domingo, 4 de noviembre de 2007

Ciudad de los Poetas / El Urbanismo como alimento

El Urbanismo tiene mucho de cocina. El recurrido símil, utilizado como analogía por varias disciplinas por su proximidad al común entendimiento, puede servirnos para desentrañar, en parte, ese "desaguisado" en que se está convirtiendo nuestro barrio, más, y mal, conocido popularmente por el prosaico "SACONIA, Dehesa de la Villa".
El Urbanismo, insistimos, requiere para su honrosa consumación de la preexistencia de aquilatadas soluciones de sedimentada cultura histórica, ó del artificio innovador de brillantes recetas teóricas pergeñadas por hábiles maestros. De ambas sustancias se nutrió el alumbramiento del repertorio de materias y condimentos de lo que constituyó el PLAN PARCIAL DE LA CIUDAD DE LOS POETAS, aprobado definitivamente en 1965, pero (¡AY!), con remisión del desarrollo final de algunos sectores a proyectos más ajustados al despliegue posterior del sistema de comunicaciones viales contenidas en el Plan Especial de la Red Arterial de Madrid de 1971. Postergación cocinera inicial, y continuada o repetida, de la cantidad y espacialidad de la salazón necesaria que, aún hoy día, nos estropea el plato.
Hacia el último tercio de los años sesenta, la construcción del barrio comenzó a recibir elogios desde la crítica especializada y los sectores profesionales, pero también a suscitar la atención de potenciales usuarios con regular poder adquisitivo, aunque deseosos de degustar soluciones "más nutritivas" que las servidas habitualmente en el mediocre mercado inmobiliario de la época. Aquellos eran tiempos de hambruna especulativa más que permitida, donde escasas realizaciones de vivienda pública merecían comentarios meritorios. Vivienda social hecha para coetáneos del poder, y alguna que otra familia modesta partidaria, pero todas con el mismo problema de vinculación a un entorno desarbolado y desconectado.
La CIUDAD DE LOS POETAS se convirtió así en una curiosa conjunción de ensoñaciones e intereses que muchos no se explican todavía dentro del desvitaminizado panorama que ofrecía el Madrid desarrollista, dominado por la falta de imaginación, la avidez y escualidez empresarial, y el sobrenado preeminente del afán de engorde: "Aquí te pillo, aquí te mato y aquí te como." Hacia finales de los 60, el desarrollo parcial de la primera fase y la publicación de planes y proyectos en diversos medios, atrajo a un creciente número de futuros habitantes entre los que destacaban las capas sociales adscribibles a lo que por entonces se rotulaba como "progresía urbana", vinculadas básicamente a la universidad, la enseñanza o los despachos profesionales. En el otro polo del espectro de comensales aparecían los oficios especializados, las labores manuales y los servicios. En definitiva, un grupo humano, diverso pero con cierta cohesión social, en busca de mejores horizontes urbanos, y que además podía acceder a una vivienda tipo de 88 m2 al precio de 585.000 Pts. de aquellos tiempos, y pagarlas en diez años con un crédito hipotecario de la Caja Postal.
La empresa SACONIA SA, y su orla de sucedáneas familiares, promovía, financiaba -con la colaboración de la mencionada CAJA POSTAL- supervisaba todo el proyecto y construía la mayor parte de las viviendas previstas, subcontratando parte de las instalaciones y oficios a sus propias subsidiarias, resumiendo así la indispensable presencia del llamado "Bloque Inmobiliario". El suelo y los primeros documentos proyectuales (Plan Parcial, Proyecto de Urbanización), los había adquirido la empresa al inicial promotor, Don Conrado Blanco, que fundamentalmente lo era de espectáculos de teatro, tertulias culturales y mecenazgos varios. Aficionado a la poesía, se le ocurrió el reclamo de "Ciudad de los Poetas", y la propuesta de otorgar la correspondiente nomenclatura de calles que ostentaran el recuerdo de versificadores de habla hispana, muchos de ellos caídos aún bajo desgracia política. De ahí que tan romántica pero merecida propuesta fuera rechazada por la autoridad competente del tardo franquismo, que terminó por recurrir al toponímico local. Pero ignoramos porqué, a excepción de la calle central del barrio, ese imprescindible homenaje nunca ha sido retomado como argumento del callejero democrático.
En 1970 la propuesta urbanística y las primeras edificaciones realizadas fueron elegidas, como plausible ejemplo de solución al problema de la vivienda social, para representar a España ante el Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos que tuvo lugar en Buenos Aires. Durante la siguiente reunión de la UIA, celebrada en Madrid en 1975, la Ciudad de los Poetas fue visitada -por el mismo motivo- por un grupo de profesionales de todo el mundo, alertados sobre las bondades de su planeamiento y edificación. Fue entonces cuando los que intentábamos hacer algo desde la renovada Asociación de Vecinos aprovechamos esa presencia para hacer público que no todo eran parabienes, que faltaban equipamientos, infraestructuras y servicios, y que se corría el grave peligro de que las excelencias urbanísticas y constructivas se quedaran en el plano, dada la deficiente gestión, es decir, la arbitraria y limitada interpretación de la "receta" que se estaba llevando a cabo.
Durante los diecisiete años posteriores, catorce de los cuales han transcurrido bajo mandato democrático, descentralizado y mayoritariamente conducido por la izquierda (PSOE y PCE), las sucesivas realidades nos demuestran sin embargo que los errores han sido muchos más que los aciertos. Diecisiete años de cocción urbana a fuego lento, combustión pobre, con ingredientes no previstos, cambio de recipientes y de jefes de cocina, especies que no vienen a cuento y demasiada mercadería de segunda. El prometedor guiso va camino de convertirse en guisote. Diecisiete años de no entender un trozo de territorio ordenado sobre un trozo de papel, necesitado de cuidado diario y de respeto a la idea primaria. Algo, al parecer, muy difícil de hacer viable por una administración cuya estructura funcional histórica la condena a redescubrir, eternamente, la relación del agua con el fuego. Pero además, y esto aún es peor, una generación de viejos habitantes que han olvidado, ó trastocado, sus iniciales apetencias. Y otra, joven y nacida en el barrio, que no parece necesitar el verlo terminado y que tampoco se esfuerza por conservarlo, como si el territorio de la nada -vaticinado por la cosmogonía de los comics- fuera el futuro inevitable.

1 / VARIANTES E INGREDIENTES NO PREVISTOS.
La idea original buscaba desarrollar, sobre un espacio semirural de 45 hectáreas, un núcleo residencial de densidad media, alturas controladas y capaz para un máximo de 28.000 habitantes y cerca de 6.000 viviendas, desagregadas en unidades de súper manzanas, articuladas alrededor de un área comunitaria central, educativa, deportiva o simplemente de recreo, libre y ajardinada, que debería servir como punto de referencia y contacto social. La conexión peatonal entre esos espacios interiores y la propia limitación del tráfico rodado a las vías periféricas, permitiría al viandante, vecino o no, el privilegiar los recorridos a pié.
Para que ello fuera posible resultó esencial el diseño del sistema de patios, pequeñas plazas, tránsitos y franjas porticadas de titularidad privada pero de claro y necesario uso público, articulados e interconectados entre sí y también con los grandes espacios centrales referidos, encomendando significativamente su función, tamaño y tratamiento a los modelos de las ciudades árabes y medievales. Todo el sistema debería haber confluido en un Gran Centro de Barrio, ubicado inicialmente en el sur, próximo a la Dehesa de la Villa y que hoy ocupan los nuevos desarrollos de viviendas en torre y el llamado Centro Integrado. La cuidadosa articulación de plazas y patios, así como su esmerado tratamiento -fruto ambos de la labor de uno de los mejores arquitectos paisajistas de este país- fue uno de los valores mas celebrados por aquel entonces. Las alternativas a la red viaria, la presión de los promotores con intereses puntuales, la penosa gestión de la administración y la exigua demanda reivindicativa del colectivo social, ha hecho posible que las cosas deriven hacia peores resultados y, lo que aun es mucho peor, a despachar soluciones "al uso", es decir mediocres, cuando se había proyectado un sistema potencialmente creativo y distinto.
Los trazados inicialmente no previstos de la red arterial principal -Tercer y Cuarto Cinturón primero, Avda. de Antonio Machado después y, finalmente, Eje Sinesio Delgado-Puerta de Hierro, o nueva Avenida de Los Pinos- impactando sobre un estructura viaria local bien planteada pero mal interconectada en sus bordes, obligo a la relocalizacion y condensación de volúmenes edificables sobre las zonas de Belmonte, Peña Chica, Valdezarza y Valdeconejos. Aparecieron así los neoyorquinos conjuntos de torres que caracterizan a los sectores este y sur del barrio, y que se aglomeran entre calles nuevas estrechas y traseras de vivienda baja tradicional. Se venia a "compensar" los espacios libres requeridos por las nuevas vías con la saturación edificada del suelo y del cielo. La "Técnica Municipal" no se cuido, ya en esta primera oportunidad, de mantener y completar en escala, altura y articulación del espacio, la original estructura urbana original.
Cuando se puso en marcha la Revisión del PLAN GENERAL 1985, y estaba en vigor la actualización a la baja, a través de convenios, del planeamiento ya aprobado pero pendiente de desarrollo, se propuso adecuar todo el borde del Plan Parcial que aún faltaba construir a una escala intermedia respecto a los barrios de vivienda baja de Belmonte, Peña Chica, El Cerro y Margarita Díaz, que se estimaba mantener y rehabilitar. (3) A pesar de firmarse un acuerdo con la Junta de Compensación de la Ciudad de los Poetas, esa solución fue descartada y hoy día las alturas han vuelto a crecer y los barrios citados forman parte de un paquete entregado a la iniciativa privada bajo el título de "Bolsas de deterioro urbano", cuyo final es ciertamente incierto. En el mismo convenio, la Gerencia Municipal de Urbanismo habría establecido la obligación de arreglar y completar la urbanización del barrio a cambio de nuevas licencias; hoy día, se sigue construyendo sobre un suelo con nula o inacabada urbanización, descuidado, con problemas en las redes de servicios y donde la técnica municipal continúa ejercitándose en las prácticas viales.
El nuevo Plan General introdujo otras variables que han incidido, tanto en planteamiento como en resolución, sobre los aspectos positivos de la Ciudad de los Poetas. Las asignaciones de nuevos usos a algunos de los grandes solares interiores destinados con anterioridad a la educación y el recreo, han acabado por convertirse en aparcamientos para residentes -a cambio de los previstos jardines-, uno ya construido, pésimamente rematado y aprisionando entre sus dos accesos la perpleja cabeza de Antonio Machado, y otro a punto de entrar en el concurso de ofertas con sospechoso idéntico final. Siendo necesarios como solución a los problemas de estacionamiento, su tratamiento urbanístico no puede ser más lamentable a pesar de las promesas realizadas. El Plan General también introdujo, utilizando La reserva de suelo para parque local, un Centro Integrado, por ahora más propagandístico que real, y también mal acabado, a pesar de su correcta localización y su indudable aportación a las necesidades del barrio y entorno, aportación controvertida por su mala gestión y el dirigismo burocrático. Resulta curioso, por ejemplo, que el único de los equipamientos no municipales que figuraba en las previsiones iniciales del primer Plan Parcial, cuya localización o "integración", final a partir del Plan General de 1985, fue largamente denegada por la Gerencia Municipal de Urbanismo dirigida por la izquierda, parece ser hoy día uno de los edificios qué presenta mejor construcción, funciona más a nivel social y está dando, realmente, animación al conjunto: la Parroquia.
El Plan abrió finalmente las puertas al peor de los virus que podría afectar a la concesión primigenia del barrio como un territorio compartido entre habitantes civilizados, la posibilidad de vallar espacios privatizadles, el resto de la catástrofe ha llegado por tres conductos diversos que han terminado por complementarse:
- Un nuevo sector socio económico de habitantes que han comprado viviendas más grandes, caras y "proseguibles", e intentan gozar, merecida o restringidamente, de su estatus, que incluye una piscina, un jardín y una pequeña cancha deportiva.
- Un contexto socialmente problemático, como corresponde a toda periferia intermedia y subdesarrollada, que amenaza la propiedad y seguridad personal, amén de acelerar la degradación física.
- Un técnico, de la Junta de Distrito, que asume finalmente la interpretación más letal, para la concepción primigenia del barrio, de la nueva norma sobre cerramientos del Plan General, sin evaluar las originales disposiciones del Plan Parcial ni el valor socio urbanístico de las mismas.
Como resultado, un barrio que comienza a trocearse con vallas, setos, cerramientos y usos privativos diversos, poniendo en peligro no sólo la estética urbana, sino también la propia convivencia y seguridad común. Toda la buena voluntad de un técnico seguramente entendido e imparcial, pero poco atento y sensible, ha propiciado que desde la Junta de Distrito se nos sirva un laberinto donde antes habla un territorio abierto. Eso que había definido lo urbano, que habíamos ganado en este barrio, empieza a ser imposible y nos acerca de nuevo a la tribu.

2 / DESCUIDOS EN LA COCCION:
No es improbable que algún día nos encontremos con el guiso urbanístico de nuestro barrio quemado, inservible, convertido en un mazacote más, como los que abundan en esta ciudad. Aparte de la distorsión en los ingredientes que estropean la original sustancia, la Ciudad de los Poetas no ha merecido el oportuno cuidado en estos más de veinte años de inconcluso desarrollo. En un alimento comunitario, como el urbanismo, todos tenemos la obligación de estar atentos, aunque el grado de responsabilidad sea directamente proporcional al poder cívico que se ejerza. Veamos algunos ejemplos correspondientes a la administración:
- Áreas de indefinición urbanística, abandonadas y sin conservaci6n.
- Específica ausencia de mantenimiento en los terrenos de propiedad municipal sin edificar.
- Falta de conservación de las redes de servicios y de las vías públicas.
- Negligencia en el seguimiento de las obras de los monopolios de servicios públicos: Gas, Electricidad, Teléfonos, Canal de I-II contribuyendo al deterioro físico.
- Burocracia y lentitud en el desarrollo de los equipamientos, y en la urbanización de la periferia.
- Falta de control sobre el aprovechamiento privado de la vía publica.
- Aparcamientos y plataformas de descarga privada ocupando calles transversales a Juan Andrés. Invasión de aceras por quioscos. Aparcamiento de grandes transportes sobre Antonio Machado.
- Ausencia de supervisión y acción subsidiaria en las obras de urbanización, algunas pendientes desde hace quince o veinte años.
- Nuevas áreas en desarrollo sobre El Cerro y Belmonte, Parque de María Luisa, bulevar Federico Carlos Sainz de Robles, nuevo Aparcamiento de Residentes (PAR), bulevar Camino de Peña Grande.
- Aplicación de normas represivas para el problema del tráfico y estacionamiento de vehículos, en lugar de reordenarlo (hay propuestas del correspondiente gabinete municipal desde 1979), completar la urbanización de la red viaria conectándola con el sistema periférico y ampliar líneas y recorridos del transporte público.
- Empobrecimiento y abandono de las fiestas propias de la Ciudad de los Poetas, sin un criterio coherente a cambio.
- Gestión también empobrecida del Centro de Servicios Sociales y del Centro Cultural, con desaprovechamiento de los edificios y locales, sujetos a un mantenimiento irregular.
- Burocracia y mala gestión en el problema de los vallados de los espacios ínterfases de la urbanización. Casi dos años lleva ya la tramitación de un expediente de derribo de cerramiento en el caso de la Cooperativa MERCURIO, Fase 12, por entorpecimiento de accesos comunes.
- Ausencia del necesario control sobre la estética de las nuevas construcciones, a pesar de ser una condición teórica del entorno urbano, divulgada y de común acuerdo y figurar además como obligatoria, tanto en las normas particulares del barrio, como en las generales de Madrid.
Pero responsable, a su nivel, es también el usuario habitante y, en primer lugar, por no ejercitar más asiduamente ese derecho frente a la administración. He aquí algunos de sus clásicos abandonos y descuidos:
- Transformaciones voluntaristas del exterior del hábitat, sin criterios sobre el entorno común general ni el más particular del edificio. Inicialmente justos y necesarios, esos cambios por mejora y adaptación de la vivienda a las necesidades, se realizan fuera de toda calidad constructiva y de correspondencia estética, contribuyendo a degradar el marco físico común y el valor de ese hábitat.
- Criterio restricto del sentido de propiedad, y consecuente obligación de cuidado y mantenimiento. En efecto, el sistema volumétrico de bloques abiertos en propiedad horizontal, que permite la liberalización del suelo común, no señalizado expresamente, provoca que ese sentido se reduzca al espacio expresamente delimitado de la vivienda, situación que se agrava por la diversa procedencia territorial de los habitantes y, por lo tanto, la ausencia de códigos fáciles, asentados y compartidos de convivencia. Como resultado de ello, todo lo externo a la vivienda no se reconoce como propio, y en ellos es posible permitirse, y tolerar, un uso menos responsable.
- Estratificación creciente del colectivo social que favorece la falta de contacto y la inhibición comunitaria y, consecuentemente, la inexistencia de una "visión compartida" sobre el barrio.
- Debilidad estructural, y de acción, de las organizaciones de base, absorbidas por la maquinaria administrativa y abandonada por el colectivo social, haciendo inviable el cumplimiento de su rol de liderazgo revindindicativo.
Sobre la indiferencia de los habitantes hacia su propio entorno (algo que sólo las nuevas sociedades urbanas profesan), podríamos aportar muchos más ejemplos, constatar hechos cotidianas que todos conocemos y, sólo a veces reprobamos, pero aquí, que cada cual aguante su propia vela, y agregue el que más le disguste, sin olvidarse, claro está, de la revisión de los propios.
Admitamos, como referencia justificadora, que muchas de las acciones negativas o no acciones de los habitantes, se deben a respuestas condicionadas por las omisiones, de mayor rango y ejemplo, que genera la misma administración pública, y un aspecto de ello es suficiente para comprenderlo: la responsabilidad por el acabado físico del barrio y su conservación, así como la de una urbanización adecuada de la periferia, incluyendo en ello la resolución de los problemas sociales, pobreza, marginación, alcoholismo, droga, paro, carencia de vivienda, etc., que sólo compete a los poderes administrativos. Su consecuencia es que los residentes en ese mismo espacio urbano, interiorizan la visión de un sistema urbanístico inestable, donde numerosos terrenos abandonados permiten o posibilitan e1 vaciado de de basuras, el uso como taller al aire libre, los asentamientos temporales convertidos en eternos, el vagabundeo de animales, la quema nauseabunda de materiales de deshecho, la proliferación de la inseguridad, etc.
Si todo lo que hasta aquí hemos apuntado, fuera valorado económicamente como lo que es, es decir, como una deseconomias sobre el valor activo del barrio, nos daríamos cuenta de su importancia. Pero su cálculo es complejo, y requiere una prolija acumulación de datos estadísticos difíciles de obtener. Por ello hemos recurrido a datos más "domésticos" que nos puedan hacer patente las diferencias existentes entre lo que vivir aquí nos cuesta, y lo que recibimos a cambio.

