en toda partida de caza que se precie. Mientras abordábamos tales prolegómenos haciendo turnos frente al lavabo, fuimos discurriendo cuál sería, llegado el momento, la estrategia a aplicar. ¿Hacia dónde saldría corriendo la araña? ¿Saltará, como sucede en la película Aracnofobia? ¿Cómo haremos para obligarla a abandonar su escondite? ¿Con fuego, con luz, dando golpes? La verdad es que todo esto lo planteaba Eduardo, mi primo, el cineasta, como si aquello fuera el ajuste de una escena sobre la que el guión no diera suficientes pistas, y con la que él pretendiera obtener el máximo provecho artístico, lucirse en definitiva, y conseguir un sonado éxito de público. Finalmente consideró que el escenario debía estar bien iluminado y, ante el temblequeo esclarecedor de la linterna, decidimos traer una lámpara velador del dormitorio, apuntándola directamente hacia los azulejos detrás del lavabo. -¡El reflejo la deslumbrará e intentará escabullirse!, dijo mi primo en un arrebato de positivismo cinematográfico. Pero transcurrió más de media hora sin que hubiese señales del peligroso ser, y decidimos cambiar la estrategia. Había que mover, agitar la lámpara, para que el arácnido se sintiera confundido y amenazado en su escondrijo, se decidiera a salir corriendo..., ¡y entonces....! La noche, la madrugada ya, seguía avanzando sobre nuestros fatigados cuerpos, pero quién era capaz de acostarse sabiendo que en la penumbra de la casa deambulaban seres diminutos -¡o mayúsculos!- dispuestos a abalanzarse sobre nosotros. La espera se hizo desespera, ya casi no comentábamos nada, ni éramos capaces de imaginar nuevas estrategias, con los cerebros embutidos en un creciente sopor mezcla de alcohol y duermevela desacostumbrada. Recostados sobre las paredes del pequeño aseo, poco a poco nos fuimos deslizando hacia abajo, hacia el frío suelo de gres, la cabeza gacha, los párpados pesados, el aparato locomotor desarticulado. Revivo ahora aquella escena como la de una sonora derrota por siteo invertido, a manos de un ejército invisible, quizás inexistente, tal vez inventado.
Alcance a oír a Beatriz, como si hablara sola y entre sueños, con la voz pastosa que retumbaba en mi cabeza perdida en otro sueño. -¡Seeescapaaaaa, pooorrraaallíii!, dijo de forma ininteligible nuestro director. Pero cuando casi todos conseguimos salir del aletargamiento, solo alguno pudo alcanzar a divisar un rápido cuerpecillo corriendo sobre extensas patas hacia uno de los dormitorios. -¡Y de pronto desapareció!, dijo mi mujer tras narrar la breve secuencia. -¿Y ahora qué hacemos?, dije yo, en el colmo de la desesperanza por no poder refugiarme en el sueño invasor. Sí, ¿y ahora qué?, fue la mutua pregunta no pronunciada mientras compartíamos una desolada mirada.
El cansancio, el sueño, la argumentación irónica de mi primo, dispuesto a rematar aquella película de género comedia que se había convertido en una de terror, decía casi balbuceando, nos llevó a intentar descansar sobre los butacones de orejeras de la salita, huyendo de los dormitorios sin preparar, y de unas camas donde, posiblemente, acababa de refugiarse la escapada araña del lavabo.
Habíamos caído rendidos, con un pesado sueño desarbolando nuestros cuerpos en posiciones diversas sobre los silenciosos butacones cuando, ignoro en que momento, a que alturas de esa madrugada, un grito unísono nos levantó a los tres: - ¡Algo me ha picado! La luz de la habitación, velozmente encendida por Beatriz, nos permitió contemplar unos prodigiosos ronchones en cada uno de nuestros brazos.

EPÍLOGO POST SCRIPTUM

Sé que algunos lectores de mis artículos supondrán que esta es una historia con segundas argumentaciones, enveses socio políticos criticones, etcétera. Pero lo cierto es que es tan ingenua y real como parece, y que sucedió de verdad en una casa del barrio de Las Palomas de la sin para Covarrubias. Que mi primo es tal cual, un cineasta argentino lleno de humor sutil, cariñoso y exagerado, autor, guionista y director conocido de series de televisión, así como de populares películas estrenadas en España, con premios, tanto del Festival de Cine de San Sebastián como los GOYA de la Academia de Cinematografía de España. Que mi mujer Beatriz, es mi mujer Celia Beatriz y, finalmente, que yo soy yo.
Las casas del barrio de Las Palomas, en la sin par Covarrubias, tienen eso. Algunos dicen que es porque mantienen su espacio de cubierta, entre el entramado de alisos que la soporta, y el cielorraso de cañizo que la oculta, ventilado por un importante agujero circular en el centro del parteaguas. Y que esa redonda boca, dicen algunos, fue puesta allí no sólo para cumplir con esa necesaria función, sino para dar cobijo a las palomas, las del título barrial, que deberían haber anidado en tales recintos como reserva alimentaria de aquella España hambrienta de los Poblados de Colonización, o Rurales, construidos por el Ministerio de la Gobernación, sección Yugos y Flechas.
Pues bien, queda claro entonces que el agujero en cuestión, si bien no ha servido, o no sirve ya, para el menester previsto, sí lo hace en cambio para el acceso, refugio, y reproducción de pajaritos diversos, así como de pequeñas alimañas necesitadas, entre las cuales, lagartijas, arañas, cortapichas, y demás "Bichis-cette soireé", encuentran un confortable "camerino" para descansar de sus andanzas cinematográficas por la casa, al tiempo que la pueblan de ruidillos y apariciones. Son los Fantasmas de la particular Opera a la que asistimos los urbanitas, cada vez que volvemos a nuestra rural segunda residencia como si tal cosa.



Norberto Spagnuolo di Nunzio
Otoño de 2005

WINDSOR: La caía de los Dioses


Nos enteramos ahora que el asunto de Babel, la primera torre rasca-cielos, no estaba bien contado. Resulta que Dios no castiga a los hombres con la confusión de sus lenguas por la osadía de querer alcanzar el reino de la sabiduría eterna. Por el contrario, Dios los acerca al cielo para que mezclen/intercambien sus lenguas, para encontrarse, conocerse, integrarse. La prueba reciente es que gracias al WINDSOR encendido hay un masivo desfilar de madrileños, extraterritoriales, inmigrantes pre y post legalizados, y extranjeros circunstanciales ante su humeante, ennegrecida y escultural “ruina inminente”, que dice el alcalde. Confluyen todos a rendir homenaje al dios rasca-cielos caído, ahora más hermoso que antes, convertido en maravilla observable, ejemplar legado simbólico. El WINDSOR resulta ahora más bonito y expresivo, más llamativo y admirable, que todos los similares edificios de Madrid puestos en fila india por riguroso orden de talla
No creo que sea el primero a quien se le ocurra, pero con tanta y multitudinaria adoración, opino que lo mejor sería conservarlo tal cual, como escultura-ruina, que ni comparar con el anodino, si bien correcta y mejor construido, WINDSOR de la última restauración. Yo propongo la consolidación de la ruina en escultura, que no se caiga ni lastime a nadie, que ya nos ha dado el susto suficiente, que nadie arriesgue su valiosa vida. Si existió la tecnología para construirlo, si existe para derruirlo, debe existir para dejarlo en lo que quedó, aunque atado y bien atado. Consolidar la ruina como escultura puede ser mucho más espectacular que un nuevo edificio bien planchado y peinado. A ello cabría agregar unos cuantos atractivos de parque temático que preexisten como don natural: algún fantasma ignoto de vez en cuando, unas luces misteriosas que se enciendan y apaguen, unos cuantos ruidos como de respiración agónica, que dijo alguien, unos sótanos truculentos y plenos de sorpresa.
Creo que al 2M(fuiss)12 le sentaría de maravilla, mejor que pasar los siete años previos al acontecimiento gallardo viendo, y sufriendo, demolición y nueva construcción sin saber lo que nos depara el futuro. El costo sería menor, todo el mundo se pasearía por allí, progresarían los negocios y comercios inducidos por la vorágine de visitantes, el mercado de la fotografía se incrementaría, las postales de Madrid se plagarían de aleccionadores monumentos a la cualidad contradictoria del hombre: ahora lo construyo, ahora no sé, no puedo, no quiero salvarlo. De vez en cuando propondría una visita de autoridades, y de esos arrojados muchachos de la inspección saliendo de las humeantes ruinas vestidos de bomberos astronautas. ¡Ellos sí que se merecen un monumento! ¿Por qué no éste? La belleza del rasca-cielos caído, quemado, derretido, churreteado, y sin embargo en pié. Daríamos una nueva pauta del carácter español, madrileño en particular. Expresionismo de claroscuro, sol y sombra: Goya, Gutiérrez Solana, Valle Inclán. En el mito de la torre de Babel, el impulso migratorio se expresa en el deseo de «llegar al cielo» para alcanzar el conocimiento de «otro mundo», distinto del conocido. ¡Pues eso!

