viernes, 29 de febrero de 2008

ÁNGEL-es-CIRCULANDO

por la exposición de Ángel Santiago Plata

CATARSIS - Santa María 15 -28014 Madrid
22 de Febrero a 12 de Marzo de 2008


Poco antes del cambio de milenio, y el mal anunciado crack informático, un grupo de doce artistas, entre ellos Ángel Santiago, compartiendo talleres de evolución plástica en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, propusimos a sus responsables una exposición colectiva con el sugerente tema de El Círculo. La propuesta se nominó 12 xl O. lo y, como argumento filosófico del contenido, se apuntaba:

“El Círculo representa el espacio mental del hombre en la tradición Brahamánico/Yóguica; la estructura orgánica mediante la cual puede el hombre conectarse con lo Astral, o Conciencia Cósmica Universal. El CÍRCULO simboliza por ello el elemento físico de posible mayor evolución dentro de dicha estructura.”

Quiero suponer que a Ángel Santiago esa historia le ha estado “dando vueltas por la cabeza” desde aquellos tiempos. Historia/argumento que se superpone ahora a esas otras que él ya tenía en su cuerpo desde mucho antes, las de su manifiesta teluridad, la simbólica parte cúbica inferior, apoyo y base de nuestro esquema geométrico corporal, y vital, en la misma tradición.
Debe ser por eso que el propio artista habla ahora de: “…tapiz, ritmo propio, entidad individual. Encontrar relaciones, juegos infantiles con cromos o figuritas -cada una con su valor- e intercambiarlas…. Un álbum lleno que se va perdiendo”. Y yo veo bases de papel y tela acrílica cuadrados sobre bastidores cuadrados, manchas, fondos, el círculo como leit motiv principal; el eterno retorno de su obra en propia obra. Círculos y espacios anexados/indexados, adheridos/divididos alrededor. Casi lo dice él mismo.

Y veo además el trazo, el signo, la huella, elementos y rastros de nuestra vulgar humanidad terrestre primigenia, telúrica, cúbica. Y el círculo aparece como paso de objeto sobre el soporte, en su mismo y real tamaño, verificando su discurso entre la tierra y el cielo. Y las telas tan naturalmente preparadas, ajadas, lavadas, preñadas de pliegues y cicatrices necesarias. Y los básicos colores y texturas de la tierra, la arena, las rocas: sepias, negros desvaídos, oscuros blancos, grises, impuestos y absorbidos por los años. Vislumbro entonces el espacio casi sideral que ese ordenado despliegue de recursos nos construye, el enorme vacío que nos rodea más allá de lo inmediato, y percibo la vertiginosa atracción de los astros, la cadencia temporal de nuestro tránsito eterno. Espacios recortados, propios pero intercambiables, diversos, infinitos.

Y poco después me altera y deslumbra esa panoplia desplegada como de quiosco de prensa, universo de periódicos y tebeos exageradamente ampliados contándonos historias cotidianas, letras que bailan, textos incomprensibles que resuenan en nuestros oídos como mantras en ampliados detalles. Hay momentos en que, en/con estas pequeñas obras de 40x40 cm, recuerdo a esos fundamentales artistas que todos conocemos, enamorados del rasgo y la descripción temporal pero simbólica, narradores del movimiento/suceso, del íntimo e infantil arcano.

Frente a este discurso multiplicado y vertiginoso, la poderosa espacialidad absorbente de una tela de 3x3 metros colgada entre techo y suelo, circularmente dominada sobre su espectro de vacío estelar, es casi la metáfora mántrica del eterno retorno a lo mismo-distinto. Olla de volcán que amenaza con tragarnos de una vez y para siempre, o apariencia de cuerpo celeste perdido en el espacio. El mundo nos da vueltas, hasta que no sé si una Agencia Espacial, o el propio Ángel nos devuelve a él, y percibimos la arrugada faz de la tierra salpicada, sustrato evolutivo del trazo cada vez más suyo, decidido y equipolente.

Desde que conozco a Ángel Santiago haciendo el laboral trayecto Móstoles-Madrid, y vuelta, lo he visto trabajar sobre estos temas. Poco a poco ha ido incorporando un discurso-hacer más complejo e integrado sobre una inicial labor de aprendizaje en lo más sencillo. Apenas tinturas y débiles rasgos sobre toda clase sobrante de papel o tela, como si fuera creando el sustrato esencial de su campo evolutivo como pintor, donde debe reflejarse la vida y la historia. En aquella propuesta al Círculo sobre el círculo, confiábamos en cosas como ésta:

“Cuando te piden que –circules- no es que quieran que camines con cara de plato. Y además, toda gota caída aterriza en forma de círculo expandido por la tensión homogénea de sus átomos aplastados sobre una superficie. Gota a gota, de lluvia, de sudor, de leche, de pintura, de semen…Todos microcosmos estelares puestos a navegar después del Big-Bang.
La Circun-cisión, es un tajo circular que hiende el prepucio, lo rebana para descubrir/encontrar al capullo-cabeza-glande, redondo, resbaladizo y oculto. Hay prácticas energéticas de desfloración del macho encapullado, rito ancestral en manos de mujeres hábiles, o ávidas (Mi nombre es Joe). Las mujeres están plagadas y habitadas por círculos, circularidades y circunloquios. Los hombres son circularmente repetitivos sobre lo fálico. Ambos deberían recircularse para renacer.”

Y agrego: ahora es el momento, la Era de Acquario. Creo que Ángel está en eso, como muy bien ha dicho uno de sus críticos más acertados, D. José Marin-Medina (EL CULTURAL/El Mundo):

“…La pintura de A.S.P. se produce desde criterios muy próximos a la Nueva Abstracción que practica desde comienzos de los noventa ese grupo consistente –aunque no muy numeroso ni dogmático- de jóvenes artistas que últimamente llamamos Líricos del Fin de Siglo (…) Ángel comparte con ellos su personalidad fuertemente intuitiva, capaz de combinar libertad y disciplina, comunión con la Naturaleza, y espíritu de sistema…. “

¡Pues claro!

Norberto Spagnuolo / 2008
arte_qdarte / Colectivo darwiniano creacionista.

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