3 / CARO, UN POCO PASADO, Y MAL SERVIDO:
Recordábamos en los inicios de éste ya largo artículo, que cuando nos sentamos a la mesa el plato prometía ser, si no exquisito, al menos bien presentado, sustancioso y de buena digestión. En aquella sociedad madrileña de fines de los sesenta, tal posibilidad atraía a esperanzados comensales sin demasiadas posibilidades monetarias, pero con cierto deseo gustoso de compartir, democráticamente, mesas nuevas y mejor servidas. Quizás fue por eso que entonces, por el mismo tiempo, mientras arreciaba en España la búsqueda generalizada de nuevos horizontes, la Ciudad de los Poetas se pobló de personas y personajes provenientes de la izquierda cultural, científica, política y artística, lo que acab6 por granjearle el mimético nominativo de "ROJONIA". Tal vocación no podía menos que evidenciar-se en las primerizas urnas de la época:

VOTO ELECCIONES 1977/79 CIUDAD DE LOS POETAS / MONCLOA



(*) Media legislativa y municipal. Fuente: Estadística Municipal y Grupos Políticos locales.

En los últimos resultados electorales legislativas y municipales, el desencanto, la consolidación democrática, la reposición social en el barrio, y otras consideraciones por el estilo, muestran su reconocible zarpazo, trastocando los porcentajes y acercándonos más a la caracterización sociopolítica del distrito.

VOTO ELECCIONES 1986/87 CIUDAD DE LOS POETAS / MONCLOA


Fuente: Estadística Municipal y Grupos Políticos locales

Durante todo este periodo de diez años que van de 1979 al presente, el control político del distrito ha estado en manos de la izquierda (PCE en sus distintas versiones primero, y PSOE después). Como todos saben, ahora mismo y merced a una OPA POLITICA HOSTIL, estamos bajo el mandato consolidado del Centro-Derecha. Durante ese mismo tiempo, ha sido el barrio de Valdezarza, dentro del cual militamos municipalmente, el único en el distrito donde la izquierda ha mantenido su fuerza dominante, acercándonos a nuestros más próximos vecinos de Tetuán y Fuencarral. Y sin embargo, ¿qué han hecho nuestros administradores correligionarios para mantener esas posiciones y mejorarlas? Analicemos: Valdezarza es, dentro del distrito de Moncloa, el barrio que tiene mayor número de habitantes y familias, y el segundo, después de Argüelles, en densidad de población, número de viviendas y automóviles registrados. Durante los tres últimos años, Valdezarza ha perdido población en beneficio de los otros siguientes distritos madrileños:

SALIDAS de VALDEZARZA/MONCLOA a OTROS DISTRITOS MADRILEÑOS




La Ciudad de los Poetas ha participado de esa corriente migratorio que ha venido ha recambiar sus iniciales estructuras socioeconómicas. Con una población que ronda los 16.500 habitantes, la ocupación preferente es cada vez más la del sector servicios, que domina también en el distrito con un 77 % de la población ocupada. Es decir, el sector productivo punta de las aglomeraciones urbanas, que además demanda un mejor nivel de atención y servicios en todos los aspectos: educación, sanidad, cultura, hábitat, confort, información, etc.
Es esta la población que concibe, como micro entorno ideal de su vivienda, un sistema privado con equipamientos de ocio propio, sujeto a control, y todo ello ubicado en un distrito, como el de Moncloa, enclavado en la zona norte de Madrid, y privilegiado por su condición paisajística, de servicios sanitarios, de enlace con las principales carreteras de salida respecto a la sierra -localización preferente de la segunda residencia- y lógicamente sometido, por todas estas variables de cualificación positiva, a una continua y seria presión sobre el valor del suelo, cuyo principal foco de incremento es el entrono inmediato a la Dehesa de la Villa, y sus salvedades las bolsas de deterioro urbano sobre suelo sin desarrollar, pero dispuestos ya para la especulación, que hemos comentado.
Veamos algunos índices de ese crecimiento, no correspondido por los esfuerzos administrativos.


VALOR DE LA VIVIENDA E INCREMENTO EN RELACIÓN AL DE LA PESETA
Vivienda tipo 88 m2 / 1967-85-89


Fuente: Archivo propio y Tabla Valor Peseta, publicada por Banco Bilbao en1986

Si tomamos como referencia el año de 1985, el incremento real del valor de la vivienda, sin tomar en cuenta la depreciación de la Peseta, es del 72 % en relación al de 1967 (1.005.918 / 585.000). La pregunta sería entonces es: ¿A qué responde ése incremento real? ¿Es que ha habido alguna mejora del entorno, de los transportes, del nivel de urbanización, o de la calidad y cantidad en el mantenimiento? La respuesta, claramente negativa, nos permite deducir lo siguiente:
Parte de ese incremento se debe a la mejora en la construcción y su mayor costo, pero la mayor proporción de aquél se debe a un valor especulativo, es decir, a la expectativa de revalorización, pura y simple, del suelo y del inmueble. Y todos entramos en ésa carrera. (5) Comparemos los datos anteriores con los valores catastrales fijados para 1987 y la relación de los mismos entre los distritos más representativos:


VALORES CATASTRALES TIPO POR VIVIENDA. Promedio por Distrito 1987/88


Fuente: Estadística Municipal 1987/88, y archivo propio.

Estos valores, que en la realidad sólo alcanzan al 30 % del valor de mercado de las viviendas, están muy alejados de la actualización de los índices de valor del suelo que, por el contrario, han seguido en estos últimos años un camino de incrementos bastante paralelo a los valores reales de aquél. Ello ha contribuido a la fijación de plusvalías realmente espectaculares que han gravado extraordinariamente el precio de las viviendas. Pensemos que los índices oficiales se acercan mucho a unos incrementos ciertos próximos al 10.000 % entre 1967 y 1987, y que ese aumento repercute absurda y doblemente en el comprador de una vivienda. Por un lado, porque el vendedor lo incluye como revalorización en el precio propio de aquella, y, por otro, porque es el comprador quién, por delegación del vendedor, terminará pagando la tasa de plusvalía al municipio para poder escriturar el bien adquirido.
Dado que el desembolso por poseer, y mantener, el bien habitable no termina ahí, hemos intentado estimar el monto total de gastos en impuestos, inversiones y tasas que, anualmente, realizan las aproximadamente 5.000 familias de actuales habitantes en la Ciudad de los Poetas, prescindiendo de si son propietarios ó Inquilinos. Con ello intentamos comprobar la parte del gasto que retorna en mejoras y conservación del entorno, al que ya hemos denunciado como exiguo, inexistente, y maltratado. Veremos sí, como sucede en los malos restaurantes, estamos pagando más del necesario por una comida que cada vez merece menos ese nombre.


ESTIMACION GASTOS de la PROPIEDAD URBANA. Conjunto Residencial Ciudad de los Poetas. 1987/88. (5.000 viviendas aprox.)

Fuente: Estadísticas Municipales y estimación propia.

En resumen, que este barrio entrega al Estado, la Comunidad, el Municipio, y los Administradores Inmobiliarios, cerca de 1.500 millones de pesetas, anualmente incrementados, por los distintos conceptos enunciados, con la contrapartida supuesta de la mejora, mantenimiento, y uso de ese hábitat, aparte de lo que cada cual invierte en ello por su cuenta.
Consideremos que toda la urbanización nueva es pagada de hecho por los adquirentes de una vivienda en ella localizada, gasto inicial de inversión que debiera valer al menos para cinco años. Consideremos además que muchas de las inversiones municipales son en infraestructuras que van a servir intereses generales de la ciudad, ó localmente compartidos. Consideremos además que gran parte de los servicios socio culturales son pagados específicamente por el usuario. ¿Qué es, en definitiva, lo que retorna en inversión neta sobre nuestro barrio? ¿Acaso el desafortunado, y poco respetuosamente tratado, monumento a don Antonio Machado? ¿Quizá los especulativos aparcamientos para residentes, malamente urbanizados y con goteras? ¿A lo mejor el poco eficaz Centro Cultural Integrado, poco y mal utilizado, sucio, y descuidado? ¿La nueva y agresora vía semi rápida de Sinesio Delgado-Puerta de Hierro? ¿O la mal, y provisoriamente trazada, continuación de Antonio Machado? ¿Podría ser la escasa e intemporal limpieza de calles? ¿Los escuálidos transportes públicos, tal vez? ¿Las pavimentaciones interminables? ¿La desconsiderada reforma arquitectónica del Colegio Lepanto? (7) ¿O la inexistente conservación de los solares de propiedad municipal? Conocemos, por datos oficiales, dos ejemplos de respuesta a estas demandas:
1986 / Inversión de la Gerencia Municipal de Urbanismo para todo el distrito: 1.194 millones de pesetas.
1986-87 / Construcción del Centro Integrado Ciudad de los Poetas: 350 millones de pesetas.


Nos gustaría que se dieran a conocer las cifras completas de la inversión real en nuestro barrio. Un barrio cuyo valor de venta, correspondiente a la urbanización existente, así como a las más de 5.000 viviendas realizadas, se acercaría a los 100.000 millones de pesetas.

5 / Y PARA COLMO ¡NADA DE POSTRE!:
Al parecer, como sucede con los niños malos, no nos merecemos ni el postre. No nos merecemos que esto acabe bien, nos deje buen sabor de boca, y una digestión satisfactoria. Este asunto va por mal camino. Como les pasa a los guisos desaguisados, a las cremas domingueras, a las mayonesas matrimoniales, esto se ha cortado, y no hay quién lo recomponga. Los buenos ingredientes de un principio sobrenadan ahora en un caldo deshilachado, rancio, cada uno por su lado.
Quizá muchas vueltas, muchas manos, mucho probar. ¿Quién sabe en realidad cómo, y cuándo, debe ser y cocer la periferia? Y si no lo sabemos ...., si no lo saben, ¿Por qué no respetamos al menos las buenas recetas? Y encima sin postre.


Notas:
(1) -Se publicaron informaciones y trabajos de análisis en distintos medios y revistas especializadas, así como un muy cuidado Libro-Folleto editado y distribuido gratuitamente por la propia empresa promotora. Como curiosidad, en dicho folleto se presentaban soluciones de reforma realizadas en distintas viviendas por indicación de sus propietarios, lo que trajo aparejado una catarata de peticiones similares que, si bien la empresa atendió al principio, tuvo que terminar por rechazarlas, dado el costo económico que significaban.
(2) - Este sistema ha provocado, a pesar de su bondad, un confusionismo tradicional entre suelo privado y público no sólo en el caso del barrio que comentamos. Como se dice en el artículo, la solución a ello ha venido por el peor de los caminos, amparado en una corta interpretación de las normas de cerramientos del Plan General aprobado en 1985.
(3) - Este trabajo fue desarrollado por un equipo de profesionales residentes en la Ciudad de los Poetas, y vinculados a grupos de base del mismo. La fase final del trabajo, dividido en varios sectores, fue encargada a otros equipos técnicos.
(4) - Nos, referimos, lógicamente, a lo ya comentado en la Nota 3, es decir la norma específica de cerramientos establecida por interpretaci6n de la general para el concreto ámbito del APD/ 9-3, que es la forma clasificadora moderna del Plan Parcial Ciudad de los Poetasl, redactada de manera amplia y sin demasiadas consideraciones a la normativa original del Plan Parcial ó a las especificaciones de su Memoria vinculante, donde sí se definían unos espacios privados de uso público comunitario, compartidos como elementos urbanísticos de primer rango. La actual interpretación directa de esa nueva norma, permite vallar todos los espacios interiores con la excepción de los reservados a uso público, y para acceso de vehículos de bomberos y ambulancias. El resultado es un troceamiento laberíntico de los espacios comunes.
(5) -El precio, para una vivienda tipo como la usada de referencia, se ha disparado hasta los 16,5 millones de pesetas, independientemente de su antigüedad, estado, mejoras y demás valorizaciones. Desde el mes de junio pasado, ha prácticamente desaparecido la demanda capaz de solventar esos costos. Pero las abundantes ofertas se mantienen a esos niveles, a pesar de las restricciones crediticias que dificultan aún más las operaciones de venta.
(6) -Al tiempo que la redacción de éste comentario llegaba a su fin, surge la voluntaria aunque tardía contrapropuesta encabezada por las Asociaciones de Base: Cruce del nuevo eje por debajo de Antonio Machado. Dado que la memoria popular histórica, memoria pasiva colectiva, tiene también sus lagunas, cabe recordar que esa solución ya fue rechazada en los lejanos 1979 a 1981, cuando se redactaba el Programa de Acción Inmediata del Noroeste (PAI-Noroeste), como paso previo para la Revisión del Plan General, y justamente porque esa era la original y exagerada propuesta contenida en el Plan Especial de la Red Arterial de Madrid. El equipo municipal de izquierdas PCE /PSOE), que elaboró la Revisi6n del Plan con e1 acuerdo de las organizaciones de base, estimó que ese tipo de soluciones no sólo eran más destructoras del entorno, sino que activaban el uso indiscriminado del vehículo particular. Podemos agregar que, un paso subterráneo de ese tipo, generarla más ruidos, polución, destrucción ambiental e inseguridad vial, que la solución de cruce a nivel mediante semáforo o rotonda.
(7) - La reforma de los ventanales del edificio del Colegio Lepanto, que seguramente obedece a una normal interpretación de soluciones a problemas de humedad, pérdida de calor y control de soleamiento, atenta gravemente contra el responsable valor arquitectónico, de claro matiz racionalista de aquél, diseñado con elementos compositivos y constructivos próximos a arquitecturas tradicionales, y exquisiteces plásticas a la japonesa. En todo caso, es una agresión a un valor cultural positivamente más firme y destacable, que podría haberse obviado con mayor imaginación, análisis y respeto por el antecedente. Y no será la última transformación empobrecedora.

jueves, 11 de octubre de 2007

"LA SEÑAL". ¿Qué Señal?

(Comentarios a la película “LA SEÑAL”, de Mignogna, Darín y Hodara.)

Sí, cual es la que nos dejó Eduardo Mignogna, o al menos le dejó a Ricardo Darín, y resto de comprometidos con el proyecto, para poder llegar a ser nuestros interlocutores finales. ¿La entendieron? Porque la película, a desgana de lo que alborotan la mayoría de las críticas argentinas, o no, leídas, es pobre, lánguida, aporta escasa sustancia al recuerdo enriquecedor, y menos a la vivencia instantánea -sí, eso de ir al cine a disfrutar, cuanto menos-, y por todo esto se convierte en antigua y poco convincente. Un espectador se queja en INTERNET de que el crítico de LA NACIÖN de Buenos Aires debe haber escrito su comentario sin ver la película. Los que no leímos el libro y mucho menos el guión original, como la mayoría de espectadores, por supuesto, no podemos comparar, ni elucubrar acerca de que lo de Mignogna era mejor, más sólido y eficaz. Si presuponemos -el mismo Darín lo dice en repetidas entrevistas- que a la historia o guión primigenio se le han escamoteado, o alterado, cosas, con todo el derecho de sus re-creadores en hacerlo, podríamos acordar en ello. Pero…
Sí, pero…; por eso me preocupa qué nos quiso decir Mignogna, muy afecto y culturalmente acostumbrado, por sus raíces italianas y sus quehaceres porteños, a hacer señales, gestos, guiños, dibujos simbólicos en el aire cargados de matices y sentidos, y guardarse la explicación literal y verdadera para algún otro momento. Explica algún comentarista argentino que Mignogna acentuó bastante el escenario social y político en la historia literaria de esta película. Si es así, desde luego que en la película de Darin y aláteres el tema no puede estar más ausente. Pero lo curioso es que, en otras películas del creador de esta historia, pasaba lo mismo. El contexto social y político general aparece siempre anecdótico y lateralizado, como si fuera obligatorio, pero no sentido ni necesario a la trama principal.
Puestos a elucubrar, yo vislumbro la voluntad del autor en legarnos, mistéricamente, una cierta parábola de su propia vida -y quizás entrevisto final- curiosamente desde claves político-sociales y culturales fundamentales para él. Véase por ejemplo sus comienzos en el largo metraje con “Evita: ¡Quién quiera oír, que oiga!”, de 1983, donde se narra en forma de docudrama -género al que fue muy afecto e hizo extensible a su fecunda y muy elogiosa labor en mini-series televisivas-, la historia de los comienzos de Eva Perón como fenómeno social, político y popular. La llegada a Buenos Aires y el comienzo de la aventura vital de la que llegó a ser Primera Dama del país, al mismo tiempo que líder carismático de las clases populares. Y Eduardo Mignogna cierra su carrera con esta última narración-guión-película que no pudo llegar a dirigir, “LA SEÑAL”, historia crepuscular de dos detectives privados en pleno comienzo del final del régimen peronista, sintetizado en la agonía y muerte de Eva Perón.
Hay que recordar que el cineasta fue, como muchos de sus amigos y contemporáneos, criado y educado en parte durante los dos mandatos iniciales del régimen peronista, y vivió y padeció su aparente debacle bajo las armas en los 70, así como su ilusorio renacer en tanto movimiento empolvado y maquillado durante los 90. Por los ideales iniciales del Peronismo, confusa y dolorosamente rescatados en la omnimosa década argentina por la juventud politizada, se derramó gran parte de su esperanza y futuro. El propio Mignogna había casi completado su politización a mediados de los 60, durante su estancia en la España predemocrática, conviviendo con viejos luchadores antifranquistas, y asistiendo a la subterránea lucha por las nuevas libertades. Como es conocido, de vuelta en Argentina la concesión de los premios MARCHA y CASA de las AMÉRICAS terminó por obligarle a partir de nuevo hacia España, para volver finalmente a su país durante los finales años de la Dictadura.
Y más aún, los últimos trabajos literarios del premiado realizador argentino llevados a la pantalla, nos presentan mundos de búsqueda y fracaso, ligados a la historia argentina de los anteriores setenta años: “LA FUGA”, y “EL VIENTO”, con temas que inciden en la libertad y el destino, como en películas anteriores, bajo el trasfondo determinante de la ciudad, o el campo. Sin embargo, a pesar de los premios y de la generalizada crítica laudatoria, no han sido trabajos completamente logrados, pues en lugar de convertirse en frescos sociales cargados de emoción y realidad, como auguraban, se diluyeron en la anécdota personal de sus protagonistas tratados como arquetipos.
Siempre tuvo Mignogna un don especial para trabajar con el lenguaje de sus personajes y entornos, como en los libros de cuentos que lo hicieron conocido en el mundo literario: “Cuatro Casas”, o “La cola del cocodrilo”, por ejemplo. Tanto en LA FUGA, como en esta postrera LA SEÑAL, esa cualidad resalta en las palabras que expresan sus personajes, sin llegar a convencernos, en este caso, de que sea un lenguaje real y vivo, aunque sí posible, o al menos interesante. En la Argentina de los años 35 al 45 del siglo pasado, las películas de temática policial, o de serie negra, con personajes al borde de la ley, fueron habituales, en parte por el influjo de Hollywood, y en parte porque la crónica social y política del país producía sus propios e innumerables ejemplos. Aquellas películas, a pesar de intentar aproximarse a una realidad cierta, se quedaban en la anécdota, y los personajes se volvían seres de historieta, llenos de tics habituales, hablares plenos de esquematismos y frases hechas, que convertían las historias en algo vacío de contenido real. LA SEÑAL, tal cual hoy nos ha sido presentada como producto derivado de la creatividad y trabajo póstumo de Eduardo Mignogna, corre el riesgo de haberse perdido también en esos laberintos de irrealidad de la mano de sus finales realizadores, a los que sin embargo habría que elogiar por su valentía al afrontar este legado, así como por el cuidado tratamiento plástico y musical del film. En resumen: ¡Qué difícil es hacer arte con la vida, y encima si la idea no es tuya! Pero Eduardo Mignogna, como reza la dedicatoria del film, se merecía este homenaje.
Al tiempo que la película se estrenaba en España, la revista de EL País, Suplemento Moda, EP (S), publicaba un artículo de Marcos Ordóñez sobre las mujeres fatales del cine negro made in Hollywood, años 40/50. La portada avanzaba en titulares: “Vuelve el Misterio”, y acotaba más arriba: “Triunfa la sensualidad de las enigmáticas heroínas del cine negro”, lanzando una clara proclama de apoyo a la moda de las chicas falsamente vamp o fatales dispuestas a seducir a troche y moche. Por su parte, el autor del artículo en páginas interiores sintetizaba carácter e imagen de una verdadera vamp (cinematográfica) de aquellos tiempos: “Como en la copla, la vamp siempre es “la otra”, la que rompe hogares y utiliza su cuerpo como señuelo. Intriga, miente y manipula para conseguir independencia, dinero o poder. Y si no lo consigue arrastrará al hombre en su caída en un banquete de destrucción total. Si la vamp reina en el cine mudo y los albores del sonoro, la femme fatale es carne (nunca mejor dicho) de cine negro. Las historias detectivescas y los bajos (o altos) fondos son su óptimo campo de cultivo. El arquetipo brota y se establece en la década que va, aproximadamente, de 1940 a 1950. Las pantallas americanas se llenan de seductoras inalcanzables, mortíferas desde el primer beso, siempre fantaseadas por el hombre, pues hombres son los productores, directores y guionistas del Hollywood dorado.”
¿Que hay de todo esto en el personaje femenino, y su intérprete, en la película de Darwin y Hodara? Poca cosa, esa muchacha cautiva poco y engaña peor, y además, está muy desdibujada, como en la fotografía del cartel anunciador, detrás de los dos detectives. Y sin embargo es la causante de la trama, el leit motiv de esta historia llevada por el mal camino -quiero decir por el más trillado- del tango. Pero puestos a dejarnos seducir, nos quedamos con el estupendo jadeo de la novia del protagonista haciéndole el amor galopante, pre y post, mientras él, ausente, sueña con la femme fatale y su aparente fragilidad ante las circunstancias. Bueno, algo es algo.