Norberto Spagnuolo

UTOPIA: Irrenunciable Irrealidad


"La mayoría de las personas veraces y bondadosas que hoy en día se declaran partidarias
de la utopía creen estar defendiendo de hecho una sociedad más justa, más igualitaria,
más habitable y que, además --y esto es importante-- puede ser realmente realizable algún día
y en algún lugar, al menos de forma aproximativa, como aproximación a un ideal.
Si nos atenemos a la etimología de la palabra utopía, estas personas no son propiamente utopistas,
sino gentes con convicciones morales profundas e ideales morales alternativos que luchan
por una sociedad mejor. En cambio, la mayoría de las personas que se declaran contrarias
a la utopía suelen defender en nuestros medios de comunicación que vivimos en el menos malo
de los mundos existentes o en el mejor de los mundos posibles, y que en política no hay que
hacerse ilusiones inútiles. Por supuesto, estas personas no suelen entrar a discutir qué ilusiones
son útiles y cuáles inútiles. Por lo general tienden a creer que todas las ilusiones colectivas
son inútiles."

(El Viejo Topo. España, febrero del 2002. Edición para Internet) .


"UTOPIA: Irrenunciable irrealidad"

Madrid, Octubre de 2004
Norberto SPAGNUOLO di NUNZIO

Diseñador Urbano
Diplomado en Ordenación del Territorio
Miembro de FUNDICOT


Habito en Madrid en un barrio que fue proyectado y construido como una utopía, más allá de la realidad disponible entonces, ejercitable, permisible, al uso. Durante un tiempo, el que transcurrió de la dictadura a la democracia, gran parte de sus habitantes intentaron interpretar correctamente el guión teórico, rellenar de contenidos vitales su ideal estructura de papel, poner en marcha sus esquemas de pura metáfora democrática. Hoy en día, pocos de aquellos antiguos residentes recuerdan el texto íntegro. La mayoría de los nuevos sólo pretenden transitar por él brevemente, guiándose por un modelo propio, el que dictan las leyes del mercado. Los poderes públicos locales, teóricos detentadores de la memoria colectiva, ni siquiera saben interpretar lo que queda de las bases normativas, permitiendo su continua destrucción. A pesar de todo, detrás de su actual uso "tópico", subsisten sus diagramas "u-tópicos".
Para Xabier Laborda, de la Universidad de Murcia, "la ciudad es un escenario tópico de la utopía porque la utopía surge como proyecto de ciudad donde tenga cabida la diferencia radical. La utopía es un espacio, esencialmente el suyo propio, el ideal. Mas no por ello resulta formalmente incompatible con un lugar factual. Si bien el significado etimológico, además del escepticismo derivado de la experiencia, atestigua que la utopía no se halla en ningún sitio, pues es u-tópos o no lugar, ello se debe a que efectivamente posee un lugar privativo, que no está dispuesto en las tres dimensiones espaciales ni en un lugar del paisaje, sino en la doble dimensión de las ideas y de su historicidad. (...)"
Julio Verne, en sus obras de adelanto científico-humanista, trató de forma repetida el tema de la utopía urbana ligada a la idea de progreso o su rechazo, tanto en el apartado del hogar personal o familiar, el de ciertos héroes arquetípicos -por ejemplo el Capitán Nemo y su Nautilos- como en el de las nuevas ciudades. En su novela de 1879 "Los quinientos millones de la Begum", el autor describe el marco de ideas y la realización de dos ciudades a través del artilugio literario de otros tantos personajes, en este caso estereotipos culturales, que reciben una parte igual de esa fabulosa herencia.
Los protagonistas están encarnados en un francés y un alemán, cada uno con su tópica carga de características genéricas que a su vez producirán dos ideas diversas de ciudad: "la elegante, liberal y filantrópica manera francesa: France-Ville, y la tosca, tiránica, pero eficiente forma germánica: Stahlstadt" . Ambas propuestas sin embargo no están vinculadas a la idea de utopía tradicional, sino a la forma capitalista y su posibilidad de llevar a la práctica la propia utopía personal. Por supuesto, la construcción de ambas no se plantea en la "vieja Europa", sino en la tierra de promisión, la América de después de la Guerra de Secesión, donde tantas otras utopías y experimentos sociales reales se dieron cita por aquél entonces. France-Ville, por designio de su creador, será una moderna Hygeia, a la manera de la avanzada por J. Benjamin Papworth en 1827, e inspirada tanto en las ideas higienistas de Shelton, Kellogs, etc., como en la necesaria salubridad pública reclamada por entonces. Por el contrario, Stahlstadt es una ciudad factoría, con fábricas de acero y residencias para obreros, empleados y directivos, modelizada a partir del complejo Krupp de Essen. ("Casas de papel". Juan Calatrava, en Revista SILENO 6-La Casa. 1999, Madrid). Idea que nos recuerda además a la famosa "Cité Industrielle", de Antonio Garnier (1901-04), desarrollada después de que el flamante arquitecto intentara reconstruir, como ejercicio académico, el plano de "TURCULO", la ciudad de Cicerón. Poco tiempo antes, Ebenezer Howard luchaba por imponer las ideas sobre su Ciudad Jardín, siguiendo los principios proclamados por Bellamy, quien había "trazado un cuadro gráfico de toda la nación americana organizada según los principios del cooperativismo" (Sigfried Giedion, 1940)
La concepción de mi barrio como una propuesta más allá de los trillados y empobrecidos cauces del urbanismo de finales del franquismo no fue casual. Es cierto que, como dice Marcuse: "El concepto de utopía es un concepto histórico. Se refiere a los proyectos de transformación social que se consideran imposibles. ¿Por qué razones imposibles? En la corriente discusión de la utopía, la imposibilidad de realización del proyecto de una nueva sociedad se afirma, primero, porque los factores subjetivos y objetivos de una determinada situación social se oponen a la transformación; se habla entonces de inmadurez de la situación social. (...). Sin embargo existía entonces en España una soterrada voluntad de cambio social y político que alumbraba, de forma intermitente, la realidad, buscando nuevas fronteras y apuntando hacia la luz, hacia un horizonte despejado y prometedor. Ciudad de los Poetas no fue una propuesta aislada en el panorama de aquellos tiempos, tan sólo un escalón o un hito, quizás más amplio y elaborado, pero al que precedieron y continuaron otros.
En el trasfondo de aquella idea latía además una sólida formación profesional basada en el racionalismo, en las nuevas ideas de organización y planeamiento urbano heredadas de los CIAM y el GATEPAC, de las que los autores se sentían deudores. Pero también había una potente línea de pensamiento político, y unas vivencias personales y familiares que enlazaban a muchos de los profesionales de entonces con las ideas de la última República, en cuyo seno habian sido educados. Uno de los autores del Plan Parcial de Ciudad de los Poetas (Plan Regulador), Antonio Perpiñá Sebriá, catalán de nacimiento, había luchado en el frente del Ebro defendiendo a aquella, a la que se sentía vinculado además por tradición familiar. En 1936/39 era un adolescente con menos de 18 años. En 1945 se convirtió en uno de los arquitectos urbanistas más prometedores de su generación. En 1963, junto a su socio, Luis Iglesias Martí, también catalán aunque diez años menor, plasmó sus sedimentados ideales en las líneas directrices de Ciudad de los Poetas, prácticamente un "barrio" de casi 6.000 viviendas y más de 25.000 habitantes. Tantos como los que, por ese entonces, poblaban a Soria y Guadalajara, empobrecidas ciudades de la meseta castellana.
En la Memoria del Plan de la Ciudad de los Poetas, donde se reflejan las condiciones urbanísticas principales, se puede leer una descripción de las ideas básicas sobre la estructura urbana:
- "Dotación de una red viaria adaptada a la topografía y enlazada a la red de calles perimetrales actualmente existentes.
- Organización de un sistema urbanístico mediante Unidades Vecinales completas, alrededor de los centros de Primera Enseñanza y Parvularios.
- Separación de la circulación de la Red de Tráfico Rodado con la Red de Peatones.
- Dotación de un sistema fundamental de Zonas Verdes que enlacen las distintas unidades vecinales con el Centro Cívico y Comercial.
- Organización de núcleos de edificación en ordenación de Bloque Abierto, formando a su vez una serie de recintos en forma de plazas y calles de poca longitud destinadas totalmente a ser pavimentadas.
- Dotación de todos los servicios públicos correspondientes al barrio."
Y más adelante, la argumentación sobre el concepto urbano aglutinante:
"Por esto se ha entendido que el crisol de cada una de las Unidades Vecinales es la Escuela. El alcance del edificio escolar ha de ser mucho más profundo que lo que hasta aquí se ha considerado en esta clase de edificios. La escuela permanece cerrada a partir de las cinco o seis de la tarde en los días de trabajo, así como todo los días festivos y en épocas de vacaciones. Los campos (deportivos) escolares son utilizados únicamente en los momentos de recreo en período escolar, y lo mismo ocurre con el Salón de Actos y la posible Biblioteca de que disponga la escuela. La vida comunitaria exige, por otra parte, la creación de un centro social y cultural, a la vez recreativo y Sala de Reunión que polarice las diversas unidades vecinales. Este concepto exige la creación de un edificio complejo que sea de por sí el elemento aglutinante de la verdadera vida social de la unidad vecinal." (Antonio Perpiñá y Luis Iglesias Martí. Memoria del Plan Parcial Ciudad de los Poetas. 1963. Pgs. 4 y 5)
En definitiva, una micro ciudad madrileña organizada en torno a los centros de formación, cultura y solidaridad social, algo que se creía entonces de difícil o imposible satisfacción, y se oponía frontalmente a la trama normal, organizada y cotidiana de la sociedad. Algo inicialmente utópico que los iniciales habitantes trataron de hacer realidad.
Marcuse insiste: "En segundo lugar, el proyecto de una transformación social se puede considerar irrealizable porque esté en contradicción con determinadas leyes científicas comprobadas, leyes biológicas, o físicas, etc. (...). Creo que sólo podemos hablar de Utopía en este segundo sentido, o sea, cuando un proyecto de transformación social entra realmente en contradicción con leyes científicas comprobables y comprobadas. Sólo un proyecto así es utópico en sentido estricto, o sea, extrahistórico." (Herbert Marcuse. Op. cit.) Aunque sabemos, por la experiencia de la historia del pensamiento, y el propio desarrollo evolutivo de la humanidad, que muchas de las leyes científicas establecidas pueden acabar siendo reemplazadas por otras.
Se conocen, o existe constancia literaria abundante, de variadas -algunas famosas- propuestas de sociedades y ciudades ideales, utópicas. Proposiciones que hombres justos, pensadores ilustres, filósofos reconocidos, matemáticos sagaces, hombres iluminados, o pujantes colectivos sociales, han visualizado para acercar la vida del hombre hacia una sociedad más justa, igualitaria o simplemente ordenada, en el tiempo y en el espacio. De "La República", de Platón, al "News from Nowhere" de William Morris, encontramos entre otras: Utopía de Tomás Moro, La Cittá del Sole, de Tomaso Campanella, New Atlantis, de Francis Bacon, The Commonwealth of Oceana, de J. Harrington, Telémaque, de Fenelon, que fueron lenta y espaciadamente desgranándose hacia las propuestas para el "hombre nuevo", el de la revolución industrial, el del proletarismo y la solidaridad internacional, que alumbró gran parte del urbanismo internacional del siglo pasado hasta la dilución del anarquismo, la caída de la Unión Soviética, o la consecuente entrada en pérdida de la llamada Sociedad del Bienestar de las burguesías occidentales.
Y qué decir de las ideales ciudades imaginadas y propuestas por el naciente urbanismo moderno, precedidas por revoluciones, cambios de régimen político, ideas sociales y de regeneración desde los siglos XVIII y XIX, una vez asumidos los postulados del golpe final de la Revolución Burguesa encabezada por la Inglaterra de Cromwell, la Francia del XVIII, y contagiados en la América del Norte, colonia de colonias, cuna hereditaria de tantas utopías sobre el papel y también sobre la tierra. Se habla incluso de la utopía de las Misiones en la América cristiana, la que encabezaron Fray Bartolomé de las Casas, la Orden de los Jesuitas, etc., mucho antes, allá por el siglo XVI. Y algunos incluso arriman el ascua hasta las propias Leyes de Indias, prodigioso manual para la conquista, organización y saqueo de la América Hispánica.
Una investigación sobre las diversas teorías y posibilidades de concreción satisfactoria de la forma urbana, realizada en España a finales de los años sesenta por un equipo -y pareja- de arquitectos argentinos, Jorge Sarquis y Eulalia Marques, y publicada por el ministerio del ramo, analiza, entre otros, y tal que modelo urbano de respuesta, a esa misma Ciudad de los Poetas de 1963, a la que considera como una de las propuestas que más cumple con una lista integrada de requerimientos. La lista, que se ofrecía entonces como "Requisitos o determinantes fundamentales en los esquemas de funcionamiento de una urbanización", se apoyaba en estudios de Chermayef y Alexander. Sobre un total de treinta y tres especificaciones, aparecen las diez siguientes vinculadas de forma preferente al mundo infantil, o a las prácticas derivadas del mismo en el uso del espacio exterior. Todas se indican con su posición jerárquica original en dicho Estudio: ("Análisis de las Metodologías del Diseño." MOPU. Madrid. 1972)
3º ) Espacio común para el descanso, la conversación, juego y vigilancia de los niños.
7º ) Separación de niños y ancianos con respecto a los vehículos.
8º ) Separación entre peatones y vehículos en movimiento.
10º ) Límites claros entre el dominio semi privado y el público.
14º ) Circulación de peatones sin discontinuidades peligrosas o confusas de nivel o dirección.
15º ) Areas seguras y placenteras para efectuar paseos a pié o en vehículos rodados (excepción del automóvil)
17º ) Un complejo nuevo en una zona ya edificada no debe trastornar o destruir el patrón urbano ya establecido.
18º ) La disposición de bloques o viviendas debe generar espacios variados y a escala humana, sin caer ni el caos ni la monotonía.
32º ) El planteo general de circulación de vehículos debe ser claro, de fácil comprensión, con la mínima cantidad de puntos de conflicto.
33º ) El emplazamiento de viviendas, circulaciones y zonas comunes debe hacerse observando atentamente las condiciones de clima, orientación, topografía, etc.
La UTOPÍA ha sido definida por Martín Buber como "La visión de lo justo en un tiempo perfecto". Es decir, algo fuera del lugar y del tiempo, ucrónico y anacrónico. Hoy podríamos decir que "virtual", o "factual", algo que puede llegar a ser, pero que no va siendo. Es, por tanto, la aspiración a un estado ideal, de lugar, de estructura, de la condición humana y su organización; algo tendencialmente realizable que no acaba de ser un absoluto. Por eso la Realidad Urbana siempre oculta signos difusos de distintas y sucesivas utopías que sólo algunos iluminados descubren o consiguen interpretar, como si fuera, y lo es, un legado mistérico difícil de re-conocer.
En relación a ello, Ciudad de los Poetas aportó además algo que más tarde fue corroborado como positivo por diversos estudios de antropología y topología aplicados al aprendizaje urbano de niños y adolescentes. El espacio peatonal seguro, de juegos y movilidad primaria amplia, de reconocimiento del entorno urbano y satisfacción de necesidades básicas, así como la fragmentación escalar de los volúmenes construidos y de los espacios libres. También aportó en relación a ello la trama laberíntica pero reconocible, rastro inspirado de las ciudades medievales y musulmanas, y con ello la riqueza, fantasía, el misterio y el escenario diverso propios de aquellas, que enriquecen la imaginación, el juego, la actividad neuronal y motriz, la sensación de protagonismo. O quizá porque como dice Pérez de Carrera: "El arte arquitectónico siempre se relacionó con formas y lugares (teatro) donde podía pasar algo sorprendente, donde iban a producirse transformaciones inesperadas. Para ello se utilizaron espacios que lo propiciaron. Espacios construidos a base de materiales especiales que ya atesoraban características adecuadas a los efectos que se pretendían..." ("49 respuestas a la aventura del pensamiento." Tomo 1-14.15. Fundación Argos. Madrid, 2004)
Quizás por eso, otro profesional argentino volvió a re-interpretar, años más tarde, a pesar de su progresivo deterioro, la valía argumental aún latente en Ciudad de los Poetas, singular "escenario vital", y trató de re-transmitirlo a sus alumnos de dos continentes. Jorge A. Togneri de Micheli, arquitecto e investigador, hoy ya fallecido, en su tiempo Profesor, Catedrático, e Investigador en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de La Plata, así como titular conjunto de una Cátedra de Doctorado en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid ("Como aprender, cómo enseñar. Introducción a una didáctica de la Arquitectura. 1992/96), describió en un artículo destinado a sus grupos de trabajo algunos de los efectos de la desaceleración o pérdida de la llamada "Utopía Saconiana": "Los espacios exteriores estaban clasificados como lugares privados de uso público. Privados lo eran, puesto que todo debe pertenecer a alguien en este mundo, y los escribanos (notarios) redactaron los títulos de propiedad de cada vivienda ampliándolos a ciertas partes no cubiertas. Pero la intención del promotor, de los arquitectos, y de los primitivos habitantes eran que fueran de uso público.
El Barrio fue cambiando de ocupantes. Sus excelentes espacios hicieron que se valorizara. Los ocupantes nuevos no pensaban como los primitivos. Los tiempos habían cambiado también, y la balanza hoy se inclina hacia el sector de los privilegios, de la propiedad privada, del individualismo y de la competencia. Entonces se desempolvaron los títulos de propiedad, y los bellos espacios continuos exteriores pasaron, en parte y por ahora, a ser preferentemente espacios privados. Propiedad privada inviolable.
Así empezó a morir de tristeza el Barrio de los Poetas. entre las alambradas, las verjas y los candados - que se ven en las fotografías- casi nunca hay nadie. Ahora se ven jaulas para "monos" en sitios que fueron concebidos como lugares para que transcurriera la vida. La propiedad privada ha triunfado una vez más sobre la concepción social. Los hechos están a la vista."
Pero el autor, dirigiéndose a los alumnos, concluía el artículo con un reclamo hacia la esperanza, hacia el cumplimiento de la Utopía:
"(.......) Este trabajo es también, como hemos visto, un instrumento para el aprendizaje. Todo debe servir para que en algún momento, en las ciudades, haya más espacios sociales que estén al servicio de la vida de toda la gente."
Jorge A. Togneri, fue también capaz de sintetizar para sus alumnos, y tras una visita a Granada, que es lo que nos influye cuando recorremos un espacio urbano sensible: "Agua que corre, voy a contarte de la Alambra, de lo que me pasó en Granada. Sé que voy a mezclar cosas y tiempos. Este relato ya pasó varias veces por mi cabeza y por mi piel. (....) Y también que algún otro, no sé bien quién, repetirá desde su punto de vista estas mismas palabras al comprobar cómo el proceso que tiene lugar en la mente se entrelaza con el que tiene lugar en el cuerpo. Se trata de esa columnita que en nuestros gráficos intenta representar la presencia de los afectos, de las relaciones humanas que tienen lugar a partir de la construcción de los objetos." (Madrid, 18/04/93)