Antonio di Lucca
arte_qdarte / Madrid

sábado, 15 de septiembre de 2007

EPISTOLARIO AMOROSO VIRTUAL


De: Clara Morgana
Para: Pablo Frías
Asunto: Soy yo
Enviado el: 21/9/05 19:48

Hola, “eclipse”, ¿estás ahí? Así te llamó ayer Jorge. Nada más verme me preguntó por ti, “¿sigue anochecido el eclipse de Pablo?” Quise contarle algo, pero fue imposible, sólo me dejó colocarle tres cosas: tu hijo, la enfermedad de Bárbara y el lío del proyecto; pero ninguna de las tres consiguió aplacar el enfado que tiene contigo.
Había preparado la ensalada de melocotones y canónigos que tú solías hacer en el apartamento de Piraillan. También estaban Carolina y Rénè y otros tres que yo no conocía: una pareja que debe estar trabajando con él en el teatro y otro que se llama Fernando y que no comió nada, sólo fumaba y se metía con todos, sobre todo con Jorge. No sé cómo le aguanta.
¿No crees que tendrías que hablar con Jorge?
Lo pasé muy bien, me gustó mucho encontrarme con ellos y trasnochar, aunque estuve a punto de no ir. Cuando se iba acercando la hora miraba mi sillón y la lámpara encendida, los papeles desperdigados por el suelo, la ropa amontonada en las sillas, el fregadero lleno, los discos fuera de sus fundas…y todo ello me parecían ramas y pajas de este nido mío al que llamo “mi casa” sin pensarlo siquiera (y sin pensar en Enrique, ahora que no está).
Una vez encontré un nido que se había caído de un árbol. Lo estuve mirando mucho rato y al final lo cogí y me lo llevé a casa. Cuando iba en el metro con el nido sobre las rodillas, la señora que estaba sentada a mi lado se puso de pie y me miró con asco. En el entramado de palitos y hierbas, el pobre pájaro de ciudad había trenzado envoltorios de caramelos, chicles usados, cintas de cassettes, una media perdida de color carne y algunas colillas de cigarro. Así me parece que es ahora lo que tengo a mi alrededor, mi casa, mi relación con Enrique, mi trabajo, y mi amor por ti, un batiburrillo de hilos que no llegan a formar una madeja, que abrigan a ratos y que, de repente, pueden dar asco.
Hay días que me parece que he olvidado tu cara. Me levanto y sólo consigo recordar algo de tu frente o tu pelo, como un pastel difuminado. Entonces salgo a la calle y me noto caminar más ligera. Lo que hay es lo que hay, me digo. Camino por las calles, bajo hasta la Plaza de Rey, tomo un café en el bar de Pedro, y no siento ningún miedo de desviarme hacia los lugares en los que estuve contigo alguna vez, porque son otros, no queda nada de ti y de mí en ellos, como si nunca hubiéramos existido allí ni hubiéramos hecho planes juntos. Esos días vuelvo a casa menos cansada por la tarde y, en cuanto me descuido, estoy sentada ante el ordenador escribiéndote y contándote que no me he acordado en todo el día de ti. Entonces te odio, y esa noche duermo fatal.
Te quiero.
DE: Pablo Frías
PARA: Clara Morgana
FECHA: 04/10/05
HORA: 20,30

¡Alo mon petit chatte!
Te escribo desde Mallorca, llegué el lunes por la noche. Ayer pude ver el eclipse casi como en Madrid. Fue de improviso, quise avisarte, pero ya sabes... Mi empresa me ha enviado con urgencias a preparar la selección y formación del personal para la nueva tienda en Palma; cuestión de una semana, quizás diez días.
Me gusta lo de "eclipse", típico de la compleja y desbordada imaginería del Jorgito, no por nada fue publicista antes que teatrero. Teatrero lo sigue siendo, pero acierta con el momento, esta inquietud solar. Te noto caída Gatita, pero me encanta como lo explayas, entre ese caos de recuerdos y cosas que no sabes, ni crees, si están o no, si son o no. Conozco tus abandonos, tus resignaciones, tus "bonjourtristesse", tus derivaciones del todo a la nada, y tus fecundos renaceres. Ninguno de los dos extremos existe, tú misma lo reconoces y te animas después del apagón. Sin embargo me fascina cuando te pones así, lánguida, mimosa, quejica, tanto que dan ganas de lamerte y hacerte ronroneos. Te prefiero vigorosa, animada; cuando sacas las uñas, te revuelves y peleas. ¡Ay, mi gatita sobre el lecho de almohadones, y caliente!
Eclipse, eclíptico, ecléctico, clepsidra....Sí, suena bien, como gotas de agua en una fuente. ¿Sabés que además puede ser "la inmersión total o parcial de un cuerpo celeste que brilla, por reflexión de la luz de otro, en la sombra de un tercero". Complicado. Ahora -¿antes?- quizás del tuyo, por la luz de algún otro sobre la sombra de Enrique. ¿Decime, lo querés todavía, o simplemente añoras su absoluta estabilidad burguesa?
Jorgito no te lo dijo todo. De todas formas lo reconozco, a veces soy oscuro, se me apaga la luz, me autoeclipso, y hago mutis por el foro. No es necesario que alguien me haga sombra, es una de esas limitaciones que soy capaz de reconocer, asumir, pero no vencer. Vos lo sabes, lo padeces. Lo cierto es que al Jorgito, a tu admirado actor, lo sacudí saliendo del paddle hace ya más de un mes. Me dolió hacerlo, pero se puso pesado, me subvirtió la amistad y las aguantaderas. Arrancó con eso de que no te trato como te mereces, que te niego lo que necesitas, que no te...., lo suficiente -ya sabés- que necesitas mucho más amor, y sobre todo más sexo, del bueno, y que yo no sé, no quiero, o..., no puedo dártelo, y que por eso te alejas, te apagas, te entristeces. Y ahí justo me encajó el final de la escena, así, de sopetón melodramático: "¡Si no eres capaz con ese pedazo de mujer..., es que..!" Lo soltó como hacia el aire, dejando el colofón colgado, como los viejos actores de recitado, haciendo casi pucheros, sin atreverse a terminar la frase, a dirigirla a mí. Luego se puso tierno, acercó su mano y acarició mi cara. "Pablo, soy bisexual, no quería reconocerlo, pero la vida de teatro me ha abierto los ojos...", terminó sin dejar de actuar, con una descarada mirada de soslayo. Y entonces, con todas mis fuerzas, para ver si reaccionaba, le aticé una cachetada que fue a darle justo en la parte superior de la mejilla izquierda. Supongo que de ahí le viene lo de "eclipse", de su ojo a la funerala. Desde entonces no quiero verlo, prefiero mantenerlo en la oscuridad, al menos por ahora. El Fernando de la reunión es el supuesto amante que se ha echado en esta etapa de auto descubrimiento de su "sexualidad diversa", mientras no deja de cojer con Carolina; sí, has leído bien.
Gatita, me preguntas tantas cosas que me siento incapaz de contarte ahora sobre todas ellas. Mi semi-ex, el hijo con ella, mi proyecto. ¿Cuál?; tengo tantos e inútiles. Y sin embargo todos están conmigo de alguna forma. Bárbara sigue odiando la camiseta con tu gata estampada, y "Las Flores del Mal", con esa dedicatoria: "Al hombre más maravilloso que conozco", tus primeros regalos públicos y desafiantes.
Me alojo en el hotel donde estuvimos juntos por primera vez. ¿Te acordas? Es mi forma de quererte, de pensar en ti. Paseando por la playa recordé aquellos versos que te enlacé entonces, mientras hurgaba en tu cuerpo tendido: Cuerpo de mujer en la playa, / me confunde tu soledad de arena, / esa dulce desgana, tu abandono, / el resplandor solar sobre tus dunas, / la oscura incertidumbre imaginada de tus huecos, / el vuelo esperanzador de tu bikini / agitado por el aire.
Chau Gatita; miau-miau y frou-frou.

DE: Clara Morgana
A: Pablo Frías
FECHA: 18/01/06
HORA: 19’30

Mi querido entomólogo: ¡Cómo me fastidia no poder dejar de pensar en ti! Me fastidia tanto que me callo durante meses. Ayer releí tu último correo rescatado del fondo del cajón a donde va a parar todo lo que no tiene lugar en mi casa: los papeles del banco, la publicidad del buzón que olvidé tirar o se escapó quién sabe por qué de su condena a la basura, los restos de algún recuerdo, mecheros gastados, alguna bolsita de azúcar de alguna tarde de café y conversación, la pluma estilográfica que olvido siempre llevar a reparar… Y allí estaban tus palabras que imprimí en un papel para poderlas llevar en el bolsillo y que me calentaran las manos en este invierno tan frío. Las llevé allí una o dos semanas, créeme, hasta que me di cuenta de que me mordían, me daban picotazos en la palma de la mano derecha,…y tuve que volver a meterlas en el cajón.
Ayer las encontré y tuve que enfrentarme de nuevo al desconcierto y la ira que me provocan. La ira es por sentir que tú me tratas como a un insecto, una bonita mosca verde a la que observar en las pesadas siestas de agosto, una mosca entre tantas moscas, una mujer entre tantas mujeres que tú pareces conocer en “su verdadera esencia femenina”. Es como si me dijeras: “Las mujeres sois así, gatitas mimosas que buscan el refugio burgués en el macho-marido, aunque a veces saquen las uñas, pero para que disfrute el macho, no porque tengan algo importante que decir”. Unas histéricas, en fin.
La ira es también contra mí misma, por mi propia ira que no deja de ser aceptar tu juego y sacarte un poquitito las uñititas para que tú me quieras más o te resulte más interesante y corras a mi lado porque no te quede más remedio (¿para medirte a ti mismo tus fuerzas o tus mañas de macho?)
Y luego viene el desconcierto: ¿Cómo puede ser que yo me enfade contigo y te diga estas cosas, a ti que eres mi amor? ¿Cómo puede ser que, al mismo tiempo que pienso esto, me acurruque por las noches en tus brazos y sienta tus manos por mi piel trazando caminos lentos que me llevan al sueño y a la añoranza de ti?
Explícamelo, si puedes. No, mejor no me lo expliques,…odio tus explicaciones para todo. Me gusta cuando eres una excepción a ti mismo.
Te quiero
Olga.

P.D.- En lo de Jorge te has colado; los actores son muy peligrosos, sobre todo cuando son buenos. Y Jorge está mejorando muchísimo. Si le ves otra vez síguele el juego, él está seguro de haber bordado el papel contigo, tu bofetada ha sido su mejor galardón, no le defraudes.


DE: Pablo Frías
A: Clara Morgana
FECHA: 26/02/06
HORA: 13,30

Vuelvo a estar lejos; otra vez la pulsión expansiva de MUJER & HOMBRE me centrifuga de ti. ¿O es tu amiga Mamem? Lo sospecho; más que eso, tengo sutiles evidencias. Siempre te agradecí que me presentases a la brillante psicóloga industrial, me salvó, me salvasteis ambas de la ruina moral y material en que había caído desde la separación con Bárbara. Pero la Mamen no da puntada sin hilo, he llegado a la conclusión de que te tiene celos por mí. Perdona si me pongo un cachín chuleta, pero creo que se insinúa, suelta cosas, y como no le hago caso termina por enviarme a provincias, a levantar otra bandera del imperio. Hace poco me soltó: Pibe, como decís vosotros, eres bueno en lo tuyo, por eso voy a hacer contigo lo que Cómodo con el Máximus-Gladiator de Rusell Crowe, -¡qué tío más bueno!-. Ya sabes que soy cariñosa, y pago bien los esfuerzos, no por nada me llamo Mamen, me gusta, además, ves, me cae al pelo titi. Buenas tetas, no me digas que no, atenta con sus cachorros para que se alimenten bien y crezcan, ¿comprendes? ¡Mamen, mamen! Se sonreía mientras repasaba su cuerpo con esas manos regordetas y cierta lascivia de película. Me recordó a Demi Moore en “Acosado”, versión española del destape. Yo pensé en el Mobbing, pero sé que es una cachonda, que le gusta divertirse. De todas formas me preocupa, sí piba, tu amiga me quiere troquelar, y a vos quiere robarte el novio. ¡Para lo que me sirve!, dirás. ¡Siempre lejos y atacado de nostalgias, machito de tango de salón!... ¿no? Sí, y que. Te juro que para mí sos LA MINA, así, con mayúsculas, o en mayúsculas. No te rías, lo sabes, te tengo pinchadita en la pared, junto a Gardel, Evita y Mamá, no como vos que me tenés en el cajón de las cosas olvidadas, o escondidas, ocultándome, engañándote, relegando ese amor-dolor hasta que consigas aclararlo con lejía transaccional. Y yo penando por ti, por tu cuerpo, por tu meticulosa necesidad de ser mujer persona, por tu alma jugando a rescatarte de ser mujer-mujer. Perdona, es que me duele que a veces quieras quererme, y no quererme, en puro arquetipo.
Me lo dice Jorge, al que he vuelto a ver. Hablamos, se explicó, me expliqué, nos perdonamos mutuamente, soltamos alguna lagrimita y besitos hetero, y al final me desveló su secreto. Quiere montar “Filadelfia” para teatro, pero la quiere retitular “Chueca”, así, con transferencia de historias y temas. De ahí sus flirteos con la Bi, me confiesa. Después volvió a insistir en eso de que yo tenía mucha suerte con vos, que una hembra así, tan persona, no se encuentra todos los días. Y entonces, puestos a confidenciarnos, le chamuyé lo de la Mamen. Creo que fue entonces cuando me percaté del asunto, algo que venía percibiendo en el aire se convertía en realidad plausible. Y le hablé de vos, de como a veces me absorbes el cuerpo y el alma y me dejas languideciendo, de cómo te necesito y me obligas a necesitarme, a reconstruirme.
Y ahora estoy aquí, lejos otra vez, seleccionando y aleccionando post adolescentes a la búsqueda de su primer trabajo flexible -las muchachas tan vivas y hermosas- para que sigan vendiendo hasta la extenuación ropa de M & H en provincias. Soy un romano convertidor de fronteras, dice la Mamem.
Y decime piba, Clarita, Claraza, si sos una hembra, que dice Jorgito, tenés que bailarte un tanguito conmigo, bueno, al menos oírlo, cantarlo. ¡Dale, mirá!, aquí suena uno del gran Celedonio. Te lo paso en letra...; que a veces sospecho este va a ser mi futuro contigo si seguís abriendo y cerrando el cajón.
“Llegó el coso cansado del laburo, y haciendo / un esfuerzo inaudito en un papel leyó: / “Porque estoy hasta el tope de vivir padeciendo / me decido a dejarte. Perdoname, Margó”. / Fue tan seca la biaba que la mente turbada / como herida de muerte al momento quedó. / Reaccionó de repente: iba a ir a buscarla, / más, como era canchero, al impulso lo ahogó. / Ya ni cierra la puerta, tiene el pálpito fulo / que a la larga o a la corta al bulín volverá. / El no ha dicho ni medio, pero con disimulo / en el patio comentan lo cambiado que está. / Pero ella no vuelve, y se extingue una vida / en la tarde tranquila, bendecida de sol. / Es la historia de siempre: una mina perdida / y una pobre esperanza conservada en alcohol.
¡Bueno…! Un besote donde sabés, ahora que te acabas de encender entre la ira y la pasión, y casi casi estás bailando con el portátil.

DE: Pablo Frías
A: Clara Morgana
FECHA: 16/07/07
HORA: 16,30

¿Y que pasó? Sos más verás que el tango que te lancé en mi última para ver si reaccionabas, para comprobar si te dabas cuenta de todo lo que me desespera que me dejes, que me olvides, o peor aún, que juegues a gatitas y ratones. ¿Qué necesidad? Ha pasado más de un año desde entonces y no he podido volver a acariciarte ni a perderme en tus brazos por el laberinto de esas negras sábanas de satén. Me niegas, me rehúsas, me abandonas sin excusas ni ceremonias. Eso me empuja a creer que te sientes culpable, que recurres a los amigos comunes para crearte una falsa muralla de protección. Tengo la mesita de noche llena de borradores de cartas imposibles, entre la desesperación y la renuncia, entre el perdón y el rencor, pero sin ser ninguna la verdadera mensajera de mis confusos sentimientos.
Entre tanto, ya sabrás que la astuta Mamen me mandó a mi país a armar una posible sucursal central latinoamericana y me ha tenido allí, retenido y sólo, durante casi seis largos e imposibles meses. Mi única salvación han sido las pibas porteñas, cada vez más deseables a la par que inteligentes, cariñosas, solidarias y desprendidas; lo que puede un proceso de destrucción y renacimiento. Te lo juro que si no hubiera sido por tu recuerdo no hubiera vuelto, me estaba mal acostumbrando a tener allí lo que aquí me niegas. ¿Hasta cuando?
Antonio di Lucca (et alt -MAJG-)
Transitorio



domingo, 2 de septiembre de 2007

¡REBAJICAS!