Quizás por eso, para el referido Pérez de Carrera, "El arte no se casa con el poder porque atraviesa el espacio que envuelve el modelo creado, y por ello los esquemas establecidos sellan la boca de los poetas y ponen guantes de hierro en sus manos, o los matan. Pero todos debieran entender que el arte es el testimonio de un universo desconocido que hace vislumbrar, desde las capacidades conquistadas, algo que nos alienta en la insumisión, que nos distancia de la adoración de la rutina cuando un escalofrío recorre las entrañas de la materia hacia la esquina del tiempo. El artista sabe que todo espacio debe ser asumido, pero nunca conquistado." (Op. Cit. 14.27)
Algo que poco se contradice con lo que en su tiempo apostilló Marcuse en el libro anteriormente citado, tomando como referencia una deseable perspectiva del marxismo: "El marxismo ha de asumir el riesgo de definir la libertad de tal modo que se haga consciente y se perciba como algo que en ningún lugar subsiste aún ni ha subsistido. Y precisamente porque las posibilidades llamadas utópicas no son en absoluto utópicas, sino negación histórico-social determinada de lo existente. La toma de consciencia de esas posibilidades, y la toma de consciencia de las fuerzas que las impiden y las niegan, exigen de nosotros una oposición muy realista, muy pragmática. Una oposición libre de toda ilusión, pero también de todo derrotismo, el cual traiciona ya por su mera existencia las posibilidades de la libertad en beneficio de lo existente". ("El final de la Utopía". Herbert Marcuse. Ediciones Ariel. Barcelona. 1968)
Al menos, eso parecía posible y verificable hasta hace poco. La nueva sociedad y ciudad del consumo, del mercado y del marketing feroz, lo está haciendo cada vez más difícil, al menos de cara al futuro. ¿Qué poder político, qué promotor o constructor, qué capital financiero, o qué técnico responsable englobados todos en el llamado Bloque Inmobiliario Profesional piensa ahora en términos de utopía la realidad construíble? ¿Hay algo colectivo que ofrecer al consumidor más allá de lo puramente material? Desde la Segunda Guerra Mundial y la ideología de la reconstrucción puesta en marcha -más humanidad, más solidaridad, más democracia- y cada vez que la naciente "sociedad global" sucumbía en sus propias catástrofes, las profecías utópicas de lo urbano han caído en desgracia, al menos desde los estandartes otrora levantados por la actual cultura dominante.
Que "otro mundo, otra ciudad son posibles", como no se cansan de pregonar los componentes del colectivo ATTAC (Organización NO gubernamental ACCION por una TASA TOBIN de AYUDA a los CIUDADANOS), es evidente. Los principios que inspiran a esta organización abierta - que se extiende paulatinamente por el mundo occidental- democracia como forma de participación, respeto a la libertad de conciencia, pensamiento y expresión, lIbertad de discusión, debate permanente de las ideas como instrumento de formación, representación integrada de la junta rectora, respeto al carácter plurilinguístico, etc., se ponen al servicio de lo que en su momento fijaron como alternativa al desarrollo capitalista global la Conferencia de Estocolmo en 1972, la Cumbre de Río de Janeiro, de 1992, y el Protocolo de la Agenda 21, Local. Había que cambiar el modelo de desarrollo hacia la equiparación en importancia de la equidad social, la salud ambiental, y el crecimiento económico, modelo alternativo que fue bautizado como de "desarrollo sostenible". Los planteamientos de la Agenda 21, Local, capítulo 28, acerca las soluciones a los problemas concretos del territorio inmediato con temas como la lucha contra la pobreza, la protección de la salud humana, la conservación de la biodiversidad, o el fomento de la participación de la juventud y de la mujer en ese "desarrollo sostenible". En apartados concretos relacionados con lo Social aplicado al urbanismo, se apuesta por unas mejores calidades ambientales y del hábitat bajo el principio de garantizar la igualdad de derechos para todas y todos. Mayor atención a los equipamientos públicos en cantidad, calidad y accesibilidad, atención también al espacio público como tal, y no como residuo o sobrante del privado, procurando la adecuada amplitud y distribución de zonas verdes, parques, y plazas, tal que lugares de sociabilidad y comunicación de la población, y por último la consideración de la vivienda como bien social, y no sólo económico. Qué duda cabe que Ciudad de los Poetas, y algunos otros ejemplos derivados o antecesores, fueron creados inicialmente con esas intenciones.
Uno de los últimos libros aparecidos al respecto de las luchas y utopías en marcha, (Sandercock, Leonie. "Towards Cosmopolis: Planning for Multicultural Cities". John Wiley. Chichester, 1998), analiza y explica el fenómeno detenidamente, y nos aporta una serie de indicios que permiten visualizar hacia dónde se dirige, y de qué argumentos se compone la práctica de la Utopía Urbana bajo las formas sociopolíticas de la postmodernidad. Según el comentario publicado en Internet sobre dicho libro, en el apartado "Rudimentos: prácticas insurgentes", se aportan datos sobre activistas y organizaciones a los que la autora considera más innovadores, "por cuanto practican un planeamiento que es democrático, inclusivo, culturalmente diverso, flexible, de participación, y hasta a veces insurgente, y cuyo objetivo principal no es crear un "plan" sino generar un proceso político. "Historias que representan un paradigma emergente de planeamiento que tiene sus raíces en el levantamiento de la sociedad civil, y encarna una nueva definición de justicia social (…) que incluye aunque va mas allá de los problemas económicos y se vincula a problemas de marginalización, desautorización, imperialismo cultural y violencia." Y se citan una serie de ejemplos, que se agrupan en "movilizadores": Mel King, en Boston y Gilda Haas, en Los Angeles. Y "movilizaciones": la tribu de los Wik de la península del Cabo York, Australia, y la lucha por los derechos de propiedad de las tribus nativas; el departamento municipal de asuntos multiculturales, AMKA, en Frankfurt; las Madres del Este de Los Ángeles, MELA; los Presupuestos Populares, de Puerto Alegre; y el Congreso Nacional de Vecinas, NCNW, con sede en Nueva York. El capítulo rescata la necesidad de un fuerte compromiso con los valores sociales (sentido de la responsabilidad colectiva y de la ciudadanía local), que sostenga cualquier iniciativa que reclame la diferencia como valor político en nuestras ciudades. En "Posibilidades postmodernas: Cosmópolis y Planeamiento", de la Tercera parte, la argumentación se estructura en dos capítulos. En "Hacia Cosmópolis: una utopía postmoderna", se pasa revista a las políticas de la diferencia tal y como se aplican en Nueva York, París, Londres, Frankfurt, Estambul y Jerusalén, todas ellas cosmópolis según la definición normativa ("una ciudad grande en la que vive gente de variadas procedencias"), pero lejos de su propia Cosmópolis, de su "Utopía postmoderna (…) en permanente construcción". Según el comentarista, "lo más ambicioso del capítulo es, sin duda, el esfuerzo que hace por redefinir nociones como la de "justicia social", "política de la diferencia", "ciudadanía", "comunidad" e "interés publico". El segundo capítulo, "Planear hacia Cosmópolis: un nuevo paradigma", es fundamentalmente propositivo: frente a los dilemas que la diferencia puede hacer surgir en la era posmoderna, especialmente "el miedo al Otro", no sólo a nivel individual sino de la administración, plantea la necesidad de expandir el lenguaje del planeamiento -la epistemología de la multiplicidad- y expandir los horizontes políticos del planeamiento, las políticas transformadoras de la diferencia en toda su multiplicidad.
Como vemos en la cotidianidad de lo que nos rodea, y parece confirmar el libro comentado, o el trabajo de organizaciones como ATTAC y otras similares, la Utopía se refugia ahora en la marginalidad, en las acciones puntuales de los grupos sociales de vanguardia, o de las organizaciones no gubernamentales, en la ideología de los "okupas" y adheridos, en la lucha de los colectivos y pueblos oprimidos o dependientes, en la repesca juvenil de las acciones de cultura urbana, en el nuevo o naciente liderazgo de lo femenino, y quizás también y sobre todo, en el anhelo oculto de la mayoría de la gente. Pero la realidad urbana, con mayúsculas, en la que estamos inmersos, pertenece a otros. La UTOPIA de la deseable "irrealidad" urbana se acerca casi a los valores morales de la búsqueda mística, de la fe. Moradas celestiales para la mujer y el hombre en la tierra.
En definitiva, igual que otros muchos, estamos y postulamos por la consecución, de lo que Pérez de Carrera discurre y propone tal que encuentro con aquello que está más allá de la realidad aparente, pero que nos pertenece si hacemos lo necesario por conseguirlo: "Sólo puede existir lo que eres capaz de imaginar; y sólo existe lo que crees que existe. Este viejo axioma revela que el campo de la realidad está alumbrado por los prejuicios formativos, y se puede romper por el nivel de disparate de la consciencia, por la capacidad de aventura, o por la fe" (Op. cit. 15.1. )
Será, quizá es, por ello que la propuesta de realizar una macro exposición sobre Ciudad de los Poetas, sobre sus ideas, su desarrollo, su vida urbana, las acciones negativas o positivas de los agentes sociales, gestores públicos y administradores que han actuado en estos últimos treinta y cinco años, o la permanencia, recuperación y puesta en valor de su memoria utópica en el sentir colectivo, lleva tres años (2002/04), presentándose repetidamente ante las autoridades municipales, grupos políticos, y organizaciones sociales de base, sin que halla podido alcanzar aún el grado de realidad posible, y se mantenga todavía en el de "idea interesante" alabada por casi todos, pero instrumentada por ninguno. Es decir, como una virtual utopía de renacimiento cíclico.
"(...)De hecho todo lo esencial, desde el amor al arte, desde la fe a la poesía, abarca y al tiempo escapa del dominio de los sentidos convencionales" (Perez de Carrera, Op. Cit 15.14)

Epílogo oscuro

"La historia de la trama urbana está jalonada de proféticas utopías y miserables desengaños,
arropadas en el trasiego del negocio de la tierra. La ciudad de nuestro tiempo edifica sus lugares
con híbridas arquitecturas que fagotizan los lugares perpetuados por la historia, y construye los nuevos espacios para un ser enajenado por los postulados del consumo, propicio a cualquier innovación que destrone lo original y consagre el derivado en la escenografía urbana.

" (Antonio Fernández Alba. "La Ciudad Herida". Huerga & Fierro. Madrid, 2001)




UTOPIA: Irrenunciable Irrealidad

BIBLIOGRAFÍA




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- Sigfried Giedion: "Espacio, Tiempo, Arquitectura".

PÍO-PÍO: LA ESTACIÓN

(Breve historia de una destrucción)





La Estación del Norte o Príncipe Pío a principios del siglo XX / Foto en artículo publicado en INTERNET


Nuestros administradores públicos implicados y diversos: Ayuntamiento,Comunidad, Ministerio de Fomento, RENFE, deberían ex_Piar sus errores por esta descomunal y acultural propuesta, ya ejecutada, de Nuevo Intercambiador más centralidades de ocio y negocio perpetrada contra la anterior, tradicional y hermosa Estación del Norte / Príncipe Pío, y contra nosotros, los pacientes usuarios. ¿Quién proyectó, quién aprobó, tamaño desafuero urbanístico y constructivo? ¿Quién, en definitiva, organizó la de-construcción de lo que fue y pudo ser?
Lo primero a discutir es la reestructuración volumétrica y urbanística de los terrenos liberados a la playa de maniobras ferroviarias para su explotación residencial y comercial sobre la Avenida de Valladolid/Paseo de La Florida, modelo que repite esquemas de demostrada pobreza espacial, funcional y escalar, ya utilizados en similar reforma de Delicias -y que se utilizarán, si nadie lo impide y seguramente, en la próxima de Chamartin-, pero, eso sí, muy rentables en volumen y superficie construíble y aprovechable. Solución de bloques transatlántico orientados de forma paralela a la directriz dominante sur-norte de las vías, y residuales espacios ínter bloque, o pegados a las tapias de la estructura ferroviaria perviviente. Espacios internos lineales de poca y difícil vitalidad urbana, resbaladizos, con la preocupación puesta en ocultar las vías del ferrocarril y defender a los residentes de los ruidos y visuales generadas (¿?). Pero ninguna preocupación por articular el espacio de la propia calle, de magníficas proporciones y perspectiva originales, relacionar escalas y volúmenes, colores, siluetas, cornisas.
En el caso concreto del Intercambiador, Estación y Centro de ocio y negocio, habría que hablar de la invasora implantación de éste último, con la consiguiente anulación de las calidades espaciales y constructivas de la primitiva estación y la articulación de su entorno. O de la perdida de la simbiosis campo-ciudad al mal entender el aspecto de corredor de espacio libre (y recuerdo verde), que tenía el paquete de vías entrando a la estación, apostando ahora por una imagen de clara implantación urbana, de intercambiador de modos, o estación plural.
















La Estación, antes de la intervención final / Foto inserta en artículo publicado en INTERNET

El tema de la abducción del espacio ferroviario original de la estación por el Centro Comercial, despreciando no sólo la clásica arquitectura de hierro de grandes vanos, sino su lógica constructiva y espacial, es quizás el más sangrante. Se ignora, o minusvalora, la arquitectura ferroviaria del XIX, aportando una pobre arquitectura de galpón de feria mal adosado o integrado, con tiras tipo stand temporal con comercio de restauración, y tiendas de ropa y objetos variados, entrando a saco en la arquitectura del XIX, generando problemas de calidad espacial, circulación, contacto, y relación de materiales entre los diversos sistemas funcionales que se ha pretendido integrar con sometimiento severo.
Aparece patente que los usos y asignaciones espaciales de la vieja estación no se han sabido entender, respetar o replantear, forzando incómodas y confusas circulaciones cruzadas y duplicadas en altura, generadoras de despistes de localización y uso. Por ejemplo en el la doble altura del hall de intercambio entre medios, y su acceso desde el exterior, además pésimamente señalizado. Dentro de los espacios destinados a ocio y compras la funcionalidad no puede ser más perversa y agotadora para el usuario, donde el único espacio clarificador/distribuidor, el gran hall circular nuevo de cristales, está saturado de usos y señales. Habría que hablar también de la localización de las taquillas en la zona de restauración y comercio, justo hacia donde se ha forzado la “visión”, o frente de paisaje, de la larga tira de comederos de ocasión, con su variada oferta de comida basura, o casi, que recuerdan claramente la articulación espacial y funcional de los pesebres de ganado.
Según el artículo publicado en INTERNET, al que hacemos mención y del cual hemos extraído las fotos que se insertan: “Por último, pocos años después, se le encontró una finalidad a la estación, aunque dicha finalidad la sentencia ya de muerte al nombre de estación, aunque permite por lo menos conservar unas importantes y preciosas estructuras típicamente ferroviarias pero convertidas en centro comercial. En la actualidad, desde 2005, la estación es un gran centro comercial que no hace más que completar la gran reestructuración que sufrió al convertirse en un intercambiador. Infinidad de tiendas, un gran complejo de cines y una gran oferta de restaurantes, bares y cafeterías, han tomado las antiguas dependencias de la estación. En el aspecto plenamente ferroviario, sólo transitan cuatro líneas de cercanías pero sí que es cierto que el tráfico, debido al volumen que tiene de por sí la ciudad de Madrid, se ha incrementado de gran manera en tránsito de esas líneas. La restauración de las fachadas ha respetado fielmente el aspecto original incluyendo el color de la pintura. La marquesina, restaurada fielmente, corona todo ese curioso conjunto, tan curioso como la enorme colección de esculturas y pinturas del Museo Orsay de París donde antes pasaban los trenes. Existe un proyecto de hacer un gran teatro en el edificio que da al paseo de San Vicente pero lleva varios años de retraso. En la actualidad se están soterrando las líneas de autobuses para convertir el intercambiador en un efectivo servicio para viajeros. “
Y entonces uno se pregunta: ¿Qué han hecho los sufridos usuarios y voluntarios consumers de estos espacios virtuales de la confusión y el no estar para merecer esto? Nunca como en ésta piante estación y sus entornos se ha visto tamaña agresión a las necesidades y búsquedas de ocio de la población. Ahí están los cines y resto del Centro de Comercio y ocio metidos con calzador en un flamante edificio con imagen y realidades mal resueltas de galpón o taller ferroviario dejado como para mantener el rito de la apariencia. O la compleja y confusa vinculación entre Estación de Tren y líneas de Metro. O el inacabado trayecto protegido de las vías ferroviarias de paso. O el confuso y dificultoso acceso al parking subterráneo. O el vacío edificio de servicios de la antigua estación, con sus puertas y ventanas casi tapiadas. ¿Será el próximo Centro Cultural de Barrio, o se reserva para ampliar ocios y negocios?
Todo es pobre, patético, y casi paupérrimo en esta solución, y claro, la antigua estación se queja: ¡Pío-Pío! Quizás, supongo, aventuro, la aparente Gran Plaza exterior que se estaba construyendo en el frente lateral de accesos cuando visité el lugar, consiga suavizar algunos de estos efectos y defectos. Sería un milagro que rogamos.