(Cuento al 60%)

Que la vida es un sueño no se me ha ocurrido a mí, pero lo constato a diario. Justamente es soñando o ensoñando cuando yo capturo o pierdo para siempre las mejores sensaciones e ideas, las imágenes ciertas de una realidad que sólo se puede vivir del otro lado de la consciencia, y que es, sin embargo, más verdadera que la cotidiana que se vive de cuerpo presente. Soy freudiano, y casi lacaniano hasta las médulas, y creo que en la revelación de los sueños está nuestra auténtica y latente circunstancia vital, pero debo admitir que la llamada realidad cotidiana y consciente también se vive a veces como un sueño, tan irreal y profundamente reveladora como se muestra, tanto como te impacta haciendote comprender cosas hasta entonces inexplicables, o sobre las que nunca habías reparado antes por abstrusas. Esta es una historia que nunca podré saber si fue soñada o vivida por sus protagonistas, pero les juro que sucedió de verdad, o al menos así me la contaron.
Iban los cuatro paseando, como se pasea relajado, disfrutando de todo y sintiendose lejano y descomprometido en una ciudad que no es la tuya, sobre todo si se trata de una ciudad más pequeña que la tuya, una ciudad capital de provincias, una ciudad sin alboroto ni ajetreo, ni comercios complicados y monstruosos, comercios donde se puede libar felizmente de los escaparates el modesto néctar que alivie el deseo insatisfecho del consumo que alimenta tu ego.
Mercedes y su marido, Antonio, Beatriz y el suyo, Roberto, caminan felices por las peatonalizadas calles, las mujeres juntas, varios pasos por detrás de Antonio y Roberto, o algunos pasos por delante, que en esto no hay discriminación. Cada par sexualmente análogo hablando distraídamente de sus cosas, sus pequeños o grandes intereses vitales, contentos de ser desconocidos en la pequeña ciudad capital de provincias, satisfechos por sentirse más ilustrados, quizá más cultos, tal vez más viajados que los habitantes natos, seguros de poder comprender, sin complicaciones, la vida que sucede en derredor. La pequeña ciudad dispone de una amplia zona central para peatones, el viejo centro, la zona de comercios y servicios, administración, cultura, bancos, bares y restaurantes. Todo es agradable, sencillo y breve, incluso la temperatura que resulta templada y amable para el invierno de esta urbe casi mediterránea, que invita a despojarse de abrigos y chaquetones.
De eso mismo se queja ahora Mercedes a Beatriz, de que Antonio no tenga “un buen chaqueton”, que siempre deba usar el mismo, llueva o no llueva, y que para variar termine por endosarse sólo el vistoso forro reversible de ese único que tiene, y eso si la temperatura se lo permite, claro. Se lo dice a Beatriz, que ayer mismo ha abierto la caja de las ilusiones personales y colectivas comprandose un par de zapatos muy rebajados, a un precio que sería impensable en la gran ciudad, a un precio que ha arrastrado a la propia Mercedes, siempre más dudosa, más selectiva, a hacer lo mismo Pero ignoro si Mercedes se ha quedado tan contenta como Beatriz, con sus zapatos nuevos de marca italiana, delicados y suaves, cómodos.
Hay por eso una cierta ilusión de compras, de tener algo nuevo, en el ambiente que todos comparten. Ellas, siempre más dispuestas e inquietas, ellos más remisos, más retraídos, quizá racional, cultural, o forzadamente menos consumistas. Sin embargo, ambos maridos no dejan de estar atentos a algunos escaparates, aunque se quejen de que sus mujeres se detienen frente a casi todos. Mercedes no cesa de recordarle a Antonio que debe comprarse ese bendito chaquetón. Un abrigo corto que te permita cambiar, le insiste, para que aproveche las rebajas y el tiempo de que disponen ahora, paseando alegre y relajadamente por esa ciudad tan agradable.
Está anocheciendo, y una ligera humedad procedente del cercano río cae junto con la noche sobre las calles, mojando el empedrado sólo para peatones y aterrizando sobre la ropa de los viandantes en forma de pequeñas gotas. Los comercios están cerrando y hoy es sábado, ya no da tiempo a casi nada. Por eso Antonio y Roberto se afanan por ver si tambien ellos encuentran algo en los escaparates donde aún no se han apagado las luces. La alegría de sus mujeres después de haber comprado ese calzado, tan bueno y barato, les ha dado el empuje que necesitaban ¡Ah, y sobre todo las incansables recomendaciones de Mercedes para que Antonio se compre el dichoso chaquetón! Liderados por Roberto, corren todos hacia una tienda que ofrece camisas, pantalones, chaquetas y abrigos en los deslumbrantes escaparates. No está mal lo que ven pero ya no queda tiempo, están echando el cierre. Mercedes compromete a su marido a volver el lunes por la mañana; antes de partir para Madrid tienen tiempo, arguye. Esas camisas no están mal y tienen buen precio, además la casa es conocida, “de marca”, insiste Roberto, que parece tener mayor experiencia o curiosidad en esto de las modas, telas y calidades. ¿Y esa chaqueta?. No sé..., no sé. Se desilusionan todos un poco por que les han cerrado la puerta en las narices. El lunes, sí, el lunes volvemos. El muchacho que está echando los cierres les sonríe con cierta ironía por detrás del escaparate, contento por haberse adelantado a la hora exacta. Diálogo de voluntades y miradas contrapuestas a través de los cristales.
Siguen caminando, ya sin esperanzas de encontrar nada abierto; ahora sí que ya es tarde. Ahora piensan que deben ir a cenar, o a picar algo. ¡Hay tantos sitios estupendos...! Al doblar la esquina sobre la gran plaza, Roberto da un grito de alerta: ¡Chaquetón a la vista por nueve mil novecientas!. ¡Imposible!, se alborozan y sorprenden los amigos. ¡Y camisas de algodón. Dos por cinco mil! ¡Pero bueno..., el lunes aquí!. Todos se muestran de acuerdo repasando una por una las ofertas del escaparate. Es un comercio no muy moderno, seguro que todavía no lo han actualizado del todo, pero al menos han comenzado a transformarse por el nombre y su imagen. Una mediana tienda de ropa tradicional, en una buena esquina de la zona comercial peatonal de la ciudad capital de provincias, se suma a esta locura de nombres y rebajas de moda. “HOMBRES & MUJERES / Clothing”, reza en profusión sobre las cristaleras, insertado en un gran óvalo de papel color miel y con letras del viejo oeste americano, el moderno rótulo de la vieja tienda, En los enormes escaparates que corren por toda la fachada y se adentran hacia la puerta que se abre hacia el interior del zaguán, justo en el chaflan frente a la gran plaza, se alinean en pilas, colgadas de maniquies o pinchadas sobre la pared, con la intención de que parezcan casi habitadas por personas inexistentes, las camisas, pantalones, suéteres, chaquetas, vestidos.... Y sobre todo, ese bendito chaqueton de paño gris oscuro y textura de finos surcos a un precio increíble. ¿Será de lana?. No, seguro que es mezcla; está muy barato. ¡Tienes que comprártelo!, le dice una vez más, ahora con énfasis triunfante, Mercedes a Antonio. Roberto se convence de que tambien debe y puede comprarse algo, alguna de esas camisas que se abultan en un montoncito de varios colores, y que es lo que más le llama la atención. ¡Mira que tela!. Parece buena. ¿No crees?. Es lo que le dice ahora Roberto a su mujer, Beatriz, dispuesto a quedarse con las dos que ofrecen por cinco mil en total; sí, esas de color gris ocre, y de paso ver si hay alguna otra cosa que le pueda interesar. ¡Ah, qué trabajo dan estas rebajas!, parece que se quejan todos. En la puerta de entrada a la tienda que se hunde en el zaguán de la esquina, rodeada por marco de madera repintada de oscuro barniz antiguo, un breve cartel blanco pegado detrás de los cristales anuncia los tiempos posibles de la compra:

“MAÑANAS: DE 10,00 a 14,00 Hs. / TARDES: de 17,00 a 20,30 Hs.”

¡Volveremos!
No había otra solución que esperar hasta el lunes, pero no fue fácil. El domingo lo pasaron bien, disfrutando de un hermoso día soleado y de un temprano recorrido turístico por la ciudad, pero sin dejar de pensar y organizar las compras de rebajas del día siguiente. El recorrido, gratuito y a pié, se anunciaba en un folleto que encontraron en las habitaciones del hotel:

¡GRATIS!

Visite el Casco Histórico acompañado por expertas guias del Ayuntamiento.
Sólo Domingos, de 10,00 a 13,30 hs.
Salidas: Ayuntamiento, puerta principal.

La hora 10,00 volvía a marcar el ritmo turístico de nuestros amigos. Tuvieron que levantarse más temprano de lo deseado para realizar un recorrido que no iba mucho más allá de lo que ya conocían Beatriz y Roberto. La guía, una simpática muchacha morena local convenientemente maquillada, había sido bien aleccionada para no robarle clientes gratuito al tour operator de pago que cedía sus servicios al municipio. No se podía decir menos y con tan poco interés en menos tiempo, o digamos que de interés exclusivamente anecdótico, pero sí se podía conversar de otras cosas, y la chica aquella, pequeña, muy amable y simpática, se reía de casi todo. El conocimiento de la ciudad y sus monumentos acabó diluído como un reportaje de páginas centrales en una revista de fin de semana. Por la tarde fueron a visitar a unos amigos de Beatriz y Roberto que residían fuera de la ciudad, luego volvieron al hotel, cenaron relativamente pronto y se acostaron más pronto aún, dispuestos a estar frente a la entrada de HOMBRES & MUJERES / Clothing, diez minutos antes de la hora de apertura, no fueran a toparse con un avasallador río de aventajados rebajeros locales, gente siempre decidida a acabar con todas las existencias de chaquetones y camisas sólo por fastidiar, llenar el armario, y aplacar la gula rebajera..
Desayunaron de camino, en un bar que se abría sobre la hermosa y soleada plaza de la catedral, apenas una bebida caliente y un bollo, dejando de lado el grato y relajado Desayuno Continental del hotel, caro, pero suficiente incluso como para ahorrarse el almuerzo del mediodía. Cosas de turistas. Aún queda tiempo todavía, así que van acercandose hacia la tienda de las rebajas prometidas dando un pequeño paseo, mirando escaparates, ofertas y rebajas como para confirmar que habían elegido las mejores de todas. A las 9,55 en punto estan frente a la puerta de la esquina de la ya famosa “HOMBRES &.... Los cierres levantados, las dependientas avisorandose por partes y deformadas a través de escaparates y cristales, como en una pintura cubista, afanándose al parecer en la preparación de los artículos, y en la limpieza y arreglo del local. Se cumplen ya las diez de la mañana, luego las diez y cinco, las diez y diez...Ninguna de las tres o cuatro empleadas que se encuentran en el interior hace el más mínimo gesto que pueda dar a entender que se disponen a abrir la puerta. Una mujer de mediana edad comparte ahora con nuestros amigos la espera. Ha llegado un poco más tarde que ellos, y se pasea nerviosa por delante de la tienda, observando y tomando nota de todas las ofertas que se exponen. En cada una de esas inspecciones se demora frente al chaquetón colgado que Antonio se ha reservado voluntaria e imaginariamente para sí. Eso comienza a intrigar, y a preocupar, a los cuatro amigos. ¿Sería el último que quedaba?. ¿Estaría reservado para esa señora?.¿Sería ella capaz de entrar antes, a empujones, despreciando el turno y la debida cortesía para con los visitantes? Los hechos que se incardinaron poco después vinieron a aumentar esa preocupación.
Las empleadas de la tienda acaban de iniciar un movimiento extraño, como si se retiraran hacia el interior del local o no desearan ser observadas, ni exponerse a ser requeridas por los cada vez más impacientes clientes. Poco después de las diez y doce minutos, rompiendo la tensión que se está creando entre los de adentro y los de fuera, una de las muchachas se acerca decidida hacia la puerta, todos los que aguardan fuera suponen entonces que por fin será abierta. Pero no es así. La muchacha lleva un papel blanco en la mano, casi oculto, y lo despliega frente al cristal interior de la puerta, luego lo fija con cinta adhesiva. Escrito a mano, con grandes e irregulares letras de color azul, se anuncia sin ninguna otra explicación:

Hora de apertura
10,30

Roberto y Mercedes, junto a las otras personas que comparten espera, intentan conseguir más explicaciones. La dependienta que ha colocado en aviso se retira corriendo hacia el fondo de la tienda, como asustada ocultándose, lanzando antes un extraño gesto con la mano que nadie sabe o puede interpretar. Roberto, enfadado, nerviosos, golpea el cristal tratando de llamar la atención. La que parece ser la jefa se acerca, abre ligeramente la puerta, y suelta nerviosa a manera de explicación, lanzando la voz por la estrecha rendija: -Estamos haciendo el inventario,; no podemos abrir hasta las diez y media. Gran sorpresa de todos que no aciertan a explicarse la situación. ¿Si están haciendo el inventario cómo es que anuncian rebajas y hora de apertura?. ¿No será que no ha llegado todavía el dueño?, y otras conjeturas por el estilo.
Durante un tiempo interminable, toda la escena parece detenida en el tiempo, los ansiosos clientes frente a los escaparates, recorriendo de un lado para otro el perímetro esquinado de la tienda. Dentro, las casi inmóviles y ocultas empleadas han adoptado la actitud de No Pasa Nada-No Pasa Nada, que justamente se adopta cuando pueden pasar infinidad de cosas y no se tiene ninguna capacidad para evitarlas. Entre medias, los escaparates y con sus maravillosas rebajas en tierra de nadie, exhibiéndose como ejemplares de un mundo desconocido. ¿Se harán con ellas los compradores? ¿Conseguirán defenderlas hasta la extenuación las empleadas?.
Beatriz dice, con cierta voluntad de desentenderse, que mientras tanto las chicas se deciden o no a abrir la tienda prefiere tomar algo caliente, que hace frío, que la mañana todavía se mantiene fresca. Roberto decide acompañarla, mientras Mercedes con Antonio se resuelven a montar la guardia frente a la tienda, no fuera a suceder que la señora inquieta y otros posibles compradores que han ido apareciendo se les adelanten. Beatriz y Roberto comentan los sucesos acodados en la barra de la cafetería situada justo al otro lado de la tienda. Roberto observa que frente a ésta se organiza un breve revuelo y que la gente por fin puede entrar, cuando pasan pocos minutos de las diez y media. Y ve también que al cabo de unos breves momentos sus amigos salen de la tienda, y entran en la cafetería, expresandose con gestos de enfado y asombro. Las empleadas les acaban de decir que no se puede vender nada, y menos el chaquetón por que está reservado.
Los cuatro amigos deliberan. ¿Qué hacer?. Mercedes pide a Roberto que haga algo, que ella quiere protestar como sea, hacer una denuncia. Roberto asume a regañadientes el papel de abogado defensor, o de cliente airado. Sale, se dirige a la tienda seguido de cerca por los otros que han decidido volver a la carga, pero todo es inútil.
No hay quién pueda comprar nada, las dependientas se niegan en redondo, no están ahí para eso. ¿El chaquetón?. ¡Ese menos que nada!.

Roberto alcanza a tantear con sus dedos la calidad de las camisas que quería comprar. Ahora ya no siente deseos de hacerlo, prefiere ser solidario con sus amigos, si ellos no pueden él tampoco. Todos se revuelven crispados ante el absurdo al que se enfrentan, miran a las dependientas, estas les devuelven una mirada desafiante, como diciendo: ¡Vamos hombre, aquí no compra nadie!. Los demás clientes dan vueltas por la tienda, desesperados, como fieras enjauladas y hambrientas, sin nada que poder comprar a pesar de las apetitosas rebajas. Las chicas que deberían estar atendiéndolos miran con los brazos cruzados, vigilan, y ante los requerimientos y quejas de los potenciales compradores insisten con machaconería cada vez que alguno señala una prenda: ¡Eso no; aquello tampoco!.
Nuestros amigos se marchan, cabizbajos, desilusionados. Recorridos unos doscientos metros se detienen, se vuelven, y contemplan por última vez la tienda de ropa de la esquina, el cartel con letras del viejo oeste “HOMBRES & MUJERES, Clothing”. Gentr que entra entusiasmada y otra que sale gesticulando, como malhumorados. Sobre la puerta de entrada acaba de aparecer un nuevo cartel escrito apresuradamente, a mano, en grandes letras rojas:

¡REBAJICAS!
(Si puedes las compras, y si no... te picas.)