Imagen final de la Estación con las nuevas edificaciones residenciales y de ocio.
Foto aparecida en artículo INTERNET referido. (Actualizado en Febrero 2006)

Norberto Spagnuolo di Nunzio
Diseñador Urbano / Diplomado en Ordenación del Territorio
Julio de 2006

EL JARDIN DE LAS MILIUNA MARAVILLAS

La Presidenta y su Jardín (de las miliuna maravillas).

Mientras hago yoga, un estudiante del piso semisuperior llama a mi puerta y me pide “una aspirina o un gelocatil”, genéricamente hablando, claro. Últimamente todo es genérico o de género, con un afán igualador/diferenciador que ya hubiera querido para sí la 3ª Internacional. El y sus compañeros de cohabitación llevan un duro mes de final de curso y traga libros y apuntes, y se nota, se les acaban los recursos de calma y despeje. Le doy una tirita con diez salvadoras píldoras apaga incendios mentales y corporales, al tiempo que le recomiendo que se calme y salga a pasear y a digerir la carga de información que lleva encima, entre ojo y ojo, y memoria y memoria. Mirá, un buen lugar es el jardín de las miliuna maravillas de nuestra Presidenta. Todavía no, la de Madrid. ¿Y eso que es? me inquiere desde la escasa libertad de pensamiento que le dejan disponible los miles de horas de estudio que lleva aferrado al flexo, y de gelocatiles genéricos endosados encima. ¡Tanto estudiar, tanto estudiar…! Nuestra Presidenta ha pergeñado un jardín de las mil maravillas para rodear el más encantador, futurista y hollywoodense campo de entreno golfístico, si se puede decir. Se dice Trainings golf field, me arguye el nebuloso estudiante vecino que va para filólogo de la inglesa. Vale sí. Lo cierto es que resulta ser un futurista campito enlatado de verbena de pueblo, artificial y encogido, como si lo hubieran regado demasiado y hubiese fallado la tesitura subestructural importada de oriente, pero que tiene un ambientazo made in Hollywood de ciencia ficción que mola un montón. Make it, me corrige. ¿Cómo? Se dice As Hollywood make it, completa el futuro filólogo de la Queen. Estoy a punto de retirarle la tirita de aspirinas genéricas, pero me contengo. Sachet. Sí, ya sé ché. No, se dice Sachet de aspirinas. Es para matarlo; está saturado el tío. Lo cierto es que yo, incrédulo y zurdo como soy –le digo al filólogo- estaba ahí defendiendo la libertad solitaria y solidaria del espacio verde alternativo que la gente de Chamberí, apoyada por los verdes y sociatas, prefería poder utilizar antes que dejar hacer esa obra de leyenda para un incierto futuro, el mismo día que apareció Sebastián a apoyarnos y codearse con unos y propios, dando así rienda suelta a su misma intromisión en campaña. Y nosotros quisimos apoyarlo a él, y aconsejarle y prevenirle para lo duro que se le iba a poner el camino de ahí en adelante. La obra no estaba programada, ni tenía licencia del Ayuntamiento, la habían iniciado casi subrepticiamente, iba a convertirse en un club privado controlado por una empresa ávida de concesiones político-deportivas, y el pueblo llano iba a quedarse sin parque, sin espacio verde y abierto, tranquilo y gozoso con solo mirarlo, y lo peor era que…. ¿Y?, inquirió impasible el estudiante vecino. Aparte que la Presi, para aderezar el entuerto, va y lo declara de interés público preferente, el Ayuntamiento del gallardo Don no puede meter mano, y resulta que ahora, cuenta el vulgo admirado, es un lugar impresionante, que se puede entrar gratis, que sólo hay que pagar si usas las pistas o el campo de golf micro. Short golf field. (¡Joder!) Que está perfectamente terminado, y que han metido un montón de cosas para practicar deportes urbanos en eso que antes estaba tan vacío, y que sólo servía para mirarlo y hacerse ilusiones. Geting up sleeping fantasies. Si, eso. Me lo contó un tipo que parecía normal, gente sencilla, contento con poder darse de vez en cuando una vueltita por allí con su mujer, un paseíllo al atardecer. Da gusto ver como lo han dejado todo de bonito, expresaba con un suspiro la señora. Y yo dale que dale: ¿Pero es gratis? Bueno, gratis-gratis creo que no, dijo él, pero se puede pasear. Mientras, la señora asentía con una sonrisa tierna y cómplice. ¿Y que cosas hay? ¡Uyy!, dijo ella, ¡muchas! Parece mentira que hayan podido meterlas todas dentro. Hasta hay una red sostenida por unas torres, como de campo de fútbol, que llegan hasta 20 metros para que no se escapen las pelotitas, que son caras. ¿No querido?, quiso confirmar. Como un edificio de cinco o seis plantas, precisó el aludido consorte. ¿Y el golf?, insistí. Es como de juguete, dijo ella, da gusto. Para entrenamiento no es necesario más, remató él, convertido en experto popular en Training golf field, ¿no? Trainings…, intervino mi estudioso vecino. (¡Má sí! Me ponía nervioso). Lo cierto es que la gente está entusiasmada. El otro día pasé por allí, del lado de Vallehermoso, y había cola para entrar a verlo; la gente popular siempre tan ilusionada, aunque no puedan usar las cosas les gusta mirarlas. Así que a lo mejor a vos te gusta, le solté como para hundirle la moral exquisita de filólogo Great Britain make it en ciernes. Ahora es como si fueras a ver una película de la factoría Walt Disney, con sus decorados, los actores cada uno en su sitio pero revoloteando, juego de luces a lo bestia y reflectores direccionales, torrecitas y redes como para atajar monstruos de ficción que quieren ser libres, fumigaciones barredoras de agua pulverizada, colorcitos por aquí y por allá, maquetas de reales galpones ondulantes, como si estuvieras en los docks de New York, música de relax saliendo de ocultos altavoces, pistas para hacer penthatlón de oficina, jardincillos de todo tipo…, etc., etc. Entonces tú has ido. No, para qué, no te olvides que yo estuve en contra de su construcción, y aún lo estoy. ¿Y por qué?, quiso acotar el estudiante filólogo. ¿Vas a comparar ese monstruo plástico virtual que parece salido de algún spot publicitario al estilo Lotería Nacional fin de año, y similares, con la otrora parquedad expresiva, áspera y romántica al mismo tiempo, incluso elementalmente absurda y simbólica en su verde e inocente cubrición laminar del depósito auxiliar del CANAL de YII? ¿Ese espacio que, de vacío, aislado, deseable y por lo tanto utópico, lo han querido llevar a representar el papel de paraíso de las maravillas deportivas de síntesis en la ciudad del desaire urbanístico? ¿Que de esperanza popular, ha devenido en populoso y populista, con derecho a ida, vista, y vuelta? De todas formas, andá y date un paseo, a lo mejor te gusta y te despejás un poco. Gracias por las aspirinas; iré. Pero no entiendo como puedes explicar algo que no has experimentado por ti mismo. For nathing, tuve que decirle.

El Jardín de las miliuna maravillas de nuestra Presidenta, dicen que dicen, se levanta para aglutinar recursos de práctica deportiva sobre un espacio libre y público otrora mal aprovechado, y liberar otro, aledaño y de la propia comunidad, para sufragar, con la construcción en él de viviendas, oficinas y comercios, la inversión necesaria realizada en aquél, que dispondrá además de un régimen de gestión económica que permitirá a nuestra Presidenta ir amortizando la cosa, mientras tanto.
¡Viva el Jardín de las Mil y Una Maravillas Deportivas de la expectación popular!



Norberto Spagnuolo di Nunzio
Junio de 2007

ORDENANDAMENTE DESENCAJADOS

(Publicado en órgano local Moncloa / Dehesa de la V illa)

1 / COMO VIVIMOS EN MADRID:

El ilustrado Chueca Goitia, don Fernando, ha dejado dicho que la estructura funciona¡ y ecológico social de Madrid es como un queso en porciones tergiversado por el espíritu espacio temporal de algún visionario cubista o futurista (1). Es decir, que nos amasijamos, según él, diaria y tozudamente en un sistema a gajos radio concéntricos de carácter imperfecto, partido por un eje este oeste que, pasando por Atocha, separa el norte del sur, a los ricos de los pobres. Nos advierte don Fernando que ésta no es la estricta realidad, pero, como todos los esquemas, la resume y explica medianamente.
Es bueno que sepamos a qué atenernos. Cada cual es como es y según donde esté; así es más fácil reconocerse:
- Yo vivo en el sector de corona exterior del radian de clase media perteneciente al cuarto creciente noroeste. ¿Y tú?
Si resulta que nuestro interlocutor habita bajo la misma y geométrica descripción, ya puedes empezar a intimar con él, o ella; en caso contrario, tus relaciones sufrirán tantos altibajos que más te valdrá olvidarlas. No es que el otro sea una mala persona, o que sus biorritmos no coincidan con los tuyos, lo que sucede es que, si por ejemplo, el congénere habita en la corona menguante del radian opuesto, las posibilidades de verlo serán mínimas e imposible, por lo tanto, llegar a conocerlo a fondo; además, seguro que interpreta el mundo de otra manera.