SANTO-SANTO


¿Santo? Santo puede ser cualquiera de nosotros, incluso sin hacer esfuerzos especiales para lograrlo; tampoco hay que ponerse trascendentes. Santo fue un tío mío, quizás porque le pusieron tal apelativo como nominativo, y vaya a saber por qué se sintió obligado. Dice el diccionario, al que siempre hay que volver para re-entender estas cosas: “El Nuevo Testamento designa como santos a todos los bautizados, pero en la tradición posterior, el apelativo quedó circunscrito a los cristianos de vida ejemplar”. Bien sí, pero ¿y si se trata de un Santón de la tradición oriental? Pues al respecto dice el diccionario: “El que profesa vida austera y penitente fuera de la religión cristiana. Especialmente del mahometano que hace esa vida”. ¿Y que pasa con las otras religiones? ¿Y con los ateos? Como que no hay santos hombres a los que la religión les trae al pairo, pero practican vidas ejemplares haciéndolo por fe simplemente cívica. Conozco a un venerado hombre de una rural comarca navarra, capaz de descubrir tu alma en un periquete, que aprendió a serlo contemplando en soledad la naturaleza mientras pastoreaba los rebaños de otros, integraba el conocimiento de sus mayores, y leía “EL CASO”. Los caminos de la fe y la revelación son infinitos
Bien, entonces por agregación y fe en la imitación bienhechora hasta de nuestros vecinos, que los hay buenos, o de nuestros santos padres biológicos o de registro causal, todos, o casi todos, somos santos. Santas mujeres, santos varones, santos niñas o niños, que lo son de verdad al principio porque llegan ignorantes y más bien angelicales, que es mucho más que ser santo. ¡Ay, pero que después se nos estropean, o los estropeamos, con esas educaciones tan mal amañadas que les imponemos! Y eso que somos santos, o casi. Bueno, en esta materia, el diccionario también nos aporta lindezas como ésta: “Santón, el hombre hipócrita o que aparenta santidad”. Yo no lo creo así, en el fondo, en el fondo, este es igualmente un santo el pobre, porque no engaña a nadie, y creerse una cosa que no consolida su realidad, es ser incluso un santo inocente. ¿O no? Y Luego están los santeros, los santitos, y el santurrón, que a pesar de ser “gazmoño, hipócrita y aparentar ser devoto”, seguro que es buena persona y se ha currado la vida sin poder encontrar otra salida
Así que lo cierto es que el hombre normal, el de la calle, el del campo, el que no aparece en los periódicos nada más que para contar sus desgracias, es un santo por hacer lo posible para vivir o sobrevivir en este mundo sin que le caigan bombas encima, le digan que es una negraza, lo quieran violar y aún esclavizar, deba arriesgarse a morir ahogado para seguir malviviendo, o no tenga más remedio que caer en las redes de las artimañas políticas para existir como ciudadano, y gozar así, como de limosna, de algunos derechos básicos y supuestamente inalienables del ser humano, tratando de ahuyentar sus limitaciones de origen, trabajando duramente por superar su estado, y poder alcanzar algún día su ser, es decir, El Ser, hipoteca excluida.
Ya me lo dijo mi madre esa vez. -Tú tío, Santos, sí que lo es. Con lo cual ya me fui confundiendo de referencias, pero eso era en lo que creía mi madre, a Dios gracias, si se puede decir. Qué todos éramos santos, aunque no fuera ese nuestro nombre de pila -bautismal, claro- porque nuestros padres no habían tenido la debida preocupación. Bueno, también hay que distinguir, no vayas a montar el lío padre o madre de referencias nominativas, pues para eso está el Santoral, que es “el libro que contiene las vidas o hechos de santos”, reforzado por la lista de aquellos “cuya festividad se conmemora (o sea que se recuerda), en cada uno de los días del año”.
Y ya está, tus padres no te habrán puesto Santos en la Fe de Nacimiento y el Registro Civil, pero lo resuelven bautizándote con uno del santoral, que además se celebra el mismo día de tu feliz alumbramiento. Pues vale, sigues siendo santo, pero ahora arropado y dedicado. De ahí que a muchos, muchísimos, de los que les han colocado lo de Francisco –Francisco de Asís, entre los ricos, que para eso tienen dinero- se ven atraídos desde su tierna infancia por los animalitos. Y los Pedro o Pablo, se ven abocados a organizar los asuntos y velar por su grey de adheridos. Y así casi todos nosotros, demostrando que el nombre que te colocan manda mucho y te impone. O sea, que te hace más santo aún, si cabe, porque tienes que luchar contra la predestinación, o más bien la pre-nominación, que quiere decir que tus padres, la sociedad, quieren que seas, antes de poder llegar a serlo, o se te pueda ir ocurriendo otra cosa para ser-ser de verdad por tu cuenta y riesgo.
Mi madre estaba convencida de que su hermano Santos lo era, y yo me lo creía a pié juntillas, un niño de fe, sobre todo cuando veía que mi tío, hábil electricista, era además muy aficionado a los juegos de magia, el ilusionismo, la ruleta y los caballos, cosas todas que requieren una gran capacidad de concentración, o quizás de iluminación. Mi tío Santos no sólo perdía habitualmente apostando en las carreras de caballo, bien de Palermo, bien de San Isidro, sino que volvía casi siempre desplumado de sus correrías junto a mi tía Teresa, otra santa, por los salones de los distintos casinos de la patria. Eso quizás, y su empeño por ganarle a diversos sistemas sociales de desplume del santo hombre vulgar en la tierra, le fueron confiriendo una capacidad de concentración y aislamiento de la realidad que comenzó a aplicar en sus labores de productor de cortocircuitos habituales, en el perfeccionamiento de las posiciones de falso equilibrio tratando de organizar el caos inducido de un tendido eléctrico, o en su necesaria y obligada segunda actividad de supervivencia, hacer de portero o vigilante fin de semana en las salas de baile que había conseguido iluminar. Ya se sabe que en estas salas hay que tener voluntad, fuerza, agudeza visual, etc., junto a la necesaria rapidez de cintura para evitar los mandobles llenos de reproche que te puedan lanzar los machos en celo de turno. Todo eso, Dios mediante, claro, le llevó a desarrollar una habilidad y capacidades poco comunes entre los vulgares santos hombres de este mundo, aunque casi normal entre los santos-santos de verdad, los del santoral. La de estar enjuto, tener músculos de acero, y moverse ágil y veloz, y así poder aparecer y desaparecer en un plis-plas, que era lo que yo me creía cuando era un infante santito y aletargado por las circunstancias.
Mi tío Santos, con mayúsculas de nombre propio, gozaba con esas demostraciones hacia mi tierna inocencia, y por supuesto que al gozar y ser feliz por ello elevaba aún más, si era posible, su alma de mortal hacia el infinito éter que nos acompaña, nos intercomunica y alumbra nuestra conciencia. Nunca llegué a saber o comprender bien, y aún hoy lo ignoro, como mi tío, reconvertido en acróbata escapista a la manera del famoso Houdini, otro santo, conseguía desaparecer trepando por el pasillo del patio delantero de mi casa de planta baja del barrio de Villa del Parque, y aparecer al cabo de un rato sentado a la mesa y hora común de nuestro almuerzo en familia. Yo adosaba estas demostraciones heroicamente mistéricas, a las otras propias de su trabajo de mago superviviente de las conexiones eléctricas, cuando entre chispas y calambres lo veía renacer sonriente al cabo de una peligrosa acción, o comprobaba a su lado el milagroso encendido de una modesta lamparilla incandescente que hacía huir las tinieblas de la habitación. ¡La luz, esa metáfora maravillosa de nuestra propia revelación!
Como creía firme y profundamente mi madre acerca de casi todo el mundo, con auténtica fe y voluntad de santa, genética o felizmente, él no era el único ejemplo preclaro de hombre santo vulgar en nuestra familia, había varios, aunque no tan graciosos, espectaculares e inocentes, todos ellos quizás, ayudados en su exaltación por esa amalgama histórica entre inmigrantes de diversa creencia y procedencia e indígenas reconvertidos, a la búsqueda todos de la salvación, sustrato social habitual en las patrias de promesa bíblica. Una tía médium, un no muy lejano pariente parasicólogo, una abuela con Santos Evangelios a mano, y otros más rezadores de santitos, santones, curanderos, y chamanes, o de vendedores del semanal y milagroso “numerito” que los iba a rescatar de la clase media obligatoria, y hasta a veces “descamisada”. ¿Como no vivir entonces enquistados en la fe y la esperanza más inocente, dispuestos a salvarnos, o que nos salven, y trascender hasta elevarnos hacia el infinito cielo, y poder ser entonces inmortales y magnánimos?. Es decir, unos santos que, como explica la etimología, necesitan y están dispuestos, estamos, a estar y padecer con el San-a-lo-todo, que no es, ni más ni menos que: “El Medio que se intenta aplicar generalmente a todo lo que ocurre, o con que se juzga que se puede componer cualquier especie de daño” Y ¡ojo!, lo dice el diccionario.
Total, que mi tío Santos, a mis inocentes y turbados ojos infantiles, ha venido a integrar por derecho explícitado el gigantesco panteón popular que alientan las arraigadas esperanzas de los argentinos sobre la salvación en el más acá, Panteón metafísico re-presentado sobre el desierto territorio patrio para demostrar que la democracia, casi igualitaria, al menos se da en este apartado del San-a-lo-todo, culito de rana, si no nos salvas hoy, sálvanos mañana. De hecho, los héroes santitos de tal necesitada advocación, no sólo proceden básicamente de las clases populares, sino que incluyen a esforzados malabaristas de la vida, artistas, jugadores de infortuna, truquistas variados, magos del deporte popular, cantantes, vedetes, curanderos, videntes, y una pléyade similar de hombres y mujeres ansiosos de justicia social y libertad. Todos ellos han encontrado a sus devocionarios por los caminos del pais o en lugares simbólicos repletos de nostalgia. Así que yo propongo agregar a esa larga lista de santos abominados o usufructuados indistintamente por la Iglesia oficial, la vida y milagros de mi tío Santos, que no por nada tenía como segundo nombre el de Constantino; Costa para los amigos.

Norberto Spagnuolo di Nunzio
Enero de 2007


POS RELATO:

Se me vienen a la mente las historias argentinas de Santos profanos, o sea, de santos truchos de los que la santa Iglesia no quiere ni hablar, pero que cuando puede, saca tajada participando -o lo que es peor "adnministrando"- en los santuarios ad hoc : La difunta Correa, Santuario en San Juan, cerca de Jachal. Y en todos los caminos de Argentina, pequeños santuarios a la vera de la ruta, con una hornacina, retrato, y botellas con agua. El gauchito Gil, Santuario en Corrientes, lugar donde fue muerto por la policía. Era un especie de Robin Hood del subdesarrollo, un ladronzuelo que le quitaba a los ricos para repartir entre los pobres; por todas partes se ven sus santuarios, también a la vera de los caminos, con una cruz de madera cubierta de pañuelos rojos. San la Muerte, lo representan con un esqueletito o calavera, tallada en hueso y con vestido o lazos negros. Muy popular en Corrientes es Santa Gilda, una famosa cantante de cumbia que murió en un accidente automovilístico durante una gira. El imaginario popular le atribuye sanaciones milagrosas.



(De la corresponsal en Argentina, Eva Mabel Spagnuolo)

viernes, 24 de agosto de 2007

NIEBLA REPULSIVA

Norberto Spagnuolo di Nunzio. - Madrid. - 05/02/1997


Hace poco, alguna de las emisoras televisivas que conectamos repuso una película menor que nos aporta ahora una metáfora singularmente ejemplar sobre estos momentos de urbanidad catastrófica a que asistimos: los habitantes contemporáneos de una península muy marinera de la costa noreste norteamericana reciben la misteriosa invasión de una niebla repugnante, que resulta ser el magma ectoplásmico de una desaparecida tripulación, naufragada 200 años atrás y abandonada, sin auxilio a su suerte, a cambio de embolsarse el tesoro que portaban. Esta papilla de fantasmas cabreados acude a vengarse, asfixiando entre su densa corporeidad a los descendientes de aquellos perversos vecinos. Me temo que con lo de la reciente nube-niebla -no tóxica, pero asfixiante- de derivados del cloro amoniacal ha sucedido lo mismo en forma de renovada advertencia a los responsables urbanos de esta ciudad y alrededores. ¿Qué pinta una transmutadora de tales elementos químicos en medio de la urbanidad gigantesca de esta aglomeración, y justamente al lado de una modesta colonia de vecinos?El caos de esta reciente catástrofe, feliz, casual o milagrosamente no consumada en lo peor, no les entrará en el caletre previsor a nuestros munícipes, porque suponen que la ciudad debe pagar estos altos riesgos merced a su alta rentabilidad final. Es decir, al tesoro que sólo atesoran unos pocos.Insisten, con la reciente aprobación de un plan general que consolida la aparatología del crash definitivo y tienden a convertirnos, solamente, en una niebla pugnante de consumidores.-

jueves, 23 de agosto de 2007

ELLOS, la PROFE, y.....los OTROS.

(Cuento de cuentistas)


I / Prosiga, señor Secretario...

Ellos dicen, explican, prometen, juran, que cada vez que venía a la clase de su grupo, no dejaba de alabar las azañas de "los otros". Poco a poco, los componentes de ese segundo grupo generado a partir del rebosamiento y casi duplicación del cupo fijado inicialmente, pero que en realidad era primero por el día de la semana -martes- en que debía reunirse, al tiempo que adquirían a los ojos de aquellos cierta consideración por esa alabanza continua, provocaban también oscuro rechazo, frustración, envidia quizás. Mientras que éste, el de ellos, el de verdad, el auténtico dicen que podríamos decir, dado que agrupaba a los veinte primeros anotados y pagados, que se quejaba, se sentía ofendido, herido, y reclamaba, era el segundo, porque su día de clase, reunión o trabajo -los miércoles- era consecutivo, posterior. Y para colmo de males, decían además: "¡El otro, lógicamente, había comenzado antes!"
Parte de esa confusión, mal entendimiento, tensión justificada, se debía a esa fenomenología equívoca entre cadencia de la reserva de plazas, "numerus claussus" del grupo -obligado a ser reducido por la capacidad de la sala donde debía celebrarse el taller- día inicial de celebración, y milagro de multiplicación final de participantes, con la consiguiente necesidad de creación de dos, y tres si hubiera sido posible, conjuntos de alumnos. Al final, estos, cual subconjunto incluido dentro del primer límite, los que habían llegado antes, los que se vivían con los derechos básicos, se inscribieron con premura y además pagaron con anticipación responsable, fueron a parar al día de la semana que se estableció desde un principio, sí, pero que resulto ser posterior. Los otros, los que desbordaron el número inicial previsto, y obligaron a los organizadores, a la propia responsable del curso, a crear ese "otro" y segundo grupo, por conveniencias de aquella pudo comparecer y celebrar su clase justo el día anterior.
Paradigma babélico de la confusión entre grupos y tiempos asignados, cada uno con sus derechos históricos y días de celebración del curso, que vino así a complicar y ensombrecer el ambiente, dando la apariencia de que el otro, el segundo, se adelantaba en todo porque se reunía el día previo. Estas cosas suceden, no son aparentemente importantes, pero producen alteraciones de la normalidad causal, de la concatenación lógica de los hechos, de la sucesión veraz, lineal, de tiempos y acontecimientos que no conviene airear demasiado. Y sobre todo disturban el propio orgullo de los participantes, el amor propio, la lucha del yo por su circunstancia y privilegio. De esto se quejaban los alumnos del primer grupo, y único que debía haber sido en buena lógica. De esto, y según ellos, de muchas otras extrañas actitudes que se achacaban a la curiosa forma en que F.L, la Profe, intentaba darles ánimos, proponerles temas, trabajos, escenarios futuros para poder convertirse en hábiles narradores, apoyándose en el control y conocimiento que podía ejercer en esa confusa y misteriosa ambivalencia de vaivén entre ambos grupos y momentos a la que solo ella tenía acceso. Que si el otro, el del día anterior, se adelantaba en todo -cosa que por otra parte no era nada extraña pues ya venía mecánicamente dado, claro- que si los alumnos del otro ya habían leído los textos de los grandes narradores traídos como ejemplo, y parte de los propios, los que debían aportar de su propia cosecha. Que si a los del otro se les ha ocurrido tales y cuales cosas. Que si algunos de los del otro han sabido descubrir y describir el intríngulis de tal cuento, y así. Así casi todos los días de clase que se sucedían semana a semana. ¡Uff, era cabreante!
Algunas personas del grupo del segundo día de la semana, el que en origen había sido concebido como el único posible, es decir, los de éste grupo, el primero en rigor, comenzaron a vislumbrar, a tratar de entender, quizás a presuponer, que algo oscuro se ocultaba detrás de ese ir y venir de noticias y alabanzas que desgranaba la Profe cada día. Si bien estos recibían el continuo meritaje subliminal de las heroicidades literarias de los otros, integrantes desconocidos del, por un lado, segundo grupo, pero primero en el percurso semanal, quien sabe si con ellos no sucedía lo mismo en sentido inverso. Hay que considerar que si bien el tercer día de la semana en que se reunía el primer grupo venía después, también era cierto que transcurría antes que el segundo de la semana siguiente en que se reunía el otro, lo que podría haber dado pie a que la Profe reprodujera sus comentarios pero ahora en sentido inverso, es decir a favor del aquél. ¿Pero quien, sin mantener contacto habitual entrambos grupos, como la misma F.L. disponía y hacía, podría saber si eso era cierto, comprobarlo, certificarlo?. Era prácticamente imposible, y por lo tanto imposible también matizar el grado de ansiedad que producía en el primero que todo lo bueno sólo viniera del segundo. Algunos de los componentes de éste primer grupo comentaron que, por simple curiosidad, habían intentado colarse en las sesiones del otro, el día anterior, o al menos hablar con alguno de sus componentes, intentar sonsacarles si recibían también, por parte de la Profe, punzantes elogios respecto de ellos mismos, es decir del grupo del día después. Para tal averiguación, entre otras dignas aventuras del Dr. Watson emprendidas en comandita, intentaron convencer al ordenanza encargado de pasar lista que se habían equivocado de día, y tratar así, previamente, de colarse en la clase aún a sabiendas de que los descubrirían. Pero eso, acotan, tampoco fue viable, y vino a añadir una nueva carga a la creciente frustración que experimentaban, además de tener que afrontar ciertos equívocos y momentos vergonzantes. Poco a poco se fueron convenciendo más alumnos del primer grupo (y ya saben que segundo por día de la semana, el tercero), que algo oscuro existía en ese venir, y posible ir, de noticias que acompañaban a F.L, la Profe, tal que pajaritos inocentes y cantarines revoloteando en su derredor. O que simplemente todo era producto de ese, su particular entusiasmo de enseñante, de experta dedicada a su tarea con las complejidades y esfuerzos que el asunto demanda, contenta en fin ante los buenos resultados que el bi-curso de ida y vuelta denotaba.

II / Vaya concluyendo, señor Secretario...

Todo comenzó prácticamente ya en la segunda clase -del primer grupo, el segundo día, que era el tercero y miércoles de la semana- cuando la Profe se apareció con varios ejemplares de un manual sobre técnicas narrativas y problemas anexos del oficio de escritor de brevedades, producto destilado desde su propia experiencia y editado algunos años atrás. Entonces fue cuando ella les dijo aquello de que los otros, los del grupo del día anterior, ya lo habian comprado, y que tan sólo quedaban algunos pocos ejemplares. Curiosamente, razonaron después, lo mismo que vino a repetir el penúltimo día de clase, pero ya sólo con los dos libros que exhibía en la mano derecha, mostrándolos alternativamente a uno y otro lado del extremo menor de la gran mesa ovoide sobre la que se distribuían los alumnos. -Ya lo veis; me quedan estos, nada mas- repitió al menos tres veces, dando a entender que se agotaba algo fundamental para el oficio de escritor, y que harían mal en perdérselo.
Cada día de clase sorprendía a los alumnos del primer grupo -segundo por el día de la semana en que se celebraba, como recordará usted, Señoría- con cuestiones similares. Azañas literarias que evidenciaban las dotes como narradores de los alumnos del otro grupo, haber estos entendido perfectamente la oscura trama de un cuento de Poe, o de Katherine Beauchamp-Mansfield -y mira que es difícil- o ponerse a organizar con gran entusiasmo la posibilidad de continuidad del taller, pero ahora fuera de la tutela del Centro que los acogía. De forma que los de éste grupo fueron poco a poco cayendo en la consideración de sí mismos como unos zoquetes y lerdos totales, incapaces de que se les ocurriese algo, convencidos de que sólo escribían cosas absurdas, y así se dieron a reprochárselo unos a otros, como si estuviesen en plena sesión de terapia liberadora de la dura carga de culpa que se les asignaba. Cuando faltaba una sesión para el buen término del curso, de las cinco o seis previstas, llegó la Profe con la noticia de que "los otros" habían terminado de leer y digerir todos los cuentos, los propios y extraños, los de los grandes y los de los aprendices. Y vino a decir tal cosa cuando los de "éste grupo" eran plenamente conscientes de que a ellos, cuanto menos, les quedaba por trabajarse la tercera parte de todo el material. ¡Menudo fiasco! Hubo uno de los alumnos de éste primer grupo que ya mosqueado por tanta diligencia y efectividad de "esos otros", llegó a preguntar, casi con la inocencia confusa de un sospechante habitual herido en su amor propio, que si los otros existían de verdad, y que si era así serian pocos, o en todo caso jóvenes y talentosos alumnos universitarios de la carrera de letras, o sea, listos hasta la indecencia y además entrenados. -Pues no- respondió F.L. con la mayor de las naturalidades, -son como vosotros. Pero casi nadie pareció creerse aquello, y dicen que fue en ese momento cuando a la mayoría se le colocó la duda en la frente, como sucede con las series malas de la televisión, pero que al mismo tiempo sirve para entender de que va todo eso que hasta entonces no comprendías ni leyendo tres veces el comentario avanzado por las revistas especializadas del medio.
En la siguiente clase, la última, la Profe llegó feliz y campechana anunciando que los del otro grupo, aprovechando el tiempo que les sobraba a raudales, habían confeccionado un listado con los nombres, teléfonos y direcciones de e-mails de todos sus participantes, que lo habían distribuido y que también habian organizado ya la posible extensión de las clases fuera del centro, en un coqueto y adecuado bar literario de las proximidades, donde pensaban continuar con su experiencia ávida de conocimientos "ad inifinitun" sobre los laberintos de la narración, o por ahora y mientras tanto, cuanto menos. -Ya se los advertí el otro día. ¿Y ustedes, por qué no hacen lo mismo?- concluyó F.L., a manera de clara incitación a la homología funcional. Era evidente que la Profe pretendía dar a entender que todo era idea y cosa de los alumnos del martes que ella aceptaba gustosa. Que las clases, mejor dicho reuniones, taller de lecturas, consejos y aporte de material técnico de trabajo, comenzarían a partir del primer día del siguiente mes, con turnos alternos para uno y otro grupo, si estos, claro, los del primero, los del miércoles, querían, se apuntaban, asistían y, sobre todo, pagaban. Ante tal envite -lo tomas o lo dejas, y si lo dejas eres pánfilo, aletargado, cobarde ante los retos de la vida- una reacción mezcla de envidia, desconfianza, y preocupación por el futuro se apoderó de unos cuantos, quizás también incluida la clásica mayoría silenciosa. Quizás se sintieron heridos en su amor propio, y en todo eso que trae aparejado el que a uno, unos cuantos en éste caso, se les diga que otros están a hacer lo mismo, pero antes, más y mejor, y que por lo tanto son más listos. Sí, porque el afán de competencia está presente, aunque soterrado muchas veces, en todo el mundo, y que si se produce entre personas de distintos grupos tiene además ese oscuro resorte de respuesta que nadie menciona, pero que va creciendo en el interior de todos y cada uno, contradecido por el recurso al amparo en la conocida farsecilla interior: "Yo no voy a decir nada, no vayan a creer que a mí esto me afecta, que me preocupa". Nadie quiere mostrar su sentimiento, y el asunto sigue creciendo, corroyendo las defensas interiores de los destinatarios, cosa de lo que se encarga el mismo mensajero inicial, aparentemente desinteresado pero leal, que lanzó el desafío, y que controla las claves de la situación. Y todo termina por reventar.
Fue entonces, esa misma noche, la última del curso oficial, cuando después de confeccionar apresuradamente, con grandes lagunas, tal lista propia de alumnos, y de recibir a cambio, de manos de la Profe, una especie de citación con días, fechas, lugar y precio del cursillo de continuidad -"¡Exagerado!", apostillaron unos cuantos con gestos y palabras mudas al comentarlo- cuando esos cuantos, y alguno más de los de éste grupo primero, quizás los más desconfiados, o los más interesados y valientes, quién sabe, resolvieron ir a consultar, a rogar si fuese necesario, que un investigador privado, amigo de uno de ellos, tratara de averiguar algo al respecto, de saber que ocultas razones navegaban por el interior de ese aparente laberinto. A pesar de la insistencia del grupo, de la mediación de su amigo, del intento de comprensión de esa alterada e inusual petición, el hombre, con criterio claro, razonado, se negó.

III / ¿Se negó usted...?

Bueno, sí, me negué al principio, porque aquello era absurdo. Incluso creo que les dije que en toda esa historia no parecía haber nada extraño, que seguro respondía al interés verdadero y profesional de F.L., así como que, lo más probable, todo sería producto de la propia sugestión que en ellos causaba la lectura de tantos textos intrigantes y sutiles, o que se les había subido a la cabeza y luego bajado al esternón, la gravedad confusa, misteriosa y real al mismo tiempo, de los cuentos de Borges, del que yo mismo era, soy, lector seducido y voraz. Y para que hablar si hubiesen leído al mismísimo Pessoa o a cualquiera de sus heterónimos. O al espléndido William Le Qeoux. Pero al final, encabezados por la locuaz y sutil palabrería de mi amigo, al que tantos y tan buenos momentos y favores debo -sí, es cierto, tuve que reconocer- lograron convencerme. ¿Cómo pagarme?, insistieron luego hasta casi aburrirme. Les tranquilicé. La verdad es que en mi fuero interior no pensaba ocuparme demasiado del tema, seguía considerándolo una tontería, un complot de vanidades y coqueterías. Pero probablemente convencido cuanto menos de que algo divertido sacaría de todo aquello, opté por alegar que si tenían razón no les cobraría nada, pero que si estaban confundidos deberían invitarme a una magna cena, no solo a mí, sino tanto a la propia y hábil F.L., la famosa Profe, como a "los otros", pues convencido estaba, elucubré, en que aquellos eran tan reales como ellos mismos. Y remachando mi plena confianza en la absoluta normalidad de los hechos, les advertí que, de forma inequívoca, se verificaría entonces el merecido desagravio de F.L. -¡Hombre, seguro!-, apostillé observando divertido los gestos de incredulidad y desazón de los que me rodeaban, y dando así por zanjado el tema con ese aire de suficiencia psicoanalítica que asumo cuando me interesa o el tema lo requiere.
Para tal cometido aportaron al momento el dichoso listado, elaborado con premura, con los nombres y breves datos de todos los alumnos participantes en el grupo, adjuntando al mismo una somera descripción de F.L., su perfil profesional y humano, a medias extraído de una enciclopedia literaria, a medias recopilado por ellos mismos. Se me indicó además quién era la persona responsable de la organización del curso dentro del Centro, la misma que había confeccionado la lista de participación donde sólo ese primer grupo figuraba en un principio, y dibujaron sobre la marcha un pequeño plano esquemático del edificio, con indicación de la sala donde el curso tenía lugar, la forma de acceso, la de control de asistencia, los días y las horas de celebración y, por último, el nombre y la dirección del bar donde se planteaba hacer el taller de continuación. Todo ese batiburrillo de datos y sospechas me hizo sonreír otra vez. Aquello bien aparentaba ser el juego de unos niños enfadados, prestos a devolver el golpe de un jugador de mayor solidez. El compromiso de investigación estaba sellado, muy a mi pesar, y tuve que asumir, o intentar demostrar, que estaba resuelto a acometer la tarea con diligencia y brevedad, pues, como repetían de forma machacona mis ahora clientes, tan sólo unos pocos días quedaban por delante.
Pasé todo ese fin de semana tratando, con total desgana, de aproximarme a las coordenadas esenciales del tema, pero sobre todo analizando de que manera breve y elegante podía zafarme del asunto sin que fuera demasiado evidente, y responder al mismo tiempo al compromiso adquirido. Convencido estaba, repito, que el caso no tenía sustancia ni misterio que destapar, así que la mejor manera de acabar pronto era emprender una bien planeada campaña de acceso a los datos sustanciales. Traté entonces de adentrarme y esclarecer el por qué del comportamiento de ese grupo donde se integraba mi amigo. A él lo conocía bien, sabía que podía haber adoptado un rol, el que siempre le gusta jugar en estos casos, el de provocador interno. Lo hace por divertirse, por poner a prueba a los demás, y a veces sólo por fastidiar, sobre todo a los responsables de grupo, sean líderes, profes, tutores, jefes o jefazos, maestros...., etc. Eso también me animaba, fue lo que en definitiva me empujó a aceptar el caso. Seguro que todo era una farsa, un montaje canalizado por él a partir de algunos datos o elementos que a la mayoría de las personas se les escapan, pero que mi amigo es capaz de descubrir y aprovechar, e incluso ver más allá de la realidad aparente buscando evidenciarla, o quizás tergiversarla. Por eso éramos tan amigos. No sólo me divertía su actitud, aunque a veces resultara chocante, puede que hiriente, pero en mi caso, sobre todo, me ayudaba a encontrar pistas, rastros, que normalmente eran difíciles de desentrañar.
Bien, tratemos Señoría de entender el comportamiento del grupo más allá de las inducciones o trampas a las que pudo haberlo empujado mi amigo. A menudo se atribuye a las personas hechos y comportamientos sin hacer un esfuerzo mínimo en descifrar las causas o antecedentes que los motivan. Las personas aparentan así ser dueñas de sus actos y destino, otorgándoles la difícil facultad divina de haberse encontrado o realizado como seres plenos, de haber llegado a comprender su Yo profundo y actuar en conciencia y consecuencia. Pero la mayoría de las veces, la que ahora me ocupa incluida, no suele ser así, y las personas actúan por simple inercia, sin voluntad, ni mala ni buena, tan sólo impulsadas por los entrenados resortes de su actividad habitual, del movimiento de vaivén generado por el grupo en el que se incluyen, o del adiestramiento personal en un determinado nivel de comportamiento, y aún de un particular "metiere". Es difícil sustraerse a esa inercia vivencial, a lo condicionado. Por otra parte creo sinceramente que, en el caso de F.L., no parece existir un comportamiento anormal, ajeno a una cierta deontología profesional. Dedicada a la literatura desde hace tiempo, si bien su perfil no se corresponde con el de una "literata" en el sentido estricto del término, diría que por origen y desarrollo de su dedicación más bien es una "especialista literaria". Ha llegado a ello, indudablemente, por su preparación cultural, pero sobre todo por su trabajo inicial como experta en contratos de edición, por su instrumentación subsecuente como consejera y revisora de ediciones, en corrección de pruebas, su variada participación en jurados de concursos y premios literarios, y finalmente por sus diversos cargos ejecutivos en varias editoriales. Actividades todas que poco a poco han ido ampliando su conocimiento, gusto propio, interés y formación en la escritura, en la expresión literaria, bien en el ensayo y análisis de otros textos, bien como personal autora en la narrativa pura, ya se trate de textos breves o de novela, y reconozco que a veces con gran calidad y carácter. Finalizado o mediado ese proceso, era casi obligado que experimentara y aplicara sus conocimientos en el campo educativo. Evidentemente, ese matiz de natural dedicación a la práctica y difusión de todo ello, a su capacidad para reconocer la valía de un texto, a la de negociar publicaciones, compras de originales, intercambio de derechos, ha ido modelando su propio comportamiento ritual, esa cualidad que, según sus alumnos, tiene de colocar o sugerir una idea, un tema, una acción vinculante. Todo ha ido coincidiendo, sumándose en esa natural estrategia para convencer y operar con determinados valores y situaciones en el amplio, dificultoso, mercado literario. Algunos de los componentes del grupo han llegado a insinuar también que toda esa actitud respondía, responde, a su pertenencia cultural, en el sentido de lugar de nacimiento y formación en un particular contexto socio histórico y cultural. Sí, quizás haya algo de eso también, tuve que aceptar, pero advirtiendo que no era bueno barajar los tópico habituales que rigidizan la comprensión de un ser humano.
Era palpable que F.L., la Profe, había estado construyendo, en las cinco o seis semanas del curso, un perfecto tejido, una urdimbre de motivos personales, llamadas de atención, intereses vehiculados, que no compartían o entendían sus ocasionales pupilos. Mejor dicho, la mayoría de ellos, al menos los de éste conocido y aquí presente grupo primero, no tenían opinión concreta al respecto, ni siquiera elementos claros de juicio para poder construirla, según pude comprobar a través de mis propias investigaciones. Como mucho se sentían molestos por esa actitud, y suponían, por pura intuición, que sus propios intereses no habían sido valorados. ¿Y "los otros"?, se empeñaban en acotar. Averiguarlo sería una de mis primeras tareas. Mi amigo completó el cuadro de datos y señales haciéndome una pequeña pero deliciosa interpretación del aspecto físico de F.L., junto a las sensaciones que su presencia deparaba. Pido disculpas de antemano, en nombre de ambos, si en todo ello puede observarse cierta desviación de tono machista.
-Mira, está claro que la mujer proviene de la burguesía culta catalana, y posiblemente haya completado su formación en algún país europeo de nuestro entorno, o en varios me atrevería a decir. Francia e Inglaterra, quizás Suiza-, aventuró mi amigo con su habitual seguridad a prueba de errores. -Además, creo que traduce perfectamente en una o dos de esas lenguas. Por su aspecto y forma de vestir la podríamos confundir con alguien procedente de cualquiera de esas culturas. Tiene un cuerpo y unas maneras expresivas que la acercan mucho a la imagen que tenemos de las grandes divas literarias del período entreguerras del siglo pasado, una chica del grupo de Bloomsbury, tipo Virginia Wolf, o cercana a sus admiradas y más modernas Clarice Lispector y Katherine Beauchamp-Mansfield. No es que sea bella, pero a sus cuarenta y pico años mantiene un cierto atractivo quizás aportado también por ese aire de sexualidad ambigua que la acompaña, que se expresa además a través de su cuerpo, carente de curvas marcadas, tornado hacia lo andrógino, con la cadera estrecha, el trasero firme y bajo, y los senos medianos, ligeramente respingones pero caídos, señal de ausencia de sujetador. A veces me recuerda a la inquietante Greta Garbo de la primera época, o a la joven Katharine Hepburn, pero con menos pasión que estas, y más "seny", si puede decirse. Su forma de vestir tiene, como en las citadas, algo de varonil, con suéter ajustados muy del gusto anglosajón, aunque use faldas, siempre largas y entubadas que marcan sus nalgas, todo ello siempre en tejidos y colores naturales, ligeramente contrastados con azules y rojos. Su comportamiento, al menos con los que hemos sido sus alumnos circunstanciales, demuestra seguridad, pero también una equívoca cortesía que torna pronto en firmeza y autoridad si la situación lo requiere. Parece compartir a un nivel de igualdad las alternativas del momento, tratando de acercarse a la gente, pero demuestra que sabe perfectamente cual es su papel y situación en el contexto del grupo. Y eso es todo lo que puedo comentarte.
-Pues bastante, tuve que reconocerle a mi amigo mientras terminaba de tomar nota de esas cualidades tan bien explicadas por él. -¿Fuma; está casada?-, pregunté como colofón sin saber bien para qué.
- Lo ignoro. Pero si he podido observar que lleva un ancho anillo en el anular de la mano izquierda que recuerda vagamente a uno de matrimonio, aunque más sofisticado. Quiero decir culto, con cierta apariencia medieval, poco estridente, sencillo, quizás en oro de varias tonalidades.
El lunes siguiente, poco antes de media tarde, decidí comenzar las pesquisas acudiendo al Centro donde se impartían los talleres. Me había propuesto resolver el asunto en uno o dos días. -No más, me dije a mí mismo. La persona encargada, una chica de mediana edad, agradable, sosteniendo aún cierto aire de muchacha marchosa de suburbio, me miró con extrañeza cuando le pregunté sobre el curso.
- Terminó esta pasada semana. Creo que ha llegado un poco tarde-, me dijo con sonrisa y mirada algo burlonas, mientras no dejaba de preocuparse por anotar algo a mano en unos listados que sacó del ordenador.
- ¡Que pena!-, solté sin saber qué decir exactamente. -Me lo recomendó un amigo, Antonio. ¿Le suena?
- ¿Antonio?. Si no me dice el apellido... ¡Había cuatro Antonios en el curso!.
- ¿Cuatro?-, no era el dato que yo tenía. -Perdón...; Evangelista.
- ¡Hombre, el Tony! Sí claro; el también se acuerda siempre a último momento. Me llama dos o tres veces hasta que se decide, así que le mantengo la reserva, pero en ocasiones no puedo hacerlo. Por cierto, para este taller recuerdo que fue el último que anoté en espera de confirmación. Curiosamente, esta vez se decidió pronto.
Aquello me dejó un poco escamado. Los del grupo me habían comentado que la lista de prenotados era tan larga que se había organizado un segundo grupo, "el otro" grupo. Mi amigo, por su parte, me explicó que el mismo no sabía si era el primero de la otra lista, la de preanotados tardíos, o el último de los veinte iniciales, pero que de todas formas se lo habían confirmado pronto.
- Entonces..., ¿no hay otro grupo?-, traté de indagar.
- ¿Otro grupo?. No, que va, imposible. Sólo se autorizó un grupo de veinte personas porque no había ni sitio ni días para más. Aparte de eso, a F.L. no le gusta tener grupos grandes ni complicarse la vida. Si me perdona, ahora vuelvo.
- Tranquila-, le aseguré. La muchacha cogió los papeles, se levantó y salió hacia el pasillo con un gesto gracioso. No pude dejar de mirarla mientras se escurría por la puerta. Era atractiva. ¿Pizpireta quizás? Bueno, graciosa y bien formada. Advertí que sobre la mesa, cerca de mi mano, reposaba la libreta de tapas azules y espiral donde mi amigo decía que ella inscribía inicialmente a las personas en los distintos cursos, para luego confeccionar la lista final por ordenador. La abrí por la mitad en la forma menos llamativa que pude, y pasé las hojas lentamente. Casi en las primeras páginas un rubro en letras de imprenta anunciaba: "Taller F.L.", y las fechas de celebración. Había al menos tres páginas con nombres escritos en lápiz, en líneas apretadas y bien trazadas sobre la primera. Reconocí varios pertenecientes a las personas que habían estado en mi despacho. Al final estaba el de mi amigo, anotado con bolígrafo. Un poco más abajo, al otro lado de una raya trazada a lo ancho, aún se podía ver el rastro borrado de su propio nombre en lápiz. No recuerdo si al principio o al final de esa lista, quizás sobre un paréntesis o llave lateral que abarcaba aquellos nombres y apellidos, había un pequeño rótulo también en bolígrafo: "Grupo Miércoles", ponía claramente Las otras dos páginas estaban casi completamente cubiertas de nombres también escritos a làpiz. Sin embargo y al contrario que en la precedente, estos registros aparecían como más separados, transcriptos en líneas irregulares y en varios casos con notas o números adosados entre paréntesis, como si fueran datos, o claves de referencia. Por ejemplo, al lado de alguno de ellos decía: "Nº X: esta sí", o "Nº Z: no sabe". Al final de esta segunda lista -contados los nombres, arrojó un total de veinticinco- había una anotación entre paréntesis escrita a mano, con bolígrafo de color rojo y en grandes caracteres: "(¿OTRO GRUPO? ¿Cuándo?. Hablar con F.L. Ella insiste)". Era suficiente.
Detrás de la puerta escuché una voz, parecía la de la muchacha. Al mismo tiempo, alguien hacía girar el picaporte. Puse el cuaderno en su lugar. Era ella, con su figura menuda y esas buenas razones que la precedían para que uno se quedara mirándola. Hizo un gesto, como tratando de indicarme que no esperaba encontrarme allí, o que ya era hora de que me largara, o que no fuera tan descarado mirándola. O todo eso al mismo tiempo.
- ¿Algo más?-, preguntó con cierto énfasis mientras se sentaba, como para confirmar que con ese gesto ya me lo había advertido, y que volvía a adueñarse de "su" espacio.
- Bueno, no. En fin; es evidente que ya no hay remedio. Me voy; gracias por todo... Perdón, sí, una última pregunta-, se me ocurrió en ese momento. -¿Qué clase de personas asisten a estos cursos?
- El Tony me suele preguntar lo mismo. Normalmente son personas de edad media o mayores; como usted mismo, como su amigo-. Me hizo un guiño, no sé si de complicidad, de condescendencia, o de perdón, y continuó: -Hay pocos jóvenes. La mayoría quieren hacer algo, aprovechar el tiempo; a veces tan sólo matar el aburrimiento, o encontrar almas gemelas. Algunos son jubilados. Otros, los que ya tienen cierta experiencia, quieren mejorar. Otros pocos repiten, pretenden publicar algo, o están camino de su primera novela. Bueno, al menos eso es lo que dicen- Y como dando el asunto por terminado, me ofreció: -Déjeme sus datos, así podré avisarle personalmente la próxima vez-
Lo hice. La saludé agradecido y salí. Mi siguiente cometido iba a ser visitar el café-bar donde supuestamente tendría lugar el Taller de Continuación. Estaba próximo al Centro, a pocas manzanas; cerca de la Filmoteca, me había comentado mi amigo. Comprobé que a escasos cien metros, pero el local estaba cerrado, y no había cartel alguno que indicara el por qué. Supuse que porque era lunes, día de descanso generalizado, y porque otros locales de la zona, los más coquetos, alternativos, modernos, aparecían también cerrados. Era una esquina. El local tenia aspecto de estar allí desde el siglo diecinueve, con sus cierres metálicos de persiana, y esa característica fachada guarnecida de madera repintada a través de los años, extendiéndose sobre jambas y dinteles. El nombre que dominaba la cornisa de cristal decorado por el trasdós parecía sugestivo: "El Sueño Eterno". Recordé la película de 1946: Hawcs, Bogart...; ¿Baccall? "The big sleep", menos mal que en este caso habían acertado con la traducción. El original en inglés había sido trastocado en alguna versión al castellano por "El Gran Sueño". Volví al asunto. Me disgustaba desaprovechar el tiempo, y más con esa absurda historia. Lo único que conseguí averiguar era lo que se anunciaba en unas orlas pintadas en arabescos negros sobre los laterales de la entrada. En el de la derecha ponía: "Tertulias, Lectura de Poesía, Cuentos, Teatro". En el otro: "Música, Cine, Videos, Performances". Bueno, al menos coincidía con la posibilidad de celebrar en el local reuniones de literatura, que era de lo que se trataba en este caso, el que tenía ahora entre manos. Volví al día siguiente, casi a la misma hora, aunque no me gustara la idea porque era martes, el supuesto día en que debía reunirse el "otro grupo". Pero el café seguía cerrado. ¿Se cumpliría la paradoja del nombre?. Lo pregunté en un bar que hacía esquina, justo enfrente, con la encargada y escasos parroquianos absortos en el diario partido de fútbol que transmitía la televisión. Sin mucho entusiasmo, la que parecía la dueña me dijo que era el día de descanso de "El Sueño Eterno". -¡Será porque siempre está cerrado!-, bromeé a manera de respuesta, más para mí mismo que para la ya desentendida señora, preocupada ahora por el culito de Beckham. Repetí el test del día anterior, recorriendo las calles vecinas arriba y abajo. La mayoría de los locales estaban abiertos. Entonces recordé que mi amigo me había advertido que el taller se había postergado hasta el mes siguiente, es decir, hasta la semana siguiente. -Sí, pero que tiene eso que ver con lo de que siga cerrado-, razoné para mí.
Como en respuesta a tales dubitaciones, sonó el móvil. Era Antonio. La Profe acababa de enviar un mail a todos los alumnos del curso, y al parecer, incluso a los misteriosos, desconocidos alumnos del "otro grupo". Porque en buena lógica, venía a decir mi amigo, deberían corresponder a ellos los nombres que aparecían en la dirección del mail junto a los de su propio grupo, los que yo conocía.
-¿Estás seguro? ¿Qué pone en el mensaje?- quise comprobar.
-¡Por supuesto!-, a Antonio le sienta fatal que alguien dude de su palabra. -En el mail F.L. nos informa que se ha cambiado de lugar de reunión para el taller de continuidad. Bueno, ¡está claro que lo ha cambiado ella!. Ahora es en un local de la zona de Ópera.
-¡No jodas!-, solté de forma espontánea. -Es el segundo día que compruebo que "El Sueño Eterno" está cerrado. No hay avisos, ni nadie de por aquí sabe nada al respecto. Todo es muy extraño-, concluí.
-¿Qué piensas hacer?-, preguntó mi amigo.
-Dame la dirección exacta. Me voy para allí ahora mismo. Por cierto, ¿cómo se llama?
El nombre era absurdo. Antes de acercarme caminando hacia el nuevo lugar, quise comprobarlo y situarme con la ayuda de una pequeña guía de la ciudad que siempre llevo conmigo. Algo me llamó entonces la atención, pero al principio no logré entender que era exactamente. Una sensación de coincidencias, o de relaciones, algo que no conseguía dilucidar con la razón. Repetí la misma acción varias veces, pero está claro que tales sensaciones son poco digeribles por el cerebro, hay que pescarlas al vuelo, y si no dejarlas hasta que reaparezcan por sí solas, y lo pillen a uno desprevenido, sobre todo al de arriba, el eterno pensante. Mientras caminaba se me ocurrió jugar con las analogías entre ambas localizaciones. ¿Por qué antes Lavapiés y ahora Ópera?. ¿O Cibeles primero?. ¿Qué había de igual, o de distinto, entre ellas? ¿Cuáles eran sus relaciones? ¿Tendría todo algo que ver con el propio domicilio de F.L.?. Un investigador debe agotar todas las suposiciones, incidir en todos los vericuetos, expuse para mi propia satisfacción profesional. Mi amigo ya había comentado que, según la versión de la Profe, "El Sueño Eterno" había sido propuesto por el "otro grupo", Y ahora quedaba patente por el mail que era la propia F.L. quién cambiaba de sitio, de lugar de celebración del taller. ¿Por qué? ¿Y por qué en Ópera ahora?
Seguí atando cabos, que yo creía sueltos, mientras atravesaba la Plaza Mayor y enfilaba ya hacia Independencia. Ahí se me atravesó otra visión o percepción fugaz. -¡Claro, Independencia, y antes del Leal!-, me entusiasmé. ¡Leal e independiente!, buena divisa para un escritor, pensé. Perdón Señoría, para los que no me sigan sé que todo es muy complicado. Independencia, hacia dónde me dirigía, era la calle donde estaba el nuevo lugar de la cita, el café-bar del taller trasladado, justo al lado de Plaza Ópera. Del Leal acababa de dejarla atrás, era la calle donde se situaba "El sueño eterno". ¿Comprenden?. Bueno, en ese momento yo tampoco, y si bien intuía que había cierto mensaje oculto en ello, me era imposible descifrarlo del todo. ¿Y el nombre del nuevo lugar, el del café-bar hacia el que me encaminaba?. -"El soporte horizontal. ¿No te parece extraño?"-, había dicho mi amigo. Sueño eterno y soporte horizontal. De hecho existía una relación funcional un poco cómica, ¿pero además qué? Ya estaba frente al local, era una taberna, y también parecía antigua, o muy bien reambientada. El lugar era estrecho y profundo, dividido en dos niveles. En el primero, que ocupaba casi por entero una barra colocada en diagonal, había un tipo con cara de sueño, del de verdad, empeñado en poner en marcha la cafetera, y no parecía que lo lograra. La parte superior del local, tres o cuatro escalones más arriba, bordeada por pequeñas mesas redondas y sillas a juego, las del clásico modelo Thonet, tenía más ambiente de restaurante que de café de tertulias. Me di cuenta que todo el local olía a guisos, aperitivos ibéricos, y agridulces sustancias. Ignoraba si eso sería bueno o malo para reflexionar sobre Maupassant o de Quincey. El tipo no sabía si atender a la máquina de café o a mí, en ese ir y venir, espalda y cara, a que lo obligaba la colocación inversa de la dichosa cafetera exprés. Me lo explicó un día mi amigo Antonio. Nos encontramos en un café de La Gran Vía, no recuerdo bien con que motivo, esperábamos a que nos sirvieran acodados en la barra, cuando en este caso fue una camarera quien nos dio la espalda al tiempo que hurgaba en la máquina los cortados que le habíamos pedido. Recuerdo perfectamente sus palabras:
"-Los gallegos no han entendido nunca como se colocan estas máquinas. Las ponen al revés, en el contra mostrador, cuando se han inventado y diseñado para mostrarlas de frente, con su mejor fachada cara al público, y los puertos de servicio hacia el interior. Entonces el que te está sirviendo se queda de cara a ti, así de paso vigila lo que sucede en el local, y no mostrándote el culo. Bueno, en el caso de esta chica no importa, al contrario, se agradece. No conozco ningún país en el mundo aparte de España en que la coloquen de esa forma. Incluso en Barcelona, en San Sebastián, en Vitoria, y qué decir en toda Europa, en Argentina, en Brasil, en Portugal, en Inglaterra, y por supuesto en Italia, que son los inventores, las máquinas se colocan como debe ser, con su bonito diseño cara al público, en el propio frente de la barra. Por que si no es como si te mostraran el cuarto de baño mientras hacen sus necesidades".
Y sí, tenía razón, ahora lo entendía mejor. Al hombre le pedí un descafeinado de máquina con leche. Me inventé una historia. Le dije que me habían citado para una tertulia literaria que se celebraba esa tarde. -¿Aquí?-, me preguntó en medio de su continua ida y vuelta con la máquina. -Tendrá que esperar, no está caliente-, justificó. -¿No se celebran tertulias aquí?-, insistí. -Bueno, sí. No estoy muy al tanto. Creo que hay una, o dos. Hoy debe haber una, al menos. En todo caso es más tarde-, concluyó. Pero le seguía preocupando la cafetera que no arrancaba. -Entonces vuelvo más tarde- le tranquilicé. Luego le pregunté si conocía a F.L., pero no tenía ni idea. Tampoco la tenía sobre la dichosa máquina al revés. Antes de irme volví a dar un vistazo al local. Por las dimensiones del edificio y su profundidad, debería tener una salida o ventanas a la calle de atrás, la que llaman de La Escalinata. Curiosamente lo pude confirmar al instante. Eso y lo del extraño nombre. Antes de acceder a la sala del fondo, sobre el frente de uno de los muros que angostaban el paso en el arranque de los peldaños interiores, había un barroco marco ovalado con su cristal. Protegida por el mismo, hacia el centro, había una antigua foto color sepia de lo que parecía una bodega, con sus grandes portones de madera y cristales sucios, y sus correspondientes contrapuertas, vencidas y llenas de papelitos y rótulos en tiza, y unos cuantos parroquianos mal trajeados y peor encarados, sentados o de pié, junto a la entrada. Reconocí la calle de La Escalinata. El local se situaba justo detrás de las largas barandillas que protegen la bajada, o subida, por la gran escalera; en el oscuro y deslizante hueco entre ambas construcciones se situaba la gente. Un gran rótulo pintado sobre el capialzado de la entrada ponía claramente: "El Barandal-Casa de vinos". Bordeando la foto se podía leer el discurso explicativo: "Este era el local original en una foto de finales del siglo XIX, con entrada principal desde la calle de La Escalinata y acceso de servicio por Independencia. El nombre actual de "Soporte Horizontal", es una derivación etimológica del vocablo que aparece en la foto. Los actuales dueños han querido mantener esa ligazón y memoria haciéndola más actual. Madrid 1978". Saludé y me fui, contento de seguir atando cabos, pero también preocupado, porque ya me iba costando creer que el tema lo dejaría listo esa misma noche, o al día siguiente, a más tardar. ¿Y ahora, dónde?