2 / ENCOMIASTICAS SOLUCIONES

Siempre existe el recurso de que ambos se mediaticen en el centro, esporádicamente claro, con voluntad, esfuerzo y gastos adicionales. Por eso es que se mantiene el llamado "Centro comercial dominante", porque es lógico que el que algo quiera, algo le cueste. Para resolver esta controversia se está potenciando el centro como lugar habitable y memoria histórica de la ciudad, de forma que todos podamos estar en él, creo. Lo cierto es que como hay tanta demanda y tanta rehabilitación de palacios, se está poniendo por las nubes y nos tememos que nunca podremos cohabitar en é1 con señoritas que pertenezcan al "suburbio disperso de clase inferior", allá en el lejano sur.
Para que don Fernando no sea desautorizado por la historia, o quizás por la Historia, las previsiones para Madrid se mantienen bajo los mismos esquemas de sesquicentenaria raigambre, aunque, todo hay que decirlo, con algunas sutiles variables auspiciadas por la voluntad política, la teoría de sistemas y las tasas municipales, cuestión que también preveía aquél, después de repasar críticamente las diferentes corrientes sobre morfología urbana. Así se explica la aparición de los nuevos centros de zona como incubada constelación para cubrir el expediente de la estructura de "Núcleos múltiples", siempre de menor jerarquía que el central, no vaya a ser que nos homogeneicemos demasiado. Total, que cada quisqui tendrá su centrito a escala de sus posibilidades, justo en el lugar de mayor accesibilidad local, ornamentado y cuidado de acuerdo a la clasificación espacial y económica de sus potenciales usuarios; a ver si de esta forma se nos quita el vicio de ir al centro para todo, encandilados porque hay más lujo, más coches, más luces, más granito en el suelo, más burguers y más selección amorosa.
Para los expertos económico ello hará que se reparta algo la presión económica sobre el suelo de la city, habrá más tajo mercantil, mejor distribución de los puestos de trabajo, te podrás alimentar, apresuradamente, en el self service propio situado justo al lado de donde laboras, y relajarte en la casa de masajes de la esquina, aunque vivas en el arrugado envoltorio exterior del desencajado queso en porciones. Es el dulce agregado para los que no podamos superar por nosotros mismos la desmesurada escala de la oferta económica de la ciudad, condicionados por su costo de uso.

3 / ¿CADA CUAL A LO SUYO, O TODOS A UNA?

La vivienda -y su polítca- han sido definidas en un reciente estudio como un sistema de fijación y control del ciudadano, abandonado por otra parte a su propia capacidad de ubicuidad económico espacial, o paternalmente reconducido. La nueva gestión intenta democratizar el espacio social de la ciudad, de forma que las porciones desencajadas se vayan aquietando, posmodernizando ordenadamente, repartiendo mejor el contenido en grasas del queso. Incluso se supone que el tejido social se hará más diverso en cada trozo, así que terminaremos cohabitando con la señorita del barrio de Salamanca en nuestro propio tugurio mejorado. Es un decir. O que en cada gueto local florezcan retoños de clase media; es otro decir. No quiero seguir imaginando posibilidades tan locas que escapan a las realidades macro estructurales de esta sociedad. De todas formas, algunas de estas cosas están pasando hoy mismo, como hechos aislados derivados de la voluntad y calidad de las personas.
Por el momento, el sistema de don Fernando sigue tal cual, apto para representar idealmente esta ciudad a pesar de lo que incordian los ciudadanos por debajo del paralelo de Atocha, o lo que protestan los de arriba. Al menos, los primeros han conseguido no moverse de su sitio a la espera de mejores tiempos.
La siguiente pregunta es:
- ¿Nos encontraremos algún día en algún lado?
Esta es la cuestión.

Norberto Spagnuolo/ 1983
Publicado en órgano local Distrito Moncloa de Madrid "DEHESA DE LA VILLA"


(1) F. Chueca Goitia "Breve historia del urbanismo", Alianza, Madrid, 1968.

VIVIENDA FLEXIBLE

(Para: "La Mujer Construye")

Según los estudiosos de la vieja Astrología, los creyentes del Zodíaco, los instruidos en lo oculto o revelado, la humanidad -habría que ver cuál- acaba de transitar el umbral de la Era de Acuario procedente de la de Piscis, paso que se verificaría cada 2.000 o 3.000 años. ¿Qué significaría esto ahora?. El tránsito de lo objetivo a lo subjetivo. De la sistematización ortodoxa de las grandes religiones modernas, del triunfo de la razón y la ideas de las grandes revoluciones al dominio de lo sensible, lo intuitivo, incluso al triunfo de lo trinitario sobre lo dual. Es decir, del intento de encuentro y despertar del Yo profundo. Algo que la mayoría de las antiguas religiones orientales plantearon ya hace tiempo.
La ciencia, como es sabido, niega veracidad a esa parte mistérica y precientífica de la Astronomía. ¿Cómo puede entenderse el mundo por la interpretación de la influencia de los astros con sus movimientos sobre el hombre y su circunstancia? ¿Y que astros? En el curso de los más de 6.000 años que han transcurrido desde la fijación por varias culturas de los parámetros de la lectura astrológica (sumerios, babilonios, asirios, egipcios, aztecas, incas, etc.), el universo se ha estado moviendo, la tierra ha recorrido millones de kilómetros hacia algún punto del infinito. ¿Son aquellos astros y constelaciones los que aún rigen nuestros destinos desde sus mismas posiciones? Heráclito mismo lo niega. Y el sociólogo Enrique Gil Calvo lo confirma actualmente (Nacidos para cambiar-2001)
Sin embargo, es cierto que el ser humano, al menos el de nuestra occidental civilización desarrollada, busca cada vez más la verdad en su interior, que acaba casi de echar por la borda más de 200 años de búsqueda racional y colectiva de la igualdad, la fraternidad y la libertad, marxismo incluido sobre todo. Y que comienza a creer en una nueva religión, la de auto realización, aún por definir y explicar verdadera y profundamente.
Racionales y filo marxistas eran, éramos, los que acudíamos al primer seminario que se realizó en España sobre Automatización de la Forma, Centro de Cálculo de la Universidad Complutense de Madrid, curso 1971/72, director Ernesto García Camarero, matemático e investigador de la ciencia, el discípulo más joven de Rey Pastor. Uno de los temas de estudio y trabajo más sonoros y complejos fue el intento de descripción analítica de las acciones residenciales para su posterior automatización a través de algoritmos matemático-geométricos encadenados. El responsable de esa sección de estudios era el Arquitecto Seguí de la Riva, por entonces brillante profesor de la cátedra de Análisis de la Forma en la ETSAM. Curiosamente, el resto de los participantes eran en su mayoría artistas plásticos empeñados en codificar matemáticamente la libre expresión pictórica en lugar de hacerla a mano.
Definir y codificar las actividades de un ser humano durante su ocupación diaria y cotidiana de un receptáculo físico acondicionado, la vivienda, era algo no sólo casi imposible sino hasta arbitrario. En definitiva, describir y prescribir las funciones vitales cotidianas de un ser variable y transformable por naturaleza divina para poder así construirle la jaula perfectamente adaptada. La vida que vivimos en cada momento, en cada época -se ha demostrado hasta el infinito pero no se práctica- es sujeto del tiempo, de la naturaleza singular de cada individuo, del accionar común del grupo impulsado por resortes compartidos que cambian y se modifican continuamente, pero que nos obligan, nos obligamos, como en el ejemplo del Centro de Cálculo, a "modelar".
Alexander y Chermayeff, poco antes de aquella experiencia, intentaron también definir el campo de la vivienda adaptable y transformable, pero al mismo tiempo se empeñaron en describir esos procesos cotidianos de interacción del ser humano con el entorno, ya sea macro, el urbanismo, el pasaje construido, como micro, la vivienda, el trabajo. La propuesta de flexibilidad para la vivienda era uno de los temas. Ese y la necesidad o búsqueda económico-cultural de la personalización de esa vivienda, asunto que pronto se ligó a la propia participación en su definición-construcción. En uno de sus artículos dedicados al tema en cuestión, Alexander dice: "La variedad que un diseñador puede dar dentro de un proyecto de vivienda en gran escala es necesariamente trivial: crea diferencias superficiales". (El Sistema Pared Profunda-1968. Architectural Design).
Variedad, Flexibilidad, Alternancia. Se corresponden con las necesidades de las modernas sociedades, y sobre todo con los intentos de formas nuevas de vida, la juventud. Y no tan nuevas y necesitadas, la estrechez, la pobreza. Pero también, ahora, con nuevas maneras de entender la relación con el entorno, con nosotros mismos, con los demás.
Por esos tiempos, algunos arquitectos españoles trabajaban ya en operaciones de desarrollo de barrios o conjuntos urbanos residenciales donde se intentaban imponer sistemas constructivos modulares que dieran opción a la participación del futuro habitante en la reinterpretación del uso interior, bien en el momento de su construcción, bien en la posibilidad aportada por el transcurrir del tiempo, y de la variación en el uso. Algunos de estos barrios se construyeron en las décadas de los 50 y 60, con aplicación de conceptos racionales, pero permitiendo cierta versatilidad cara al futuro. El arquitecto Bofill hizo varios intentos allá por los finales de los 70, incluso antes. La Ciudad del Espacio, en Madrid, animada por actores y boicoteada por el gobierno. Y después Walden 7, aplicando transformaciones residenciales flexibles a una estructura previa industrial, una fábrica de hormigón en Reus. De ambas ideas se prendieron buena parte de la, por esa época, mal llamada gauche divine, yo entre ellos. Walden 7 fue un éxito cultural, pero un fracaso vivencial a la larga y no tan larga prueba de la experiencia directa; la "prueba del algodón", vamos. Las viviendas, pequeños módulos sin definición estructurada de usos disímiles aparentes, terminaron por cansar o mal disponer a sus habitantes de la vanguardia cultural y política. Otros dijeron que el problema se debía al mal uso de los materiales, otros que era la forma de relacionarse y acceder en medio del aire, lo que confería cierto grado de inestable y crítica interrelación con el entorno.
Pero esto ya se hacía en la protohistoria y en algunas de las culturas antiguas o tradicionales conocidas. Por ejemplo en la típica casa mediterránea auto construida, a la que se va agregando células habitacionales a medida que el núcleo familiar original se subdivide y crece, y variando por lo tanto las relaciones entre las partes, nuevas-viejas, y los puntos focales de intercomunicación. Un vero ejemplo próximo me lo recuerda como algo que debe estar inmerso en el inconsciente colectivo, o en la satisfacción básica de la necesidad de cambio y evolución. Unos familiares de mi sección española fundan en la inmediata posguerra civil un centro educativo, formación básica y bachillerato. El centro se ubica en dos grandes pisos de la entreplanta, unidos para la ocasión en un edificio de la burguesía en el barrio madrileño de centro, próximo a El Prado. Cambios y modificaciones de las distintas leyes educativas, prescripciones de espacios, aulas y anexos complementarios, más problemas en la estructura profesoral del propio centro, hacen que el centro termine cerrándose a mediados o finales de los años 50. Ese enorme espacio subdividido y simétrico, como en un espejo, se transforma entonces, temporalmente, en la vivienda de la familia propietaria, un matrimonio, sus dos hijos, y algunos familiares inmediatos pero transitorios que van y vienen. La familia entera recuerda aquellos pocos años como un momento feliz, sobre todo los que entonces eran niños, hijos, primos y demás. Las habitaciones, antiguas aulas, a su vez más antiguas aún habitaciones adaptadas, van utilizándose alternativamente, en una ronda situacional familiar y personal que se muda al siguiente espacio habitable cuando el anterior se satura de vida compartida y de objetos cotidianos. Mientras tanto, la otra parte de la casa, la circunstancialmente inhabitada, se convierte en un lugar misterioso y fantástico, poblado sólo por la imaginación. Unos pocos espacios de características más estrictas y con dependencia técnica se usan como centros básicos e inamovibles de ese deambular, como lugares de encuentro preestablecido, habitual y trans histórico: los baños, la cocina, la despensa. La casa entera, las dos casas gemelas, son vividas así en un deambular inconstante a través del tiempo. La casa se anima y cambia, se reproduce sin ser nunca la misma pero conservando el espíritu del lar en medio de un producto dedicado a lo cultural.
Supongo que el interés de La Mujer Construye por este tema surge en parte de la reciente salida al mercado de una propuesta de la Empresa Municipal de la Vivienda de Madrid (EMV). Quizás la propia oficina municipal de la Mujer les haya encargado este Foro de análisis. Aquellas son pocas viviendas a la venta como experiencia de innovación en el campo de la demanda más joven. Viviendas que son en realidad una caja calada con variaciones y cerramientos interiores móviles, paneles escamoteables, armarios corredizos, espacios modificables en geometría y uso posible, transitorio. En definitiva, mucha tecnología y diseño en casas pequeñas, aunque no tanto, que acompañaran al individuo joven y moderno, con cierto poder adquisitivo, a la pareja, incluso al primer hijo, durante un tiempo. ¿Cuándo comenzará a cosificarse el espacio, a hacerse permanente o casi? Habrá que verlo.
La sociedad moderna, desarrollada, a la que pertenece, en parte, España, es dinámica. Los gustos cambian, se modifican, se aceleran. Hay barrios enteros que han sido destrozados en su previsión constructiva inicial por el expansivo afán de personalización de la vivienda. Por ejemplo Ciudad de los Poetas, de la que en estos momentos preparo o intento realizar una exposición. Este conjunto programado en los 60 fue diseñado con aquella carga de posible modificación interior que comentaba al principio. Modulado en su totalidad constructiva, adentro-afuera, los interiores fueron distribuidos con la clara y patente posibilidad de su transformación fácil y enriquecedora por las distintas variables familiares. De hecho, por esa sugerencia latente, y por la propia cercanía a sus autores, muchos iniciales residentes procedentes del campo profesional o artístico, hicieron transformaciones que aportaron hasta ocho modelos diversos con sus particulares acabados a esa distribución inicial. Pero el compromiso era serio, el envoltorio era común, y objeto de culto y respeto. El conjunto fue entonces admirado como un paradigma de diversidad interior, la vida de cada uno, la libertad personal, pero compartiendo lo común, lo externo, la igualdad, la fraternidad. Eran tiempos pre y post democráticos. Afianzados en el crecimiento personal propagandístico, en la actualidad lo común y externo se ha plagado de personalismos, lo individual, lo personal e interior, se repite hasta la saciedad. Es decir, se prefiere, o se decanta, o se impulsa hacia la apariencia externalizada, en lugar de la vivencia y expresión personal y auténtica, pero necesariamente interior.
La crisis argentina ha golpeado la industria como nunca. El abandono de las estructuras industriales en el mejor frente urbano de la ciudad que mira al río, y en algunos barrios interiores, ha provocado su transformación en sistemas residenciales decantados por la fórmula americana del "Loft", espacios vivideros grandes y multiusos, células de servicios intercambiables. La imaginación de la gente y la tradicional cultura manufacturera del país, de sus clases formadas, ha hecho el resto. En España el fenómeno también comienza, pero aquí, salvo en Cataluña, es una fórmula hueca y manida de propaganda inmobiliaria. Se diseñan "Lofts" en oscuros y pequeños restos residenciales de las antiguas casas del centro de las ciudades, sobre todo en Madrid, a las que se agregan simulacros de imagen industrial y se quitan paredes, definiendo espacios mayores que lo normal, pero de dudoso aprovechamiento múltiple. Y ya está el mejor producto para jóvenes modernos e inquietos listo para ser cobrado a precios astronómicos aún a pesar de su escasez material.
Los grandes cómicos del cine de los años 20, 30 y 40, Chaplín, Keatón, Lloyd etc. ya hicieron entonces la demostración risible pero fulgurantemente imaginativa de las posibilidades de personalización flexible de la vivienda mínima. Keatón, sobre todo, en esa maravillosa película sobre el oeste americano. Las viviendas flexibles siempre han sido la de los pobres, la de los trashumantes, la de los hombres del espacio, la de los trabajadores de zonas oscuras. La famosa mesa plegable, la cama que se escamotea en el armario, la mesa de comedor que sube y se convierte en lámpara, la cortina que separa el dormitorio de la cocina en la chabola, el retrete que se oculta por debajo de una tabla que da vuelta. En ellas está todo lo que podemos aprender al respecto.
Últimamente trabajo en un estudio sobre lo "heterodoxo en la vivienda". Es decir, lo personal, incluso lo visionario, o loco, lo que escapa del paradigma de lo aceptado culturalmente, de lo dominante, ya sea por el sistema, ya por los atavismos culturales. Todos los que se han arrojado a esta necesidad compulsiva de la vivienda que ejemplifique libremente lo que son, lo que postulan, lo que creen y tratan de comunicar sin deseos dominantes o expansionistas, sin modelos o dependencias culturales en vigor. Toda esta gente ha huido de la vivienda colectiva en estructura compartida, son por lo general chaleteros, o auto constructores de la casa propia, imaginada, soñada. Utopistas en el mejor de los sentidos, pero les sobra espacio. Lo que ellos quieren es su propio palacio, como en los mejores cuentos. ¿Y quién no?
El cambio de rol de la mujer amparado quizás en la nueva era de Acuario, la de la subjetividad, es fuerte y decisorio en la nueva cultura social. Quizás sean ellas las que mejor definan la carga de flexibilidad que deberá incorporar la vivienda del futuro. Quizás sean ellas quienes conduzcan mejor el proceso de encuentro con lo que de verdad somos, no con lo que estamos. Ese ser será por definición flexible y variable, pero único e igual al sí mismo profundo.



Norberto Spagnuolo di Nunzio
(Publicado en web La Mujer Construye, y otras)
Abril 2004