Me faltaban algunos datos, rastros, pistas, señales que me ayudaran a dar el golpe de mano definitivo al tema, que me abrieran las puertas de la percepción, cielo e infierno, como decía el gran Huxley. Por ahora tenía una lucecita que me rondaba, y además eso de Leal e Independiente. ¿Y la calle donde se sitúa el Centro? Alcalá, Al-halá..... ¿Y el domicilio de la Profe...? Por pura intuición, o arrastrado por la marea de caminantes, me dirigí calle del Arenal arriba, hacia Puerta del Sol y luego a Alcalá-Al-halá-El Dios. Aquello era una vorágine de personas de todas las razas y procedencias agitadas en el discurso contrapuesto de las compras y la curiosidad de escaparate en pleno final de mes. ¿Dónde los castizos?. Algunos de los más antiguos estaban sentados en los bancos del abanico abierto de Sol, recordando, quizás aprendiendo, o comprendiendo, de la revuelta de las colonias y demás protectorados de ultramar. Puerta del Sol, ahí se iluminaba y ventilaba el oscuro laberinto de callejas, baricentro escorado de España. Entonces me di cuenta que también era el baricentro escorado de algo más próximo, de eso que me rondaba desde que hube consultado el plano de la zona. Me detuve, encontré un hueco entre los viejos castizos que miraban deslumbrados el mundo del futuro a través de la puesta de sol que colaba sus últimos rayos vespertinos entre arreboladas nubes, justo detrás del reloj de la Casa de Correos, y me senté. Yo también estaba asombrado, más aún, ciertamente trastocado. El paisaje era casi como lo había descrito Alvaro Pombo en una de sus novelas madrileñas. Se acababan de abrir las puertas, no sólo la del Sol, que también; un rayo se deslizaba por el plano de Madrid que yo abría en ese instante, iluminándolo con luz reveladora. Saque un lápiz y tracé tres líneas rectas, las más cortas entre dos puntos, las que unían sucesivamente el Centro de Artes Bellas con El Sueño Eterno, y a éste con Soporte Horizontal, y por fin a éste último otra vez con el Centro, con el mismo sentido de recorridos en el que habían surgido las pistas y datos aportados por F.L., y por lo tanto, en igual sentido a como yo mismo lo había realizado caminando. El sol todavía blanquecía ese pequeño espacio del plano. Las líneas trazadas conformaban un triángulo isósceles. Dos de ellas, la segunda y tercera, parecían iguales en tamaño; la inicial, la que unía el Centro con el primer café-bar era, aproximadamente, un tercio más corta. Y yo estaba allí, casi en el baricentro de la figura, en la Puerta del Sol, camino de Al-halá.
Ahora el acertijo, la cuestión, el tema, el asunto a que me había visto abocado por el requerimiento de los compañeros de mi amigo Antonio, los de "éste grupo", el primero pero segundo, comenzaba a despejarse. Había elementos como para explicarlo, pero aún me faltaban otros, unos pocos, para dar por cerrado el caso, para comprobar que no me había dejado llevar de las narices por mi propia imaginación. Completé el circuito hasta la misma entrada del Centro, por si fuera dable observar alguna señal más. Luego fuí a mi despacho y comencé a ordenar los materiales de análisis. El mapa de Madrid, los nombres de los lugares y calles, su localización y significado simbólico. Y ya puesto en razón geométrica medí las distancias, tracé el baricentro del triángulo hallado, ahora ya con regla y escuadra, describí el sentido del recorrido, y comprobé finalmente que el razonamiento podía mantenerse en pié. Bien, pero necesitaba encontrar el significado profundo de todo aquello, algo más que me ayudara a descifrarlo, y a coser con rotundidad todas sus partes. Llamé a mi amigo.
-Necesito saber el domicilio de F.L., y meterme en su página web, si la tiene- No quise adelantarle nada, no fuera a patinar en el último momento.
-Tenemos suerte. En ese último mail que envió para comunicarnos que se cambiaba el lugar del Taller de Continuidad, la Profe incluyó su domicilio particular, su teléfono móvil, y la dirección de su web. Anota....
El nombre de la calle donde se situaba su domicilio particular, que al parecer también usaba como lugar de clases y trabajo, resultó reveladora. Las piezas seguían encajando. Busqué la calle en el plano, la situé con un punto, y uní este con el centro de la Puerta del Sol. Era mejor de lo que yo presuponía. La línea trazada se elevaba 34º sobre una horizontal imaginaria que uniera el este con el oeste, pasando por Sol, como si fuera el horizonte terrestre de Madrid. Exactamente, el domicilio de F.L. se situaba en la misma dirección y altura que el sol naciente en el equinoccio de verano. Por otra parte, el barrio o colonia a la que pertenece su domicilio se levanta sobre un suave cerro tan alto como la misma Puerta del Sol respecto a la media madrileña, pero en este caso del otro lado del antiguo arroyo del Albroñigal, ayer Avenida de La Paz, hoy M-30. Y final y principalmente, la calle se llama Monte Parnaso, es decir, ¡la morada de las Musas en la mitología de la clásica Grecia!. Y para colmo de circunstancias simbólicas, el par de números que componían la cifra asignada a su domicilio, no sólo eran los mismos del ángulo solar aludido, sino que, sumados tal que enteros en la tradición de la cábala representaban, exactamente, siete. ¡El número de la divinidad! Todo eso me dispuse a acotarlo y explicarlo en un nuevo dibujo que entregaría a mis literarios clientes para que lo pudieran comprobar por sí mismos. Se adjunta como prueba. Bien, ya casi había llegado al final, pero aún...

IV / ¿Sí?..¿Pero aún qué?

Tony E. (Grupo 1º): ¿Puedo hablar? Gracias. Sí, mi amigo, el Investigador me llamó aquella tarde. Él era el detective privado al que habíamos encargado averiguar en menos de una semana que misterio se escondía detrás de la actitud y las palabras de F.L., la Profe, cada tarde que celebrábamos el curso de narración breve en el Centro de Artes Bellas, y sobre todo en su aparente e insistente interés, desde el principio, por mantener un taller de continuidad ad infinitum una vez acabado aquél, que resultó ciertamente breve, pero al menos económicamente accesible. Y lo hizo justo una semana antes de que el, o los, taller, talleres, fueran a dar comienzo, y justo también una semana después de que le soltáramos tal embolado de una forma casi patética, infantil. Queríamos saber si la propuesta era seria, porque todo lo que la había desencadenado era muy extraño. Y sobre todo, ¿existía el otro grupo? Bueno, cualquiera se puede imaginar que una persona especializada en profesión o conocimiento alguno tenga la voluntad, quiera, o se decida, a extender la posibilidad de entregar su saber y experiencia a otros menos preparados, bisoños, incluso torpes para la susodicha profesión o estado del arte de turno. Eso no era nada de extrañar, lo que nos mosqueaba era la forma en que ella lo hacía patente. Bien, sí, desconocemos casi todo de las artes literarias. ¡Ah, eternos sospechosos habituales, que poco esfuerzo gastamos en entender a los otros! Fue entonces cuando los compañeros me instaron a contactar con él.
Ferrán A. (Grupo 1º): ¿Me permite señoría?. No estoy de acuerdo. Fue Tony quién comenzó a intrigar y mal disponernos con la Profe. Algo se traía entre manos. Creo que al resto no nos preocupaba el tema demasiado. Fue él quién intentó que prescindiéramos de F.L. y trabajáramos por nuestra cuenta. Es más, personalmente a mí me interesaba el Taller de Continuidad, sobre todo si era la misma Profe quién lo organizaba y conducía. No veo la utilidad de los grupos de neófitos, por lo general lo único que hacen es discutir y perder el tiempo. Habitualmente suele haber uno más listo que pretende dirigirlo e imponer sus criterios.
Bizcaia M. (Grupo 1º): A mí me encantaría poder escribir, pero no tengo tiempo y sí muchas ocupaciones. Necesito aprender. ¡Ay, perdón...!. Bueno, creo que Tony lo hizo con buena voluntad.
Su Señoría: Un momento. Ruego a los presentes que se atengan al tema. A ver, ¿quién tiene algo concreto que decir?. Les recuerdo que estamos en Acto Previo de Conciliación por Demanda de Protección al Honor que ha presentado la señora Flora Lexaus, a la que ustedes llaman F.L., o la Profe. Antes de que el señor investigador nos deleite con la culminación de su explicación, ¿hay alguien que haya asistido al Taller de Continuidad propuesto por la señora? ¿Nadie?. Perdón, un momento. Por cierto señor Secretario, ¿Hay alguien en la sala en representación del supuesto Grupo 2º? ¿Nadie tampoco? Esto sí que es curioso. Bien, prosigamos...
Antonio M. (Grupo 1º): Señoría, creo que la clave la podríamos encontrar en los mensajes por correo electrónico que nos remitió la señora F.L., y en la propia convocatoria del Taller de Continuidad que nos entregó en su momento. Particularmente he leído casi todo lo que ella ha publicado, de forma singular sus cuentos y relatos, así como algunos artículos de prensa sobre el tema de la mujer escritora y la condición femenina en su actual situación. Soy un gran admirador suyo. Pero aparte de ello, por mi profesión, tengo preparación y experiencia suficiente como para desentrañar mensajes subliminales o subconscientes en los textos más aparentemente inocuos o planos. Y con esto no quiero decir que este sea el caso, ni mucho menos.
Su Señoría: Estupendo. Eso sí que es interesante. De todas formas prefiero que dejemos su opinión al respecto en suspenso, hasta escuchar la historia completa que nos ha tejido el señor investigador. Creo que podrá aportar algo a la cuestión. Gracias. ¿Algo más?
Felicitas P. (Grupo 1º): Perdón Señoría, con su Venia. Me permitirá que exponga mi opinión, es muy sencilla y creo que profesional también. Soy Abogado del Estado, jubilada, he escrito mucho debido a mi profesión, textos jurídicos, claro, que además compartía con la traducción de textos similares desde el alemán. Y no sé por qué, supongo que por eso mismo, a mis años me ha sobrevenido la pasión por recordar y narrar historias. Cierto que la mayoría se basa en esos intríngulis legales que me ha tocado atender, traducir, o preparar para las varias oposiciones que tuve que asumir, y un poco de imaginación ha hecho, solamente a veces, y es lo que tengo que mejorar, el resto. Tengo mucho que aprender en literatura, y tengo la voluntad y el deseo de hacerlo, pese a mi edad, ya ve. Pues bien, usted me permitirá, repito, que exprese mi opinión. No creo que haya aquí, en el hecho denunciado que nos ocupa, y le ruego que disculpe este atrevimiento, ninguna cuestión punible o meramente sancionable. Como suele pasar en muchas ocasiones, se han acumulado, o concatenado en este caso, situaciones y hechos prácticos que es difícil interpretar sean causa de la mala voluntad o predisposición a cometerlas de alguno o varios de los actuantes, yo misma incluida. A veces, la propia sustancia del contexto causal, fenoménico, reconduce comportamientos y acciones más allá de las propias voluntades de los actores emisores. La misma materia del tema en cuestión, la literatura, la narración breve, la especulación imaginaria de hechos y circunstancias, crea un buen caldo de cultivo donde la realidad más evidente se torna especular y confusa, cuando no distorsionada. Opino que entonces, hasta los textos no literarios que se producen bajo esas condicionantes, se tornan partes de la atmósfera generada, de esa suma común de energías y voluntades que algunas prácticas orientales que trabajan sobre la percepción llaman Prana. En cuanto a la supuesta voluntad o capacidad tergiversadora, o manipuladora de hechos y circunstancias -aunque creo que esta palabra es un poco exagerada- que se atribuye a nuestro compañero Tony E., no la creo posible. Es más, yo me atrevería a decir que ha tenido en todo momento una actitud constructiva y amistosa.
Su Señoría: Mis respetos querida colega. La admiro, sinceramente. Me encantaría poder hacer lo mismo que usted, pero ya ve, aún no me he jubilado, aunque lo estoy deseando. Le agradezco su estimable aportación, la tendremos en cuenta en su momento. Si nadie tiene algo más que agregar a este intermedio argumental, yo le rogaría al señor investigador que acabe con su explicación, y nos alumbre con el resultado de su trabajo sobre el caso. Luego daremos el turno de palabra a la demandante. ¿Sí...?
Tony, E.: Perdón Señoría. Una cuestión previa por alusiones reiteradas. Gracias. Reconozco haber intentado asumir un cierto liderazgo en el tramo final del curso en el Centro. Es verdad que, cómo se ha comentado al principio, tengo habitualmente un particular interés o manifiesta actitud en contradecir, criticar, o boicotear incluso, los lineamientos y propuestas procedentes del responsable de turno, en este caso, los de la señora F.L. Cuando se planteó la oferta de un Taller de Continuación, automáticamente pensé, creí, que la favorecía más a ella que a nosotros, e intenté generar una contra propuesta que nos tuviera como beneficiarios mayores, propiciando en primer lugar nuestro acceso colectivo a la posible, en todo caso deseable, edición de un libro de cuentos cuyo tema podría ser aquello que habíamos compartido hasta entonces, es decir, el propio curso, sus alternativas, circunstancias, y personajes. Eso ha sido todo. El Taller de Continuidad trabajaría sobre algo concreto, algo que incidiría en nuestro propio reconocimiento de capacidades, limitaciones, y entendimientos de la experiencia, pero con el horizonte puesto en la búsqueda de algo final, como hubiera sido la referida edición disfrazada de la necesaria zanahoria del cuento. La señora F.L. debería asumir el papel de guía técnico, y asesor o agente literario. Reconozco así mismo que, para hacer más apetecible el tema, tal vez para crear un relativo estado de ansiedad e interés entre
mis compañeros, alboroté un poco con el asunto de "el otro grupo", que ya había sido canalizado, puesto sobre la mesa, por la propia Profe como recurso dialéctico de conflicto con objetivos similares. Todo eso fue oportunamente transmitido a todo el grupo, y por supuesto a la señora Flora Lexaus, la Profe.
Su Señoría: Bien. Gracias por su franqueza señor E., lo tendremos en cuenta. A ver si nos aclara toda la cuestión de una vez, señor investigador. Adelante
N.A.S. (Investigador Privado): Gracias señora... Perdón, Su Señoría. En primer lugar me permito expresar que este intermedio de aportaciones de los actuantes ha ayudado a clarificar la mía propia, a hacerla más completa. No es que haya resuelto la continuidad de mi discurso, cortado anteriormente por esa aparente vacilación final. Simplemente, y como acaba de exponer la letrada Felicitas P., con total ecuanimidad, me ha permitido sumergirme en esa comunión participada que requieren y provocan las historias compartidas. Aficionado a la buena literatura, como veo aquí que lo son casi todos, confieso que he sido quizás el primero, en magnitud pero no en prevalencia, en dejarme arrastrar por los configurantes externos de esta historia que, coincidirán los presentes conmigo, en particular usted Señoría, ostenta severos atributos literarios. Pues bien, antes de que me interrumpiera la demanda de Su Señoría, -"¿Y bien, qué?"-, o algo parecido, trataba yo de recordar exactamente lo que había leído en la página web de la señora demandante. Sí, era lo que necesitaba para tratar de configurar una explicación que sumara todas las piezas del rompecabezas. Ahora dispongo de algunas más, las que generosa u obligadamente han ido desgranando algunos de los aquí presentes. En dicha página se puede acceder a la biografía, la bibliografía, las críticas y los artículos y opiniones de la demandante. En todo ese material se refleja de alguna forma su perfil humano y profesional. Ya sabemos que tan sólo es una síntesis argumental, pero es suficiente. Aquí se han aportado determinados datos y comentarios al respecto, inspirados tanto por esa misma lectura como por la propia experiencia del contacto directo con ella durante las cinco o seis semanas del curso en el Centro. Es una personalidad compleja y rica, de una amplia cultura con matices franco-anglosajones adheridos a su pertenencia genética a la raíz catalano-castellana que la alumbra. La descripción intuitiva por observación de mi amigo, aquí comentada, es casi correcta. En las entrevistas y artículos publicados en la web citada sobresalen una clara ironía junto a una sólida formación política y firmes principios feministas, no sin un cierto resquemor, pozo de amargura, que parece querer hablarnos de malas experiencias amorosas, de un pasado de niña feliz, y de un espíritu juvenil de rebeldía dominado o contradecido por las circunstancias. Pero por encima de todo alienta una férrea voluntad, una límpida añoranza o necesidad del cumplimiento de grandes ideales. En lo comentado tanto por Tony, como por algunos de los aquí presentes, queda patente también su espíritu democrático, moderno, contradecido en parte por la firmeza de su carácter, junto a la solidez de una formación en colegios de la alta burguesía. Queda clara también su empeño y ánimo como enseñante, en tanto retransmisora del conocimiento adquirido. Bien, la observación ya relatada de lugares, nombres simbólicos, recorridos, y tiempos propuestos por ella, vinculados además a su propio domicilio, que suele ser, normalmente, lugar también de estudio y aprendizaje bajo la protección de Las Musas del Parnasos compartiendo morada con Dionisio, y todo ello maravillosamente enlazado a esta ciudad de Madrid, a esa Puerta del Sol, simbólica y real a la vez, nos viene a explicar, según mi entender, todo el asunto. En definitiva, creo que la señora Flora Lexaus, F.L. -la Profe, de forma más coloquial que amable-, ha querido plantear y llevar a cabo un estupendo ejercicio literario cargado de símbolos, rastros, y enriquecimientos prácticos que sólo un esfuerzo consciente, al mismo tiempo que sensible, puede desentrañar. ¿Estaban, están, sus circunstanciales alumnos a esa altura?. Me considero ampliamente gratificado con haberlo podido experimentar yo mismo, participar de él, descubrir sus claves. Quizá no hubiera podido hacerlo si, además de investigador, no fuera también amante de la literatura. En definitiva, creo que a Flora Lexaus sólo se la puede agradecer la invención de éste divertido camino de aprendizaje amparado por los dioses y las musas, y complejo como todo laberinto iniciático.
Su Señoría: ¡Estupendo señor Investigador! Me ha entusiasmado y deleitado con su explicación. Y puede tranquilamente llamarme "señora", porque lo soy, es evidente. Y agregaría que solidaria y partícipe de los planteamientos de nuestra demandante, aunque yo no deba aquí airearlos en demasía. Me refiero, por supuesto, a los que defienden la condición femenina. Bien. Le recuerdo señora Lexaus que usted ha planteado esta demanda por Defensa al Honor basándose, según consta en sumario, en la circulación en red de Internet, inicialmente entre sus alumnos del Curso de Narrativa Breve, de un texto que considera ofensivo y lesivo para con sus intereses profesionales y personales. Cree usted que el mismo le llegó por error dentro de un paquete de direcciones de correo electrónico donde constaban las de la mayoría de esos alumnos y, lógicamente, la de un necesario remitente original que usted dice desconocido, solicitando sea investigado. Presentada como prueba copia de tal mensaje, quiero advertirle que, personalmente, no observo en su lectura nada que se escape a la preservación del derecho de opinión, es decir, a la libertad de pensamiento. Le recuerdo además que en la actualidad, la normativa legal sobre supuestos delitos informáticos de injurias, calumnias u ofensas, es muy confusa y elemental. Advertida necesariamente de todo ello la parte demandante, tienen usted, o su representante legal, la palabra.
F.L., la Profe: Gracias Señoría. Prefiero hacer personalmente la alegación. En primer lugar tengo que decir que el señor Investigador se ha dejado llevar por su fantasía, o quizás por la lectura de demasiadas novelas o cuentos de misterio, publicaciones esotéricas, asistencia a cursos de realización personal, etc., etc. O quizás también, simplemente, por su habitual dedicación a desfacer entuertos mucho más terrenales que nos lo caracterizan como un moderno Quijote, galopando junto al Sancho de turno, es decir "el intuitivo Tony. E."
Señoría, soy una profesional con una amplia y sólida formación y experiencia, con una reconocida y elogiada labor en varios campos de las letras, como fácilmente se puede comprobar no sólo a través de mi página web. En Internet mismo, ya que estamos en eso, hay más de doscientas entradas con mi nombre. También hay críticas, o sea, libre manifestación del derecho de expresión y opinión, que nunca he recurrido. Yo misma, como sabrán -aquí se ha comentado- soy habitual crítica y ensayista sobre otros textos literarios, tanto como sobre asuntos corrientes y mundanos, o políticos, que afecten o no a la condición femenina, pero esta es, ciertamente, una responsabilidad asumida a la que no pienso renunciar. En muchos de esos textos, es verdad que se denota una expresión irónica y hasta mordaz sobre temas y personajes, pero creo que nunca insultante o tergiversadora. Así es que, mi interés en esta demanda, que a lo mejor, seguramente, no es satisfecha, se basa en la perversa interpretación que el texto en cuestión aparecido en Internet hace de mi propuesta. En él, como usted Señoría habrá podido leer, se hace referencia a la misma en relación al Taller de Continuidad, en los siguientes términos: " .... No entendemos el interés de este Taller, ni la forma de llevarlo a cabo, ni la particular preocupación de F.L. en él. ¿Por qué no continuarlo en el propio Centro de Artes Bellas, y al mismo costo?. Por el contrario, se nos propone ahora en sitios incómodos, situados dentro del área central próxima a aquél pero peores en cuanto a comunicación, con un sentido de infinitud o continuación ad calendas, y a un precio notoriamente más elevado: exactamente 3,33 veces más. ¿Y por qué seguir separándonos en dos grupos? Por cierto ¿existen los alabados componentes del "otro grupo"? Y además, ¿por qué no se acepta la idea de Tony E. como estructura del Taller? ¿Qué se nos oculta detrás de todo ello?... (...)"
Mi profesionalidad me impide andar jugando con estas cosas, si las planteo así será por algo. En el Centro no había sitio ni tiempos inmediatos disponibles. El primer local, El Sueño Eterno, fue recomendado por un componente de lo que aquí se ha dado en calificar como "el otro grupo", que vive cerca y era habitual cliente. Resultó que en este caso la persona ignoraba que dicho local había cerrado definitivamente por las mismas fechas. Fue necesario elegir otro, y recordé que yo solía asistir a unas tertulias musicales en un café-bar próximo al Teatro Real -a cuyas funciones asisto regularmente- justamente el llamado Soporte Horizontal. Por problemas personales, hacía tiempo que no concurría a tales reuniones, por lo que desconocía que el lugar se había convertido en Taberna-Restaurante, con los inconvenientes que ha citado aquí nuestro impagable señor Investigador. Es evidente que queda abierta la realización de un nuevo Curso de Narrativa Breve en el propio Centro de Artes Bellas, pero eso no sólo depende de mí. No se trata pues de "eternos retornos", ni de estar bajo la advocación del Divino encarnado en Alá, como prefiere desbarrar el señor investigador. Finalmente, hay que atribuir también a la exuberante fantasía mistérica de este señor el que yo viva en la calle Monte Parnaso. ¡Mi calle se llama Olimpo!. Y el que a mi domicilio le haya correspondido, en términos cabalísticos según este señor, el número entero siete, o que se sitúe en la misma relación angular a la Puerta del Sol que éste astro respecto a la tierra en el equinoccio de verano, es pura casualidad, no exenta de los habituales errores trigonométricos. Este señor debe pasarse los días entre el Ecocírculo y Nueva Frontera, y así es como entiende las cosas. El tema del "otro grupo", "segundo pero primero",.. etc., es otra equivocación bobalicona de las personas que han querido montar esta historia. Nunca existió como tal en lo referente al Curso de Narrativa. Como bien se ha informado, en este caso, el sin par investigador, pero no ha querido incorporar como dato cierto a su paradoja explicatoria, la señorita encargada del área, que tiene, aparte de los reconocidos atributos físicos que babosea el señor investigador, la excelente condición de ser una persona sencilla y real, le dijo claramente que no podía haberse creado otro grupo. Ni yo tengo la capacidad suficiente para ello, ni había lugar ni tiempos disponibles en el Centro. Lo que sí asumí, porque siempre me pareció una responsabilidad derivada, era la reclamación y oportunidad de integrar a esos "otros" que se habían quedado fuera, en un Taller de Continuidad, pero en grupo y día distinto, debido sencillamente a que su, digamos "entonación literaria circunstancial", sería siempre menor que la del auto proclamado aquí "Grupo Primero". Y eso es todo Señoría.
Su Señoría: Bien, señora Flora Lexaus, buen alegato. De todas formas le recomendaría que fuera usted algo menos ferviente, o debería decir fervorosa. ¿Ve?, eso no lo tengo muy claro. Aún compartiendo, como he expresado anteriormente, sus sentimientos y actitud, debo llamarle la atención respecto a ello. Nada ganamos convirtiendo a la sociedad en un campo de batalla de géneros por no poner la suficiente atención en comprender al otro. A pesar de lo que usted diga, y puede que tenga razón en parte, no se le puede reprochar al señor Investigador el intento de ser comprensivo y cordial con usted. Ni tampoco a los integrantes del Grupo Primero, en particular al señor Tony E., el derecho a ser celosos de sus derechos o contraprestaciones.
Bien, si nadie tiene algo más que aportar a este Acto de Conciliación Previa, en ausencia de los posibles y avisados testigos del denominado "otro grupo", requiero de las partes actuantes, o de sus representantes legales, la declaración firme de si están dispuestos a acordar la resolución de esta demanda por satisfacción recibida. En caso contrario se procedería a dictar, por este Tribunal de lo Civil, Acto Resolutorio. Tiene la palabra la parte demandante.
Abogado Flora Lexaus: Señoría, en representación de mi cliente, encontramos satisfacción plena en el Acto de Conciliación aquí producido a través de las declaraciones de las personas implicadas que nos resultan atendibles. En consecuencia se retira la demanda, renunciando a cualquier acto o recurso jurídico vinculado a la misma.
Su Señoría: ¡Estupendo! ¿Ven qué fácil? ¿Qué dice la parte demandada?
Abogado Grupo Primero: Nos complacemos así mismo en la declaración de parte. Mis clientes quieren agradecer a Su Señoría su sabia participación. A la demandante quieren expresarle su reconocimiento, así como rogarle sepa disculpar los errores que hayan podido conducir a este Acto. Gracias Señoría.

V / En vista de todo lo cual ...,
Dispongo: Queda pues concluido y resuelto satisfactoriamente para ambas partes el
Acto Previo de Conciliación por demanda de Ofensa al Honor de F.L. contra
El Primer Grupo, sin perjuicio del Segundo Grupo, ausente en este acto,
pero que pudo haber sido el primero por día de la semana.

Considerando:
Que es dable concluir con la consideración de algo que el señor Tony E. dejó a medias
-y el señor investigador no supo llegar a descubrir- en su explicación de
por qué, los llamados por aquél, en tanto que argentino oriundo, genéricamente
como "gallegos", decidieron en su momento invertir el orden de colocación previsto
para las máquinas de café exprés industriales, aún a sabiendas de que
los machos ibéricos se dedicarían a ver el culo de las camareras yendo, y luego
sus tetas viniendo, lo cual no es del todo malo y ha dado pié a incontables romances,
barra interpuesta, bien de medio cuerpo, bien de cuerpo entero, y viceversa.
Lo cierto es que, recurriendo al citado eufemismo, los "gallegos",
quizás movidos por un resorte ancestral oculto, prefieran mostrar lo que hacen
en lo que sería el envés de las cafeteras, y no ocultarlo detrás de elegantes
y vanos frontispicios, no vayan a creer los parroquianos, los otros,
los del otro lado, que pretenden engañarlos.

Firmado: Su Señoría: Doña Tal y Cual / Mayo de 2004
Por la transcripción, Norberto Spagnuolo)